Domingo, 16 de enero de 2022

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Mussio Cárdenas Arellano

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"Servir o servirse"
Columna Invitada

Mussio Cárdenas Arellano

Mussio Cárdenas Arellano

Atrapado en el mundo de las letras y la denuncia social, Mussio Cárdenas Arellano cuenta ya con un extenso kilometraje recorrido en el periodismo. Lejano parece ya aquel 1978 cuando en Coatzacoalcos, su tierra natal, escribió sus primeras notas. Transitó por la entrevista, el reportaje, la crónica, el artículo y la columna política. Fue corresponsal de la revista Proceso, Imevisión, IMER, Contralínea; fundador de las revistas Contacto e Informe Rojo; analista político en radio y televisión, y ganador del Premio México por columna política, en 2009, otorgado por la Federación de Asociaciones de Periodistas de México (FAPERMEX). Su contacto con el periodismo viene de familia. Su padre, Mussio Cárdenas Cruz, y sus tíos Emilio, Francisco y Paulino, constituyen una dinastía de periodistas veracruzanos de reconocido prestigio. Actualmente escribe la columna Informe Rojo, que se publica en portales en internet y medios escritos con amplia aceptación entre la opinión pública.

mussioc2@gmail.com

 

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Julen, Indira y Vox: la manzana envenenada

Viernes, 10 Septiembre 2021 15:06

* PAN, arrastrado al escándalo por la Carta de Madrid  * Y Julen Rementería también  * Adiós a la gubernatura de Veracruz  * Indira, en el club de los fachos  * Miguel Ángel Luna a San Lázaro  * Historial infame del nuevo vocero  * Azucena Rodríguez, otra presa política  * Atentado en 35 segundos  * El policía tabasqueño y el general

 

Los fachos están desnudos. Y se lo deben a Julen. Colgados de Vox, el partido de ultraderecha español, exhiben a una facción del PAN que alucina con el comunismo, sueña con el criollismo y se deja seducir por radicales, racistas, xenófobos, misóginos, homofóbicos y enemigos de la migración, así sea en el nombre de Dios.

Por ignorantes o incautos, senadoras y senadores del Partido Acción Nacional suscriben la Carta de Madrid, un texto insulso que menea de continente a continente el líder de Vox, Santiago Abascal, una delirante proclama “en contra del avance del comunismo en la Iberosfera”.

Su contenido es retórica barata y huele a cuento viejo, plagado de rollo, de proclamas en defensa de la libertad, la democracia y la propiedad privada.

Agudo, entonces, el coordinador del PAN en el Senado, Julen Rementería, lo resumió: es un mensaje al presidente Andrés Manuel López Obrador “y sus radicales”, sentenciando que “México nunca va a ser comunista”.

Hasta ahí había jolgorio. Vox y el PAN salvando a México. Vox y el PAN enfrentando el radicalismo de López Obrador con el radicalismo de los ultras de la derecha española y sus ultras mexicanos. Ni el Yunke, ni MURO, ni Fuerza Joven, incurrieron en una torpeza así.

Al interior del Senado, en el feudo del veracruzano Julen Rementería, seguía la fiesta. Y su aliado Abascal vendiendo espejitos en la tierra de conquista.

Julen, Lilly Téllez —de furibunda morenista pasó a panista radical—, Indira Rosales San Román —que vive a la sombra de los Yunes—, Víctor Fuentes, Marco Antonio Gama, Minerva Hernández, entre otros, se mimetizaron con lo más radical y deplorable del pensamiento político español.

Y de pronto el cielo se encapotó, se llenó de nubes, nubarrones oscuros. Hubo relámpagos y los rayos cimbraron al panismo trasnochado que aún cree en la bondad de Cortés, en la santidad de la Inquisición y en que Lenin, Stalin y Marx aún viven y hay que cazarlos.

Horas después, Julen y los fachos eran quemados en leña verde. Y el PAN, destrozado.

Porque aunque fueran 15 legisladores, la carga política se la llevó el PAN. Así vinieran los deslindes, así miles de panistas deploraran el vínculo con Santiago Abascal, la factura la paga el PAN.

La Carta de Madrid no es lo relevante. Lo corrosivo radica en el aliado, con el que se suscribió el pacto, la ultraderecha española, el líder de Vox, Abascal.

Lo de menos es la Carta de Madrid y su repudio al comunismo, que sólo ellos ven. Lo ácido son sus tesis. Es el discurso y la acción, la discriminación a otros pueblos, la xenofobia, la homofobia, el racismo brutal, el atribuir los delitos sexuales en España a la migración, militarizar el combate a migrantes, rechazar el islamismo y hasta legislar para derogar leyes que benefician a la mujer.

Pero Julen resistía y se justificaba. Aún sintiendo el vendaval, azotado por la crítica, Julen Rementería tardó en ceder. Amachado, usó la falacia para justificar el cónclave con Abascal. No fue a nombre del PAN. No fue un acuerdo entre el PAN y Vox. No lo hizo en calidad de coordinador del grupo parlamentario panista. Todos, los 15 legisladores, firmaron a título personal. Nadie le creyó.

Los incendios no se apagan con gasolina. Julen mentía sin engañar. Usó la sede del Senado, las oficinas del PAN. Divulgó las imágenes del encuentro con Abascal. Se mostró feliz. Resaltó el contenido de la Carta de Madrid. Se ligó, le guste o no, a Vox. Y el incendio lo devoró.

Andrés Manuel los llamó fascistas. Las hordas obradoristas los tildaron de “fachos”.

De Vox, el presidente expresó: “Esto que está retoñando es lo peor. Son los más autoritarios, clasistas, racistas, corruptos, toda una inmundicia, pero está tomando mucha fuerza. Es como un retoño del franquismo”.

Y del panismo dijo:

“Simulaban los del PAN que eran demócratas, pero no, son ultraconservadores y casi fascista”.

Y Julen, le guste o no, le dio la razón.

Unos minutos bastaron para destrozar al PAN. O para destrozarse desde su interior. Calderón, que ya no es militante, Creel, gobernadores, diputados, alcaldes, todos fustigando la firma de la Carta de Madrid, el arrumaco de Julen Rementería con Vox y Abascal.

El extravío es fenomenal. La dirigencia del PAN, que debió ser contundente, si acaso reprueba el acuerdo. Otros senadores —Kenia López Rabadán— lo atribuyen a un error pero Julen, dice, debe permanecer en la coordinación del grupo parlamentario. El pastor sin brújula ahí seguirá.

Y Marko Cortés, que busca la reelección como líder nacional, se evade, calla, elude. Es decir, con el pacto Julen-Abascal se exploró la ruta de la radicalización del PAN. Pero el experimento falló.

Y es entonces cuando Rementería atribuye la metida de pata a un error. ¿Error? A sus años, con su experiencia política —alcalde de Veracruz, dos veces diputado local, ex secretario de Infraestructura en el gobierno yunista, hoy senador—, no reparó en que tragar lumbre duele.

