15 de enero de 2026

Hijos del poder

Por Rebeca Solano

Mientras millones de personas enfrentan carencias económicas, falta de oportunidades y precariedad, existe una élite que nunca ha conocido la escasez. No se trata de grandes empresarios ni de herederos industriales, sino de los hijos de los dictadores y líderes de regímenes autodenominados “revolucionarios”.

Bajo discursos de austeridad, sacrificio y justicia social, estos gobiernos han construido narrativas contra el privilegio, mientras en los hechos sus círculos familiares crecen rodeados de comodidades, influencias y protección del poder.

Casos documentados a nivel internacional muestran cómo los descendientes de líderes autoritarios han accedido a lujos, viajes, propiedades y estilos de vida completamente ajenos a la realidad de sus pueblos, pese a que los regímenes que encabezan sus padres se sostienen en la retórica de la igualdad.

En México, sin que el país sea formalmente una dictadura, el fenómeno también genera cuestionamientos. Los hijos del expresidente Andrés Manuel López Obrador y de la presidenta Claudia Sheinbaum han desarrollado trayectorias y estilos de vida que contrastan con el discurso de pobreza republicana y con la situación de millones de mexicanos.

Aunque no ocupan cargos públicos formales, su cercanía con el poder, acceso a recursos, proyección mediática y redes de influencia han despertado críticas sobre el uso simbólico del poder y los privilegios heredados, incluso en gobiernos que se presentan como antielitistas.

El debate no gira únicamente en torno a la legalidad, sino a la coherencia ética y política:

¿Puede un proyecto que promete combatir los privilegios normalizar el bienestar exclusivo de sus herederos políticos?

La discusión permanece abierta, mientras la brecha entre el discurso oficial y la realidad cotidiana sigue ampliándose.