Miércoles, 8 de abril de 2020

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Veracruz: el Cártel Jalisco se comió al gobernador

Martes, 25 Febrero 2020
Veracruz: el Cártel Jalisco se comió al gobernador Mussio Cárdenas Arellano

A ritmo de bala, Córdoba y Huatusco, Veracruz entero se cimbra ante el andar de los sicarios, el tableteo de las AK-47, el ataque a los cuarteles, la toma de plazas y calles, viendo caer a policías, masacrados porque el Cártel Jalisco Nueva Generación ya midió al gobernador.

A la base de la Fuerza Civil en Huatusco, municipio enclavado en la ruta Córdoba-Xalapa, le dejan impactos en su fachada, ráfagas con mensaje a muerte, el miedo que permea los cuerpos, la huella de la violencia que va y viene, que no se quiere ir.

Córdoba vive horas de pánico. Se muestra el CJNG con toda su fuerza letal. Ataca una torre policía aledaña a la plaza Shangri-La y deja ahí dos elementos muertos. Suscita una oleada de pánico, los que huyen, los que se refugian en Sams, los que se esconden en Walmart, los que se resguardan entre los autos, suplicando que el infierno de las balas concluya ya.

Otros dos policías fueron atacados y muertos cuando su patrulla circulaba sobre el camino que va de Los Cerezos al poblado La Luz Palotal.

Y agazapado, rebasado, el pánico en la piel, Cuitláhuac García no reacciona porque no sabe qué hacer. Ni su policía estatal tiene capacidad de respuesta. Ni la Guardia Nacional los puede contener.

Jornada violenta, una vez más, la del sábado 22. Responde el Cártel Jalisco a la aprehensión de Michael “N”, alias “El Ingeniero”, líder en las plazas de Coatzacoalcos, Minatitlán, Cosoleacaque, Jaltipan, Chinameca y Oteapan; junto con él, Rony de Jesús “N”, Jorge Luis “N”, Sarahí ‘N’ y una menor de edad. Se les sorprendió con 166 dosis de droga sintética denominada cristal.

Apañados el viernes 21, en Coatzacoalcos, la reacción fue una oleada de ataques a puestos de vigilancia y cuarteles de la Fuerza Civil en la zona Córdoba-Fortín-Huatusco, enclavada en la zona centro de Veracruz, camino a Puebla.

Jornada crítica a solo 11 días del zafarrancho en Ciudad Isla, donde la Fuerza Civil enfrentó una protesta y quema de patrulla con fuego a discreción, 12 detenidos, periodistas agredidos, el caos y la incertidumbre.

Sirve la violencia como catalizador de un gobernador, Cuitláhuac García, extraviado, sin brújula, perdido en el discurso pejista, las culpas al pasado, el pretexto como divisa, la obsesión por fiscal yunista depuesto, Jorge Winckler, el estancamiento de Veracruz y la inseguridad a todo lo que da.

Deja la jornada del sábado 22 una lección clara: ni la Secretaría de Seguridad, ni las policías municipales, ni la Guardia Nacional, ni Cuitláhuac García tuvieron capacidad de reacción.

Hechos trizas, solo les quedó recoger sus muertos, levantar las balas, iniciar el rito forense, velar los cuerpos, rendirle honores y volver al discurso de la justicia, los culpables ante la ley.

Es, pues, un gobierno reactivo y lento.

Vapuleado como anda, el sonsonete de vendedor de helados, Cuitláhuac García es vergüenza nacional. Su respuesta es más de lo mismo: el ofrecimiento de que no vuelve a pasar, castigo a los responsables, nosotros no pactamos con la delincuencia.

Y Veracruz en las mismas.

De la prevención del delito, nada.

De la inteligencia que permita desmantelar bandas delincuenciales, nada.

De los operativos de contención y repliegue, nada.

Su estrategia de seguridad es espejismo, fincada en proyectos de saliva, verborrea que marea, promesas de paz, rencores hacia el pasado.

Pero de efectividad, nada.

Lo que se vio en las escenas de Córdoba fue el pasmo y el terror, una policía arrollada por los sicarios del CJNG, sometida al escarnio y a la condena popular. Si esos son quienes cuidan a Veracruz, los veracruzanos están perdidos.

Frente al embate del Cártel Jalisco, las fuerzas de seguridad son nada.

Veracruz, en 15 meses, ha transitado por la masacre de Minatitlán, la barbarie del Caballo Blanco, ejecuciones sumarias, taxistas acribillados en Xalapa, policías implicados en desaparición forzada, atentados molotov, una empresaria levantada y decapitada, la revuelta de Ciudad Isla y hoy la embestida que cimbró a Córdoba, Huatusco, Fortín.

Y a la par, el cuento cómplice, el discurso maniqueo, la sorna, la burla, la trivialidad, la descalificación, la ira, el exabrupto del gobernador.

Los argumentos del gobernador son de risa: los criminales “andan un poco molestos” y no se va a permitir que “cualquier grupo que atenten contra la tranquilidad, contra la vida, contra el derecho a vivir libremente de las personas, tendrán que… atender… lo que la ley está… dando… en su contra”.