La cátedra de Julen Rementería es equiparable a la imagen del burro rejego, que da un paso adelante y otro para atrás. Julen invita. Julen es el anfitrión. Julen se goza en la firma de la Carta de Madrid. Julen rubrica el encuentro con Abascal con una fotografía que pasará a la historia. Y cuando se desata el ciclón, se echa para atrás.

La agenda de Vox es de antaño pero hay algo innegable. Electoralmente, Vox gana adeptos en España. Fundado en 2013 es desde 2019 tercera fuerza política. Lo radical, quiérase o no, tiene público.

Indira Rosales San Román tampoco tiene perdón. Comparsa, una y otra vez, de las más azotadas ocurrencias del PAN, la senadora veracruzana fue, posó la foto y firmó. Y entró a la historia.

Trepó al cadalso sin advertir el impacto del encuentro con el líder de los ultras de derecha en España que convirtió al PAN en el hazmerreír nacional. Lo suyo no es discernir.

Indira Rosales no tiene luz propia. Nace, crece y se proyecta en el yunismo azul. Transita del ayuntamiento de Boca del Río al gobierno de Veracruz, potenciada por Miguel Ángel Yunes Linares y su hijo Miguel Ángel Yunes Márquez. Y de ahí al Senado con más estridencia que resultados.

Más estridente, sin embargo, es el escándalo en redes. Que si el padrinazgo de los Yunes. Que si los nulos resultados como senadora. Que si es usada para amarrar la dirigencia del PAN estatal, como secretaria general, apuntalando a Tito Delfín para presidente, un enemigo a modo.

Liquidado por el escándalo, Julen Rementería ya no tiene con qué aspirar a ser gobernador de Veracruz en 2024. Los fachos están desnudos y no deben accesar al poder.

Julen, Indira, el PAN comieron una manzana envenenada, la de Vox.

Y el veneno —por Dios— tarda en matar.

Archivo muerto 

Carga un fardo pesado Miguel Ángel Luna en San Lázaro. Es el del escándalo por los dineros, los convenios publicitarios y los enjuagues en Olmeca TV. Asume la Coordinación de Comunicación Social de la Cámara de Diputados de la mano de Gutierritos, alias el diputado Sergio Gutiérrez Luna, presidente de la Mesa Directiva, cuya historia política —ja— se liga a un impresentable panista, Guillermo Padrés, convicto tras el saqueo al gobierno de Sonora, y la cobramoches de Texcoco, Delfina Gómez, hoy secretaria de Educación —jaja—, ungida con el Santo Crisma de Andrés Manuel, que no le extingue los pecados pero pero le garantiza impunidad. Gutierritos tenía que llevarse con él a Miguel Ángel Luna Modesto por los servicios prestados a Morena en campaña. Llevó el manejo de imagen de candidatos morenistas y hasta de otros partidos, siempre y cuando sirvieran para enfrentar a la alianza PRI-PAN-PRD en Veracruz.

Uno de ellos, Roberto Montiel Montiel, hermano de Marcelo, impuesto a la coalición Morena-PT-Verde, en Puente Nacional.  Metió la mano, también, en Coatzacoalcos. Uno de sus allegados, Pablo Estrada, elaboró el trabajo visual del entonces candidato de Morena a la alcaldía, Amado Cruz Malpica, pero en Tuxtepec fue estridente hasta que la fauna de prensa se hartó.

Cuatro historias de tono escandaloso: Gutierritos, ligado a los políticos de pasado carcelario y de impunidad; Luna Modesto, exhibido por Olmeca TV con el trafique de convenios publicitarios; Marcelo Montiel, mentor de Miguel Ángel Luna, arrastrando la deuda de Coatzacoalcos, el expediente negro que le elaboró su sucesor en la alcaldía, Iván Hillman Chapoy, la maniobra para que Pancho Colorado, el lavador de dinero de Los Zetas y amigo de Fidel Herrera, regresara un predio de la reserva territorial de Coatzacoalcos (estando en prisión en Estados Unidos cómo pudo firmar la devolución) y las denuncias aún vigentes en la Fiscalía General de la República por el robo, simulación, desfalco de recursos de la Sedesol federal en Veracruz, llevando a Víctor Rodríguez Gallegos como su operador financiero, y Pablo Estrada Tenorio, aquel que lo mismo insulta a una ciudadana —“Vas y chingas a tu madre”, siendo asesor del alcalde de Tuxtepec—, que protagoniza y libra un escándalo por espionaje a periodistas, guerra de lodo, hostigamiento cibernético y atentado a la libertad de expresión. Y Miguel Ángel Luna como vértice del cuarteto infernal. Hoy es el nuevo vocero de la Cámara de Diputados por obra y gracia de Gutierritos, el que gusta de vestir con tonalidades tan chillantes que cualquier payasín se ve sobrio y recatado…

Azucena alzaba la voz en el Congreso, en las calles, en los medios, en las redes, y hoy está en prisión. Siendo diputada federal, Azucena Rodríguez Zamora tomó la bandera del asedio a alcaldes perredistas, de los presos políticos, del encarcelamiento de Rogelio Franco Castán, dirigente del Partido de la Revolución Democrática en Veracruz, ex secretario de Gobierno en el yunismo azul, al que el régimen de Morena retiene en prisión violando amparos, desacatando a jueces federales, inventando delitos y más delitos, al que no suelta para que no sea diputado federal plurinominal. También encabezó marchas reclamando la libertad de Gregorio Gómez, quien fuera candidato a la presidencia municipal de Tihuatlán por la alianza PRI-PAN-PRD. En medios de comunicación y redes señalan una relación sentimental entre Azucena y Goyo Gómez. Horas después que Azucena Rodríguez dejó su encargo como diputada federal perredista, fue aprehendida. Se le imputa un homicidio, el de su ex esposo, Nicanor Martínez Olguín, ex candidato a alcalde suplente por Morena en Tihuatlán y uno más en grado de tentativa. Sigue creciendo la lista de presos políticos del gobernador Cuitláhuac García, con la venia de López Obrador…

Atentado en 35 segundos. Tres individuos, a pie, se sitúan en el camellón, frente al edificio de paredes oscuras, amplias ventanas, de tres plantas y portón de aluminio, el feudo de Olguín. Desenfundan las armas. Lanzan disparos, dejando verse los fogonazos en la oscuridad cuando el reloj marca las 23:06 horas de aquella noche del día 5, primer domingo de septiembre. Uno de los sicarios dispara una sola vez; el otro vacía las seis balas de su arma. Sólo cinco segundos de ráfaga —de las 23:06:32 a las 23:06:37— contra la fachada del inmueble. Luego uno de los sujetos le entrega un objeto, presuntamente una bomba de fabricación casera —o una granada—, a su compañero.

