11 de enero de 2026

Fallas técnicas y negligencia operativa

Por Rebeca Solano

El descarrilamiento de un tren de pasajeros ocurrido en Nizanda, Oaxaca, dentro del Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec, no fue producto de la mala suerte ni de un sabotaje, sino de fallas técnicas previsibles asociadas a la infraestructura ferroviaria y a decisiones administrativas apresuradas, de acuerdo con un análisis basado en principios de ingeniería ferroviaria y física básica.

Especialistas advierten que la gravedad no tiene afiliación política y la fuerza centrífuga no responde a discursos oficiales. Un convoy de miles de toneladas, con alrededor de 200 pasajeros, operaba sobre una vía que, según la evidencia visual del siniestro, mostraba signos claros de fatiga estructural antes de que se produjera el descarrilamiento.

Aunque el reporte preliminar señala al menos 20 personas lesionadas, las autoridades han minimizado el hecho al calificar las heridas como “contusiones leves”. Sin embargo, expertos en auditoría forense ferroviaria subrayan que cuando un vagón pierde la verticalidad, la diferencia entre un incidente menor y una tragedia mortal no es mérito del sistema, sino una cuestión estadística.

Tres fallas técnicas críticas

De acuerdo con el análisis técnico, un tren no se descarrila en rectas o curvas suaves sin causa, y para que un convoy de pasajeros salga de la vía en una zona como Nizanda generalmente confluyen al menos tres fallas, todas asociadas a negligencia:

Geometría de la vía: En varios tramos del proyecto se utilizaron durmientes rehabilitados y no nuevos, lo que puede provocar que no se mantenga el ancho exacto del escantillón, ocasionando que las ruedas pierdan contacto adecuado con el riel.
Cama de balasto deficiente: Si la grava no está compactada con precisión, especialmente cuando existe prisa por inaugurar, el suelo se vuelve inestable bajo vibración, afectando la capacidad de carga dinámica.
Sujeción de la vía: Un perno flojo es un error humano; decenas o cientos de pernos flojos son una política de mantenimiento fallida, con responsabilidad institucional.

El problema no es el maquinista

El análisis de las imágenes del siniestro muestra que no hubo impacto a alta velocidad. Los vagones simplemente cedieron y se asentaron sobre la tierra, lo que sugiere que la plataforma ferroviaria no estaba preparada para soportar la carga dinámica real, sino únicamente la carga teórica de diseño.

La responsabilidad, subrayan especialistas, no recae en el operador del tren, sino en quien firmó el certificado de seguridad operativa de un tramo que no habría superado pruebas de estrés completas.
Infraestructura inaugurada antes de estar terminada

El caso de Nizanda refleja un patrón recurrente en proyectos prioritarios: se inauguran conforme al calendario político, pero se terminan de construir con los pasajeros ya a bordo. La llamada “joya logística” del Corredor Interoceánico, diseñada para unir dos océanos, no logró mantener seguros dos tramos de vía sin expulsar el material rodante.

Analistas advierten que culpar al clima, al pasado o a una pieza aislada ignora el problema central: un sistema que prioriza la foto y el discurso sobre la ingeniería y la seguridad.

Mientras la fecha de inauguración pese más que la densidad del suelo, concluyen, la física seguirá cobrando facturas que ningún comunicado oficial puede ocultar.