¿No se va a permitir? Los cárteles lo arrodillan, lo someten, lo rebasan, le incendian Veracruz.

Inútil como es, Cuitláhuac no está solo. Lo secundan el secretario de Seguridad Pública, Hugo Gutiérrez Maldonado; el titular de Gobierno, Eric Cisneros; la fiscal espuria, Verónica Hernández Giadáns, y diputados de Morena que tras la violencia en Córdoba presumen un estado de derecho que sólo existe en su imaginación.

Payasos sin gracia, dos legisladores de ínfimo nivel ven en la paliza asestada a Cuitláhuac y al shérif Hugo Gutiérrez un espacio de oportunidad a la justicia. Ellos —Juan Javier Gómez Cazarín y Rubén Ríos Uribe— repiten y repiten que la paz no se va a alterar.

Ríos Uribe, quien preside la Mesa Directiva del Congreso de Veracruz, va más allá. Su indignación se enfoca a un punto crucial: ¿por qué la torre policíaca atacada por los sicarios no estaba blindada?

Su alegato es demencial. Veracruz debe saber quién adquirió ese equipo táctico, si debió contar con espacio para francotiradores, si hay rasgos de corrupción.

“En Veracruz no vamos a permitir que se pierda ninguna vida por cuestiones de corrupción”. ¿En serio? Ante el reiterado despliegue del Cártel Jalisco, la violencia en Isla, en Minatitlán, en Coatzacoalcos, en Córdoba, en Huatusco, la prioridad es saber por qué la torre policíaca no estaba blindada.

Los dislates del morenista son proporcionales a su masa cerebral. El meollo no se halla en la torre policíaca sino en la fragilidad del aparato de seguridad, la falta de estrategia, la ignorancia del secretario de Seguridad, ignorantes sus peones en la SSP.

“Vamos a alzar la voz. Los cordobeses estamos indignados”, apunta Ríos Uribe.

Nada dicen Gómez Cazarín y Ríos Uribe del incremento en la actividad delictiva. No identifican cómo los delincuentes comunes asumen el rol de delincuencia organizada. Plazas no controladas por los cárteles se han vuelto espacio para la extorsión y el cobro de piso, la quema de inmuebles vía el atentado molotov por parte de raterillos y ladrones de autos.

Nada refieren del binomio policía-delincuente, la filtración de información, los agentes policíacos implicados en desaparición forzada.

A partir de ahí, el diagnóstico no existe. Su lectura es verbo. Su rollo es matizar el nivel de violencia que devora a Veracruz.

Morena persiste en vender la realidad irreal como éxito político. En la capitulación de Culiacán, el del día de la aprehensión y liberación de Ovidio Guzmán, el hijo del Chapo, el catedrático propagandista de la 4T, John Ackerman, vio una victoria inexistente. El punto crucial fue que en un operativo fallido y el amago de derramar sangre inocente, al junior del líder narco se le dejó ir. Pero Ackerman lo interpreta como el triunfo del gobierno de Andrés Manuel.

Quince meses van. La violencia sobrepasa a Cuitláhuac García. No hay contención ni estrategia para confinar a los cárteles. Contrario a eso, el CJNG ataca bases de la Fuerza Civil, puestos de vigilancia, bloquea carreteras, incendia tráileres, reta al estado.

Inepto por naturaleza, Cuitláhuac sobra en el contexto político. Debiera irse, dejar que los políticos asuman el control del gobierno, que regrese el orden, que se vayan los que interpretan mal su rol en el poder.

Córdoba fue una lección amarga, violenta, reveladora de la fragilidad de Morena, de la limitaciones de Cuitláhuac García, de la indefensión de la sociedad pues en los hechos no hay autoridad.

Córdoba, Fortín, Huatusco, el día en el que Cártel Jalisco se comió al gobernador.

Archivo muerto

Vulgar embustero, Agustín Jiménez no le habla con la verdad a los ediles de Coatzacoalcos. Del caso Pluvial del Golfo, la compañía que venció al ayuntamiento en juicio, dice el director jurídico que la empresa se negó en tres ocasiones a suscribir un convenio para pago en parcialidades que amortizaran el adeudo por la construcción de la última etapa del malecón costero.

Según acta de cabildo, fechada el 2 de septiembre de 2019, Agustín Jiménez arguyó que Pluvial del Golfo “sigue en la misma postura de querer todo su dinero, lo que no es posible porque no lo hay. Entonces, al igual el convenio no se puede llevar a cabo cuando el acto (la constructora) se niega a firmarlo”.

Falso. Pluvial del Golfo ha acudido en siete ocasiones al ayuntamiento de Coatzacoalcos y ha convenido el pago en parcialidades, unas con el área jurídica, otras con la síndica Yazmín Martinez Irigoyen.