Éste cruza la calle, se dirige al edificio y ahí la deja tras activarla, mientras los otros se alejan. Pega la carrera y se une a sus secuaces, corriendo todos, saltando el camellón y tomando la acera norte de la avenida Cuauhtémoc hasta llegar a la esquina y perderse sobre la avenida Independencia. Eran las 23:06 con 52 y el artefacto no estalló. Les llevó 35 segundos perpetrar el ataque. El objetivo fue el edificio del contador Marco Olguín. ¿Por qué? Al amanecer el área fue cercada. Varias patrullas y elementos policíacos de a pie resguardaban el sitio del atentado. Y luego el show. Se tardaron nueve horas en desactivar la bomba que nunca cumplió su misión…

¿Quién impone a Laved Israel Venegas Durán en la Academia Regional de Seguridad Pública del Sureste? ¿Acaso la orden viene del general Audomaro Martínez Zapata, titular del Centro Nacional de Inteligencia, antes Centro de Inteligencia y Seguridad Nacional (Cisen), el militar, ya en retiro, más cercano a Andrés Manuel López Obrador? Oriundo de Tabasco, Venegas Durán debió pasar por el aval del Congreso de Veracruz para ocupar ese cargo con una dispensa por no ser veracruzano. Se hicieron de la vista gorda por las críticas a su rol como guarura de políticos en campaña, en Tabasco. Su función es la formación policíaca, pero su misión real es vigilar a la Secretaría de Seguridad Pública estatal, cómo opera, cómo se comporta la tropa de Hugo Gutiérrez Maldonado, alias Hugo Pistolas. Por algo Laved Israel Venegas Durán está ahí…

 

 

Segada su vida, acribillado a mansalva, con Jacinto Romero se activan las alarmas que presagian un escenario violento, de sangre, para la prensa, como si Javier Duarte anduviera libre, como si habitara en palacio, como si hubiera encarnado en Cuitláhuac, el morenista, el que desgobierna Veracruz.

Jacinto sintió el cerrón. Del otro auto que le bloqueó el paso descendieron los sicarios. Y en instante el ataque. Sobrevino la descarga perforando el parabrisas, las balas impactando su cuerpo, la muerte que es oscuridad infinita.

Aquella mañana del 19 de agosto, Ixtaczoquitlán, municipio conurbado a Orizaba, se cimbró, más que con las fosas clandestinas, las casas de seguridad donde confinan a los secuestrados. Se cimbró su círculo más íntimo, su familia y sus amigos. Y el gremio de prensa. Y Veracruz entero. 

Van 15 días y de los matones, nada. Ni de la mente que urdió el crimen. Van 15 días y para Jacinto Romero Flores no hay justicia.

Van 15 días y del policía Cristian Anastasio Quechulpa, al que Jacinto Romero mencionó en su columna El Enano del Tapanco que había disparado contra un ciudadano, Efrén Cano Tepole, nada. Ni de su tía, la síndica de Texhuacan, Salustia Romero, a quien le impactó el señalamiento.

Jacinto Romero alternaba sus columnas con la conducción de un programa de radio, Dígalo Sin Miedo, en Oristereo, en horario estelar. Solía subir a la zona serrana, a Zongolica y otros poblados recogiendo voces y quejas, demandas y denuncias, el retrato de la desigualdad y el atropello, la lucha diaria de los olvidados contra los hombres de dinero y poder, los caciques y sus víctimas.

Van 15 días del crimen y de las dos líneas de investigación que sigue la Fiscalía del Estado, nada.

Las primeras 24 horas, pregonaba el secretario de Seguridad Pública de Veracruz, Hugo Gutiérrez Maldonado, son clave. Habían rastreado. Habían husmeado. Tenían —decía— información que llevaría al esclarecimiento del asesinato del periodista Jacinto Romero Flores.

Son ya 360 horas —15 días— y de los autores materiales y de la mente que urdió el crimen, nada. La inacción, el silencio, la pasividad, la simulación de la Fiscalía General de Veracruz y la coadyuvancia de la Secretaría de Seguridad, es vil complicidad. La fiscal espuria, Verónica Hernández Giadáns no mueve un dedo y Hugo Pistolas le ayuda a no moverlo.

“Que no te metas con mi gente hijo de tu puta madre, deja de escribir mamada. Por eso se los carga la v…ga. Ya debes muchas Jacinto Romero. Y esta fue tu última”, decía una de las amenazas que recibió en un chat Jacinto Romero, seis meses antes del ataque.

Otras denuncias periodísticas le valían reclamos y nuevos amagos. Un día citó las tropelías de una mujer, Miriam “N”, con recursos del Jardín de Niños Canek, unos 60 mil pesos. Un tipo que se identificó como Luis del Monte amenazó a Jacinto y a su familia. Decía tenerlo ubicado.

Pero la Fiscalía anda en el limbo. O en Babilonia. Su titular, Verónica Hernández Giadáns, sólo sirve para el atropello legaloide, el encarcelamiento de los adversarios del desgobernador Cuitláhuac García Jiménez, siguiendo la línea infame, la fabricación de culpables, la inquina y la mala leche que va nutriendo las cárceles veracruzanas de presos políticos.

Tras el crimen de Jacinto Romero se alzó la voz de la prensa, revolviéndose los recuerdos, los reclamos, la exigencia de hacerle justicia a los periodistas caídos.

Hablan los amigos, los periodistas, los analistas y el gobierno aberrante de Veracruz no acciona. Aportan pistas, datos, nombres, y el tapiado mental de palacio ni se inmuta. La muerte de Jacinto Romero es tratada con desprecio, como si la mente de Duarte habitara en Cuitláhuac.

A Javier Duarte le mataron 17 periodistas; a Fidel Herrera Beltrán, seis; a Miguel Ángel Yunes, cinco, y Cuitláhuac lleva cuatro. Y aún no llega a la mitad de su sexenio.

Duarte fue cruel, soberbio, torpe, de mente torcida, inaugurándose con una desaparición, la de Noel Olguín, el 8 de marzo de 2011, en Jáltipan, siendo hallado su cuerpo en una fosa clandestina el 11 de junio de ese año, y luego una sucesión de agravios, ejecuciones, cuerpos mutilados, acribillados. Siguieron Milo Vela, columnista de Notiver, su hijo Misael y su esposa Agustina, asesinados en su hogar, en el puerto de Veracruz.

Semanas después, el hallazgo del cuerpo mutilado de la jefa de la sección policíaca de Notiver, Yolanda Ordaz. Meses más tarde, el 28 de abril de 2012, el asesinato de Regina Martínez, corresponsal de la revista Proceso, maestra universitaria y una de la periodistas más respetadas por su calidad profesional y agudos reportajes, a la que el gobierno duartista intentó enlodar.

Y luego una cadena mortal: Gabriel Huge, Guillermo Luna Varela, Esteban Rodríguez, Víctor Manuel Báez Chino, Gregorio Jiménez de la Cruz, Moisés Sanchez Cerezo, Armando Saldaña, Juan Mendoza, Anabel Flores, Manuel Torres, Rubén Espinoza Becerril y Pedro Tamayo.

Y Duarte soberbio, inventándose reconocimientos tan absurdos como impúdicos: un premio por ser defensor de los periodistas y la creación de la Comisión Estatal de Atención y Protección a Periodistas, que sirvió para lavarle las huellas de sangre de los caídos que salpicaban su inmensa humanidad; vidas arrebatadas por el crimen organizado que así le calentaban la plaza, lo iban doblegando, exigiendo cuotas, amagando con más asesinatos si no les concedía espacio de poder.

Un día, sin más, Javier Duarte soltó tres frases suicidas: “Se va a sacudir el árbol y caerán las manzanas podridas”; “pórtense bien”, y “entre ustedes hay algunos que sirven a la delincuencia organizada”. Y que le caen el cascada los asesinatos.

Ahora es Eric Cisneros Burgos, secretario de Gobierno, quien vomita lodo. A la prensa crítica, la que no secundó la embestida para destituir al fiscal yunista, Jorge Winckler, la increpaba. “Aquí vamos a ver quién está del lado de los veracruzanos y quién quiere ser cómplice de un pequeño grupo de personas que ni siquiera son veracruzanas”.

Otro día fue levantado el periodista Marcos Miranda Cogco y su esposa reveló que Eric Cisneros lo había amenazado. Uno más, amagó con proceder penalmente contra el periódico Notiver. En otro episodio se lanzó contra El Dictamen iniciándose una auditoría contra el rotativo.

Cuitláhuac es una vedette. Se engalla en las conferencias. Increpa a la prensa. Se irrita, manotea, se contonea, se quiebra. Asume ese hablar cantinflesco que detona burlas y risa, descalificando a la prensa crítica. Y Veracruz entero se ríe de él.

La policía de Hugo Gutiérrez tiene otra misión: apalear periodistas. En las coberturas de prensa, embiste con sus escudos, golpea con los toletes, insulta sin distingo a varones y mujeres. Un operativo para retirar a ciudadanos que bloqueaban la autopista Coatzacoalcos-Villahermosa terminó una abierta agresión, amenazas y robo de teléfonos a periodistas.

Vulnerada la prensa, atacada por el gobierno morenista, el baño de sangre se ve venir. El ambiente es hostil, como en los tiempos de Duarte. La agresión es constante, como en los tiempos de Duarte. El linchamiento a los críticos es feroz, como en los tiempos de Duarte.

Cuando los cárteles ataquen periodistas, sólo para calentarle la plaza, Cuitláhuac será otro Duarte. Y terminará como Javier Duarte.

El otro tema es la justicia a los caídos. Veracruz sigue en la mira de gobiernos extranjeros por su condición de entidad en que la prensa es hostigada, vulnerable, perseguida, amenazada y a la fecha ningún periodista asesinado ha recibido justicia.  

Alertan, pues, tres entes de peso moral: la Unión Europea y los gobiernos de Noruega y Suecia. Exigen una investigación a fondo, transparente y apegada a la legalidad en el crimen de Jacinto.

Otros organismos internacionales —Reporteros Sin Fronteras, Artículo 19, Comité para Protección de los Periodistas— urgen que la investigación sea independiente, ajena a intereses, sabiendo que una de las líneas de investigación del crimen de Jacinto Romero son las amenazas policíacas.

Pero Cuitláhuac no capta nada. No ve, no huele, no siente. Es un adorno inservible en los pasillos de palacio. No entiende que cada periodista agredido, asesinado, va definiendo el tamaño del régimen criminal que detenta el poder.

No advierte que la sangre de la prensa lo va a salpicar.

 Archivo muerto

Olga era el cero a la izquierda ideal. Y cuando se tuvo que ir, se fue. Como autómata, arrinconada, la ministra no se acercaba al fuego político, a los actores del conflicto electoral, a candidatos y lideres, a los hombres de poder. Olga Sánchez Cordero servía para el show. A Baja California la envió su patrón, Pejetustra López Obrador, a soltar que la extensión de mandato del gobernador era legal.

Y la Corte a la que ella perteneció, sentenció que no. Fue testigo mudo, actor pasivo, convidada de piedra en el proyecto de militarización de México, callada y cómplice en la violación de derechos humanos de los migrantes, la paliza de la Guardia Nacional a los indocumentados que trasponen la frontera sur.

Y así un arsenal de omisiones y silencios hasta que renunció —o la echó Andrés Manuel— de la Secretaría de Gobernación. Sólo fue digna, de palabra, con el movimiento feminista, al que el presidente desdeña. Julio Scherer Ibarra no fue mejor. Consejero jurídico de la Presidencia, tomó la ruta alterna intentando ser el operador político que le diera viabilidad a la Cuarta Transformación. Otro fiasco. Al consejero jurídico le rebotaron en el Poder Judicial de la Federación todas las leyes aprobadas por mayoriteo en el Congreso, frenadas con amparos, con suspensiones provisionales o definitivas.

Su operación política estaba condenada al fracaso. Si López Obrador es un fanático de la confrontación política, cero conciliación, Julio Scherer nada iba a lograr. Y nada logró. Se fue cuando Olga Sánchez Cordero renunció a Gobernación, llegó Adán Augusto López Hernández y el Peje le retiró facultades y lo dejó sin brazos. ¿O acaso Scherer pretendía ser el nuevo secretario de Gobernación? Así anda el desastre en el feudo de Andrés Manuel. Más de 20 renuncias de secretarios y funcionarios de alto nivel en tres años de gobierno.

El gabinete hace agua, se hunde y el capitán del cayuco no lo termina de ver… Sus expedientes son, por decir lo menos, deplorables. No hacen justicia; lucran con ella. No se ciñen al marco legal; lo tuercen. Así, dos jueces de Coatzacoalcos serán removidos en breve. Uno de ellos, juez civil, carga un historial de trampas y chicanas legales, juicios inventados, resoluciones con las que exhibe su bastarda misoginia, fallos al mejor postor. El otro es una ficha. Cobijados por magistrados sin ética, la mafia del Poder Judicial de Veracruz, llegaron a Coatzacoalcos y se dedicaron a medrar. La carga de sus desmanes la soportan los magistrados que les dieron cuerda, los cómplices que los enviaron a robar…

Y al tercer mes, el PRI sigue en shock. Vapuleado por Morena, el priismo de Coatzacoalcos no sabe si mantener la cabeza bajo tierra, aplicarse la ley fuga o renunciar a hacer política. No asumen que el efecto Duarte, por cómplices, por nunca haber alzado la voz, los hundió. Imaginaron que por ser PRI, el electorado les daría el voto a ciegas, como si las raterías de las hordas priistas en ayuntamientos y gobierno de Veracruz, el saqueo a las arcas, las bandas ligadas o adheridas al duartismo actuando como viles ladrones, ufanándose de lo robado, presumiendo las mansiones, los yates, el derroche, se podría perdonar. Morena, con todo y sus mil defectos —su alcalde Víctor Manuel Carranza convertido en una nulidad, atropellando la ley; un ayuntamiento mediocre, infestado de corrupción, atestado de delincuentes, un narcomenudista, hijo de futura regidora, un secuestrador, un robacarros—, tuvo mejor preferencia electoral.