Un convenio, validado ante el Tribunal de Justicia Administrativa de Veracruz, fue incumplido por el ayuntamiento en 2019, lo que llevó al alcalde Víctor Manuel Carranza y al cabildo a incurrir en desacato. El 7 de enero de 2020, cuatro abogados de la Dirección Jurídica Municipal ofrecieron suscribir el convenio y pagar en tres parcialidades; dos días después se plantearía al cabildo y una vez validado, al día siguiente se suscribiría un nuevo convenio. Nada ha ocurrido. Han sido tácticas dilatorias.

El desacato continúa. Agustín Jiménez, el embustero mayor, engaña a los ediles incluso con el tema de las multas impuestas a los regidores, la sindica y el alcalde. Les dice que no las tendrán que pagar. Falso. Interpuso dos amparos, uno de ellos contra destitución del tesorero municipal, Mario Pintos Guillén, y los perdió.

Otros dos maniobreros deplorables son el regidor priista Oliver Damas de los Santos y el morenista Benito Soriano, cada uno con su propio historial, uno hasta con orden de aprehensión y una fastuosa residencia —el castillo de la pasión—, inaugurada justo cuando era el cancerbero del ex alcalde Joaquín Caballero Rosiñol, el de los 142 millones de daño patrimonial, y el otro con una proverbial cadena de borrachazos, excesos, autos destruidos, vida disipada, herederos por aquí y por allá, financiados siempre por el erario.

Ambos en la línea del alcalde Víctor Carranza, secundando las patrañas del director Jurídico, Agustín Jiménez, que llevó a los ediles de Coatzacoalcos a incurrir en desacato —sus amparos fueron sobreseídos— al Tribunal de Justicia Administrativa. El próximo llamado del Tejav será con el uso de la fuerza pública… A nombre de Cotemar se extrae petróleo en mar y en tierra.

De sus pozos en el sur de Veracruz brota agua y crudo, más agua que crudo, que se valúa en millones y más millones. Y una fracción del hidrocarburo contamina ríos y arroyos. Y otra fracción no pasa por la contabilidad oficial. Semarnat nada dice, así vea el derrame. El gobierno de Veracruz, igual. Al alto círculo de Pemex nada le llega de este robo a la nación. Menos al Dios Peje, trabado en su guerra contra los fifí. Un personaje, sudamericano de origen, es la clave de un embrollo fenomenal. Es el que entrega los moches y compra el silencio y la complicidad. Un audaz…

A Liliana Velilla se le pilló, como dicen los cánones, con las manos en la masa. Llegó la ex regidora choapense a bordo de una camioneta a una bodega en Coatzacoalcos y tras adquirir algunos enseres de casa, se quiso ir. Ahí le cayó la Ministerial.

 Lo adquirido era producto robado, sin factura, ofertado a bajísmo precio. Velilla, cuya historia política arranca en la colonia Polanco, en Las Choapas, el municipio más al sur de Veracruz, cuya nacionalidad se ha cuestionado en redes, con raíces en Medellín, Colombia, que quiso ser diputada local y fracasó —sabrá con qué documentación ostenta ser mexicana y acceder a cargos públicos—, tuvo que explicar por qué andaba de shopping en una bodega de chueco, sin reparar en el origen de lo que tenía a la venta una banda de rufianes de apellidos Hidalgo Carrión. Hay testigos del hecho. Hay versión de abogados. Hay enseres de hogar pero sin factura. Hay denuncia de robo. Hay políticos que acudieron en su ayuda.

Falta que la Fiscalía morenista haga valer aquello de que se le sorprendió en flagrancia y Liliana Velilla Muñoz sepa cuál ha de ser su suerte o si ya la libró y por qué… ¿Cuánto pagó el pueblo por la inmunidad de un ex alcalde del sur, por ser intocado por los cárteles? ¿De qué partida presupuestal salió? ¿O con qué erogaciones se disfrazó lo entregado a los malosos? ¿Y cuántos de los recomendados por el Comandante H, jefe zeta de esos tiempos, fueron a parar a la nómina municipal? ¿En qué municipio ocurrió? Alfonso Durazo, chéquele por ahí. Los malosos y el alcalde eran cuates…

 

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Mussio Cárdenas Arellano

Atrapado en el mundo de las letras y la denuncia social, Mussio Cárdenas Arellano cuenta ya con un extenso kilometraje recorrido en el periodismo. Lejano parece ya aquel 1978 cuando en Coatzacoalcos, su tierra natal, escribió sus primeras notas. Transitó por la entrevista, el reportaje, la crónica, el artículo y la columna política. Fue corresponsal de la revista Proceso, Imevisión, IMER, Contralínea; fundador de las revistas Contacto e Informe Rojo; analista político en radio y televisión, y ganador del Premio México por columna política, en 2009, otorgado por la Federación de Asociaciones de Periodistas de México (FAPERMEX). Su contacto con el periodismo viene de familia. Su padre, Mussio Cárdenas Cruz, y sus tíos Emilio, Francisco y Paulino, constituyen una dinastía de periodistas veracruzanos de reconocido prestigio. Actualmente escribe la columna Informe Rojo, que se publica en portales en internet y medios escritos con amplia aceptación entre la opinión pública.

mussioc2@gmail.com