El PRI se armó sobre arena suelta, sin cimientos, con un candidato repudiado, Carlos Vasconcelos, de ínfimo perfil, asociado a la extorsión que aplican los operadores cetemistas con todo aquel prestador de servicios o constructor que emprende un proyecto. Mal candidato, nula estructura electoral, el efecto Duarte vigente, la derrota se dibujaba. Morena le pegó dos a uno el día de la elección.

Y si no hay relevo generacional en el PRI, y si no se aplica una purga, y si los ilusos y los fanfarrones, los Octavio Sen, los Cedano, los Concepción, siguen simulando que saben operar, en tres años más Morena los terminará de pulverizar… Genio y figura, malandrín hasta la sepultura. Camina Sergio Guzmán Ricárdez rumbo al Congreso de Veracruz dejando trampas, transas, tretas, simulación, cuentas que no cuadran, cuentas que huelen a desfalco y a fraude fiscal en el ayuntamiento de Agua Dulce. El Órgano de Fiscalización Superior de Veracruz (Orfis) le detectó más de 7 millones de pesos en la Cuenta Pública 2020. Son siete observaciones de carácter administrativo que importan 4 millones 457 mil 942.05 pesos, y dos de carácter técnico en relación a la obra público con un monto de 2 millones 780 mil 122.96 pesos.

En total, 7 millones 235 mil 065.01 pesos. Para Orfis, se presume daño patrimonial a las finanzas públicas y plantea fincar y determinar daños y perjuicios. Y así cada año. Sergio Guzmán ha sido el peor alcalde de Agua Dulce, con una obra mediocre, de ínfima calidad, asignando obra de forma directa a sus amigos, sin licitación pública; violando protocolos para la compra de equipo para la Policía Municipal y dejando de pagar impuestos federales. El desastre, sin embargo, es mayor. Agua Dulce se convirtió en zona de impunidad para el crimen organizado, proliferando la extorsión y el homicidio, la zozobra ciudadana.

Y el alcalde en jauja, trepado en el ladrillo del poder. Va al Congreso de Veracruz a levantar el dedo y a “gestionar cosas”, como refiere en una reciente entrevista. Y cuando se le insiste en sus prioridades, las comisiones en que desearía participar, le aflora la pobreza intelectual: “gestionaré cosas”, dice Sergio Guzmán. Vaya ejemplar. Mientras, Orfis lo evidencia. Por tercera ocasión le halló inconsistencias en el manejo de las finanzas… 

Forjado en los congales, en los antros, en el baile y el cañabar, Cuitláhuac se mueve por igual en el bajo mundo que en las cloacas del poder, con los Duartes y los Bermúdez, usando la ley para cobrar afrentas ajenas y retener en las cárceles a Rogelio Franco, Bernardo Segura, Goyo Gómez y Nicolás Ruiz, los presos políticos del gobernador.

A Franco no lo quiso soltar, violando el amparo emitido por un juez federal que tiró la vinculación a proceso y prisión preventiva de ocho meses, arrimándole más delitos para mantenerlo en prisión.

A Bernardo Segura, ex subsecretario de Finanzas en el yunismo, le inventa tantos delitos como días tiene el calendario.

A Goyo Gómez, ex candidato a alcalde de Tihuatlán por la coalición PRI-PAN-PRD, lo levantan policías ministeriales al estilo narco, el arma en la mano, tirando madrazos, arrastrando a su víctima, para luego, una vez evidenciados en videos, entregarlo a un juez.

A Nico Ruiz, e candidato a presidente municipal de Minatitlán, le imputan una privación ilegal de la libertad y lo envían a un penal de Oaxaca donde permanece aún.

Es la represión política grado 4T.

Abusivo del poder, Cuitláhuac García Jiménez ha hecho del Caso Franco un vodevil infame, bailando sobre la sentencia de amparo que ordenaba la libertad del ex secretario de gobierno yunista, sin calcular que le detonaría una mina explosiva que lo exhibe como tapete y trapeador del duartismo, cómplice de la liberación de ladrones y criminales que sirvieron —y sirven— al convicto saqueador Javier Duarte.

Un juez federal, Ricardo Mercado Oaxaca, concedió a regañadientes el amparo a Rogelio Franco Castán. Dilató la sentencia cuanto pudo —135 días— y ya con la presión encima, las marchas y los mítines, la voz de las hijas del perredista acusando que un montaje policíaco servía para retenerlo en prisión intentando evitar, primero, que fuera candidato a diputado federal y luego que llegara a San Lázaro, tuvo que ceder.

 

La sentencia valió poco. Cuitláhuac lo retuvo en prisión. Pasaron las horas, los días, extinguiéndose la esperanza, viendo la libertad desvanecerse hasta sentir la nueva trastada del gobernador. Vía la Fiscalía de Veracruz, le imputa tres nuevos cargos: abuso de autoridad, extorsión y delitos cometidos por servidores públicos. La línea es retenerlo y no dejarlo ir.

La duda se disipa. A Cuitláhuac le gustan los presos. Y los presos políticos más. Colecciona presos políticos como los dictadores infames de gorilatos militares y los sátrapas con poder, como los farsantes mesiánicos y los tarados funcionales, violentando leyes, usando a jueces de utilería que sin chistar emiten nuevas órdenes de aprehensión, vinculaciones a proceso, prisión preventiva oficiosa que serán revertidas en otras instancias de la trama judicial.

Bailarín de cantina, gobernador por accidente, Cuitláhuac García no podría haber invocado peor argumento para retener a Rogelio Franco en prisión que traer al teatro del asco a Arturo Bermúdez Zurita, ex secretario de Seguridad de Javier Duarte, y vestirlo de víctima, disfrazarlo de ángel, venderle a los veracruzanos que Bermúdez no es el tirano que sí es.

Alias Capitán Tormenta, Bermúdez encarna el lado más siniestro del régimen duartista. Lo más suave ha sido el enriquecimiento bárbaro. Lo más ilustrativo, la tortura y el crimen, la desaparición forzada, los cuerpos de élite en Seguridad Pública —Fuerza de Reacción de la División y Fuerzas Especiales “Los Fieles”— cuya misión fue capturar, exprimir, silenciar, asesinar y borrar todo rastro de la gente —civiles, policías, presuntos halcones, presuntos zetas— que caía en sus manos.

Esa es la “víctima” por la que se inmola el gobernador morenista.

Bermúdez Zurita carga con el crimen de Tierra Blanca. Ahí, su policía levantó a cinco jóvenes que se trasladaban del puerto de Veracruz a su natal Playa Vicente. Los entregó a una célula del Cártel Jalisco Nueva Generación en un rancho de un operador duartista, ligado al ex tesorero del estado, Antonio Tarek Abdala Saad, el consentido de Karime Macías Tubilla, aunque ahora el ex gobernador Javier Duarte de Ochoa lo llama traidor.

De los jóvenes nada quedó, si acaso una camisa con una mancha de sangre y un fragmento de hueso. De los testimonios de los detenidos surgió la hipótesis de que fueron confundidos con zetas, torturados, asesinados y disueltos en ácido.

Aquella policía operaba bajo el mando de Marcos Conde Hernández, el superpolicía de historial siniestro al que Bermúdez le permitía todo, absolutamente todo.

Y qué decir de los ocho policías municipales en Úrsulo Galván, levantados por las fuerzas de élite de Seguridad Pública de los que nadie volvió a saber. Sus esposas, sus madres, sus hijos claman por ellos, lloran por ellos, se duelen por ellos y exigen saber quién se los llevó y por qué.

Unos y otros desaparecieron, o fueron torturados, o se les arrancó la vida de tajo. Y de ahí el delito lesa humanidad que alcanza a Bermúdez, que no prescribe y que irremediablemente enfrentará en cortes internacionales.

Esa es la “víctima” con la Cuitláhuac retiene a Rogelio Franco en prisión.

Duartista de cepa, el gobernador se aplica en imputarle al yunismo un pacto con Javier Duarte y su banda criminal. Difunde fotografías en que se observa a Miguel Ángel Yunes Márquez junto al ex gobernador Duarte; una más de Chiquiyunes con la ex presidenta del Congreso de Veracruz, la fidelista Carolina Gudiño Corro.

La patraña es de risa. No es lo mismo un pacto político —un aberrante pacto entre PRI y PAN, entre yunistas y fidelistas— que un pacto criminal como los que suscribe el gobernador.

La fotografía de Duarte y Chiquiyunes corresponde a cuando uno era gobernador y el otro delegado de Oportunidades en Veracruz; es una foto institucional. Años después vendría la embestida yunista que quebró el proyecto Fidel-Duarte para perpetuarse 30 años en el poder, la derrota del PRI en 2016 y la cacería de Javier Duarte hasta refundirlo en prisión.

La imagen de Chiquiyunes y Carolina Gudiño es un evento de campaña de la coalición PRI-PAN-PRD este 2021. Yunes Márquez, propuesto por el PAN, contendía por la alcaldía de Veracruz hasta que los tribunales electorales lo declararon inelegible por falta de residencia efectiva; Carolina, postulada por el PRI, era candidata a diputada local por el distrito XV, que finalmente perdió.

Fue un pacto político que mereció una avalancha de críticas. El pragmatismo de unos y otros, los Yunes y los hijos políticos de Fidel Herrera, exhibió el cinismo y la apuesta a la desmemoria ciudadana como si los veracruzanos olvidaran que Miguel Ángel Yunes Linares, el jefe clan panista, acusó y acreditó que la campaña de Herrera Beltrán, en 2004, recibió recursos del Cártel del Golfo.

Pacto político, también, el de Morena con priistas, panistas, perredistas; con fidelistas y duartistas. Pacto con la bendición de Andrés Manuel López Obrador cuando en Xalapa Morena montó pasarela e hizo desfilar a Domingo Bahena (PAN) y Alberto Mijangos (PRI).

Entregó parte de la operación electoral a los fidelistas Erick Lagos y Jorge Carvallo; al ex alcalde de Coatzacoalcos, el priista Marcelo Montiel, a Mónica Robles, ex diputada local que llegara al Congreso en tiempo de Javier Duarte bajo las siglas del PRI-PVEM; a los líderes petroleros de Minatitlán, Agua Dulce, Poza Rica, donde Morena ganó las presidencias municipales.

Cuitlahuac se dio un tiro en el pie. El duartista es él. El que libera duartistas es él. El que facilita que los Bermúdez, los Fisculines (Luis Ángel Bravo Contreras), los Audirac, los Flavinos, los Valencias y las Ginas dejen la prisión de Pacho Viejo, es él.

A los policías imputados de desaparición forzada, implicados en tortura, asesinato de compañeros de corporación y de civiles, presuntos halcones, y de ciudadanos sin delito que acreditarles, Cuitláhuac García les abrió las puertas de la cárcel, el 24 de diciembre de 2019, como le señaló la diputada Maryjose Gamboa Torales.

Y el 15 de enero de 2020 la Fiscalía General de Veracruz, controlada por Cuitláhuac García, retiró cargos por tráfico de influencias y enriquecimiento ilícito al Capitán Tormenta, alias Arturo Bermúdez.

Un caso, el de Rogelio Franco, lo obsesiona. Es su preso político de cabecera. Y en su delirio detona escaramuzas políticas y la reacción de sus adversarios, aflorando la evidencia, los nombres, las fechas, los datos, la complicidad y el uso del poder que acreditan que el duartista es el gobernador.

Abierta la Caja de Pandora, Cuitláhuac no avizora, aún, lo que está por venir.

Archivo muerto

De tú a tú, las magistradas se dan con todo. Yolanda Cecilia Castañeda Palmeros le dice a Isabel Romero Cruz, presidenta del Poder Judicial, desmemoriada y súbdita del gobernador y de su mafia del poder, ignorante en lo más elemental. Y en reciprocidad, Isabel la echa del Tribunal. Pasa a retiro por edad —70 años— la prestigiada magistrada, de carrera brillante y exabruptos geniales, algunos procaces —“ahora cualquier pendejo puede ser magistrado”— que retratan de qué lodos está construido el Poder Judicial de Veracruz.

La pasan a retiro cuando la magistrada Castañeda ya había externado su fastidio por el rejuego político del Tribunal Superior de Justicia, las corruptelas, el desfalco de las arcas, la desaparición de reservas, la complicidad con los ladrones, la simulación de disminuir salarios cuando el boquete financiero tiene otra solución —pagarían los magistrados lo que otros se robaron—. Puntillosa con Isabel Romero Cruz, Cecilia Castañeda expresó que a la presidenta del Tribunal se le olvidan los rostros y se apoya en un auxiliar que es su guía y su luz. Harta de todo, advirtió que se iría y su contraparte le dijo que para luego es tarde. Y ordenó vaciar su oficina, revisar cada rincón, apretando con la contraloría interna como si a Yolanda Cecilia Castañeda alguien le pudiera cuestionar su honestidad.

Caótico, el máximo tribunal es un circo de tres pistas, payasos y maromeros, fiel reflejo de un gobernador inútil, Cuitláhuac García, de una pandilla que lo ayuda a atropellar la ley —una magistrada presidenta títere— y a manejar con torpeza brutal al Poder Judicial de Veracruz… Seis meses antes del ataque, la amenaza llegó puntual. “Que no te metas con mi gente hijo de tu puta madre, deja de escribir mamada. Por eso se los carga la v…ga. Ya debes muchas Jacinto Romero. Y esta fue tu última”. Jacinto Romero Flores circulaba en su automóvil compacto sobre el bulevar Potrerillo, en Córdoba, cuando a eso de las 10:45 de la mañana, este jueves 19, fue alcanzado por las balas que lo ultimaron.

Era autor de la columna El Enano del Tapanco y conductor del programa de radio Dígalo sin Miedo para la estación Oriesterio. Solía cubrir la región de Zongolica donde ventilaba los problemas sociales de aquellas comunidades. Una de sus publicaciones causó un revuelo inusitado cuando señaló al policía Cristian Anastasio Quechulpa, sobrino de la síndica de Texhuacan, Salustia Romero Anastasio, de haber disparado contra un joven de nombre Efrén Cano Tepole. El asesinato de Jacinto Romero, quien contaba con 61 años de edad, suscitó una reacción airada, condenas en el medio periodístico y pronunciamientos de organismos internacionales como Reporteros Sin Fronteras que exige una investigación a fondo. Veracruz es la entidad más peligrosa para el ejercicio del periodismo, contando con el mayor número de comunicadores asesinados en México…

Como en los tiempos de Fidel Herrera y Tony Macías, el robo tierras va in crescendo. Corifeos del gobierno morenista de Veracruz, orquestan la compra ficticia de un predio al poniente de Coatzacoalcos, valiéndose de un contrato privado que adolece de datos falsos, firmas chuecas, notificaciones judiciales que nunca se realizaron de acuerdo al protocolo. Ubicado sobre avenida Universidad, frente a Chedraui 3, el terreno es codiciado por su dimensión —11 mil 400 metros cuadrados— y por su valor comercial. Es parte de la Sucesión Bringas, pero se lo quieren tirar hacia el patrimonio personal de los sedicentes transformadores de Veracruz. El contrato privado lleva como fecha falsa el 17 de julio de 1992 y en él se simula que Raúl Bringas Burelo, entonces albacea de la Sucesión Bringas, habría vendido el predio. El documento es tan burdo que cita calles y colindancias que en esas fechas no existían. El voraz “comprador” sería Juan Rivera, alias Juan Tampico, un conocido vendelotes.

De acuerdo con los abogados, la firma de Raúl Bringas es a todas luces falsa. Otro abogado, ligado inicialmente al caso, conoció los esfuerzos realizados para falsificar la firma de Raúl Bringas y a qué notario ya retirado se le encargó la treta, el cual recibió un jugoso pago de 2 millones de pesos. La segunda parte de la trama detona en los juzgados en materia civil de Coatzacoalcos donde fue a parar la falsa operación de compraventa. Por años se pretendió inscribir la “compraventa” en el Registro Público de la Propiedad de Coatzacoalcos, sin lograrlo porque el documento es un auténtico embuste. El notario número uno de San Andrés Tuxtla, Jaime Cerdán Hierro, fue requerido por la Fiscalía de Veracruz y en su informe consta que en 1995 se registró una “donación” entre Raúl Bringas y Juan Rivera, alias Juan Tampico, pero nada que ver con una “compraventa”. O sea, dos documentos: uno sobre una donación y otro por una compraventa; y el predio es el mismo. Un galimatías, un enredo, un fraude maquinado que implica a un connotado miembro del clan morenista, cercanísimo al gobernador Cuitláhuac García Jiménez, notarios, fiscales y personal de los juzgados civiles de Coatzacoalcos…

El preso político que venció al gobernador

Miércoles, 11 Agosto 2021 17:27

Tierra de nadie, el penal de La Toma, en Amatlán de los Reyes, es un infierno que alberga demonios de alto nivel, psicópatas violentos, narcos y secuestradores, asesinos sin alma que se hablan de tú con las dagas y las balas, que transpiran pólvora y muerte. Y entre ellos aún anda Rogelio Franco, el preso político del gobernador.

Se roza con el bajo mundo, el crimen organizado que opera a sus anchas. O los ve y se sigue de frente. O a los malos malísimos se los topa y los evita. Y a los presos comunes los escucha, los entiende. Y así, día tras día, hasta agotar procesos legales que lo tienen a un paso de la libertad.

Cinco meses a la sombra, sintiendo la inquina de Cuitláhuac García Jiménez, el gobernador que lo refundió en La Toma inventándole delitos, violando un juicio de amparo, prefabricando un escenario de conflicto con la Policía de Veracruz, un supuesto altercado para finalmente atribuirle ultrajes a la autoridad y retenerlo en la cárcel por una razón política: evitar que Rogelio Franco Castán fuera diputado federal por el Partido de la Revolución Democrática.

Van cinco meses y la pesadilla llega a su fin. Cercado en una carretera de su natal Tuxpan, el 13 de marzo vio acercarse a la policía de Veracruz, cerrarle el paso, conminarlo a dejar el vehículo y quedar en sus siniestras manos. Les exhibió la suspensión otorgada en un juicio de amparo contra delitos que le imputaba su ex esposa y aún así los uniformados violaron la orden federal.

Sin argumento válido, sin escuchar razones, le atribuyeron ultrajes a la autoridad, delito grave que amerita cárcel sin derecho a fianza. Y la jueza Alejandra Barrientos Castellanos, le fijó ocho meses en prisión en tanto se desarrollara el proceso penal. La instrucción fue aprehenderlo y no dejarlo ir.

Sintió la rabia de Cuitláhuac con el traslado del penal de Tuxpan al reclusorio de La Toma, en Amatlán de los Reyes, donde pululan narcos pesados, zetas y golfos y jaliscos, secuestradores y extorsionadores, criminales a los que combatió siendo secretario de Gobierno, durante el yunismo.

Una vez tras las rejas, Cuitláhuac le soltó la jauría mediática, los perros amaestrados de la información, de prosa miserable pero que sirven para tejer historias de violencia doméstica desde la visión de Guillermina, la ex cónyuge que un día dice que le hackean la cuenta de feis y otro que es golpeada a mansalva; Guillermina, a la que sus propias hijas públicamente instaron a volver al especialista y tratarse las obsesiones mentales, las que la acusaron de maltrato intrafamiliar.

Otra prensa habría de documentar que la susodicha acusadora y su nueva pareja, se movían por la mano de Morena, con las huestes del gobernador, atizando una hoguera para consumir a Rogelio Franco. Cobrarían la pillada con espacios en la Cuarta Malformación.

Tres voces, sin embargo, reventaron la burbuja de ataques inflada en los pasillos de palacio, urdida en la mente del gobernador. Tres voces, las de las dos hijas de sangre del líder moral del PRD en Veracruz y la de la hija de Guillermina, que abiertamente condenó las acciones de la madre y enalteció el rol de Rogelio Franco en el seno familiar.

Aquel lío judicial fue fraguado y detonado años atrás, en los días en que era secretario de Gobierno yunista. Franco acudió a la vía federal y con una suspensión de amparo siguió su vida normal… hasta que Cuitláhuac García lo reactivó.

Aprehendido en Tuxpan, Rogelio Franco pasó en un instante a ser el preso político del gobernador.

La infamia tiene móviles. Y los móviles son políticos. Tienen mucho de venganza y nada de justicia.

¿Qué movió a Cuitláhuac García a encarcelar a Rogelio Franco? ¿De dónde la inquina y la saña? ¿Por qué Franco y no el ex gobernador Miguel Ángel Yunes Linares, al que por falta de agallas Cuitláhuac alude pero no llama por su nombre?

Rogelio Franco fue el número dos del gobierno yunista, el que mantuvo a raya a Morena en 2017, controlando al Órgano Público Local Electoral, frustrando el triunfo morenista en 100 alcaldías y confinándolo sólo a 16 presidencias municipales.

Franco fue pieza clave en la búsqueda y rescate de propiedades —ranchos en México de costo millonario, inmuebles en Estados Unidos y Europa— adquiridas con recursos públicos por los prestanombres de Javier Duarte, el ex gobernador ladrón, cuya corriente priista se alió con Morena y operó en la elección de 2018 en Veracruz.

Franco es el líder de la tribu perredista más sólida en Veracruz y fue pieza clave para la construcción del bloque PRI-PAN-PRD en la contienda del 6 de junio, y se negó a sabotearla.

Su aprehensión, cuando apenas se alistaban las campañas, fue una señal a la oposición. Fue el preámbulo de la violencia política gestada por Morena en el poder que hizo de Veracruz la entidad líder en agresiones a candidatos y el encarcelamiento de los adversarios del gobernador.

Cuitláhuac, que suele pensar con las tripas, ideó el plan: encarcelar a Franco Castán y provocar la cancelación de la candidatura a diputado federal plurinominal por el PRD. Pero la trama falló.

Así se hallara vinculado a proceso, la ley le preserva sus derechos políticos mientras no exista sentencia firme. La candidatura nunca estuvo en riesgo. Llegada la elección del 6 de junio y con los votos logrados por el PRD en la tercera circunscripción, y por el lugar ocupado en la lista pluri, Franco aseguró su llegada a San Lázaro.

Cuitláhuac intentó retenerlo en prisión, evitar que el 1 de septiembre, al arrancar la nueva Legislatura federal, el perredista pudiera asumir el cargo. Pero el amparo otorgado a regañadientes por el juez Ricardo Mercado Oaxaca lo tiene a un paso de la libertad.

Percibiendo los la parcialidad del juez federal, las hijas de Franco, sus amigos, el perredismo de Veracruz que le es afín, salieron a confrontar al Poder Judicial Federal. Y lo acorralaron.

Frente a todos, Viviana Franco formuló el martes 3, un relato preciso, exhibiendo las dilaciones y trapacerías, las audiencias postergadas, las audiencias fijadas con fecha remota, la actuación de un juez federal que baila al ritmo lento que le toca el gobernador.

“Venimos a pedir y exigir justicia para mi padre. La justicia no puede esperar más. Han transcurrido 144 días privado de su libertad, tiempo que sido muy difícil para nosotras pero sobre todo para él porque está en prisión por un delito que no cometió. 

“Esto es un montaje del gobierno estatal por ser opositor y no quedarse callado ante las injusticias del mal gobierno que hoy tenemos en Veracruz. Desconocemos por qué a toda costa quieren impedir que tome protesta como diputado federal.

“Señor juez: usted lleva retrasando la resolución 134 días. Primero, con chicanadas jurídicas tardó 90 días para celebrar la audiencia y ahora lleva 44 días para emitir la resolución del amparo. Usted no tiene elementos para dejarlo en prisión. Por eso ha utilizado prácticas dilatorias y ha usado facciosamente la ley para no resolver”.

Horas después, el juez Mercado Oaxaca emitía una resolución. Lo ampara contra la vinculación a proceso y los ocho meses en prisión preventiva, pero dejó de lado la inconstitucionalidad del delito de ultrajes a la autoridad. Deberá ser un tribunal colegiado el que tome la resolución final.

“Se lavó las manos”, reclamaron los allegados a Franco, viendo que los días transcurrían y el infierno en La Toma no amainaba, que los zetas, los golfos, los jaliscos operaban desde el interior de la prisión, con su olor a muerte, hablándose con las dagas y las balas, sembrando el miedo.

Como sea, llegó el amparo y Franco acaricia la libertad.

El preso político ha vencido al gobernador.

Archivo muerto 

Con el lodo a cuestas, el alma sucia, impresentables todos, los Ulises Ruiz, los Lerdo de Tejada, los Héctor Yunes pretenden refundar al PRI. Llevan tatuada la corrupción, la adicción al poder, el escándalo y la complicidad en el saqueo a las arcas publicas, el silencio infame ante los excesos y trapacerías de quienes ejercieron el mando en alcaldías, gubernaturas y la Presidencia de México, o fueron protagonistas de sus propias trastadas, o callaron ante la Estafa Maestra de un Peña Nieto o el robo descarado y aún impune de Javier Duarte, o el acoso judicial y tortura de Mario Marín a Lydia Cacho, o los narcovínculos de Mario Villanueva Madrid, o el silencio ante la corrupción de un Murat, un Yarrington, un Fidel, un Rodrigo Medina. Y convocan —¡faltaba más!— a refundar al PRI.

Amén de que el PRI agoniza, qué buen show se chutan Ulises, Lerdo de Tejada, Héctor Yunes, que son más de lo mismo, de los que acumulan tanto denuncias por violar derechos humanos como por disfrazar al padre y a los hermanos de policías para obtener permisos de portación de armas de la Sedena —¿o no Héctor?—, o de los adictos a la nómina oficial, sea en un Senado, en la Cámara de Diputados, en los Congresos estatales o en el gobierno que tengan más a la mano, incluso intentando arreglarse con Morena cuando éste llegó al poder —¿o no, Héctor?—. Con semejante lodo en las manos, terminarán de sepultar al PRI…

Dulce Valeria milita en las huestes de Ricardo Orozco, líder real del sindicato charro del Itesco, y ahora está implicada con el Cártel Jalisco Nueva Generación. Se le aprehendió junto con otros cuatro presuntos delincuentes en Minatitlán, el 23 de julio, imputándoles no sólo actividad delincuencial sino tener en su poder hasta bombas molotov, armas de fuego, droga y mensajes relativos a la delincuencia organizada. Dulce Valeria “N”, la allegadísima a Ricardo Orozco, éste brazo derecho del ex gobernador de Veracruz, Flavino Ríos Alvarado, carga con ser miembro del Cártel Jalisco, según reportes extraoficiales de la Secretaría de Seguridad Pública estatal.

A los cinco presuntos integrantes de una célula del CJNG se les intervino en la comunidad de Ojochapa, municipio de Minatitlán, y tendrían en su poder las armas de fuego, cargadores, alrededor de 300 mil pesos en efectivo, cocaína, pastillas psicotrópicas, dosis de cristal, aparatos telefónicos celulares, básculas para pesar la droga, así como mensajes en cartulina relativos a otras bandas delictivas. Dulce Valeria “N” es flamante y prominente integrante del Instituto Tecnológico Superior de Coatzacoalcos (Itesco), pero sobre todo hoy cercana al director Bulmaro Salazar Hernández. O sea, una imputada como miembro del CJNG en la órbita de Ricardo Orozco y del tormentoso Bulmaro Salazar. De película…

“Tú lavas, yo transo”, y que le surge a Eusebia Cortés un señalamiento de desvío de recursos en el ayuntamiento de Coatzacoalcos. No pudo acreditar el destino de 2.3 millones de pesos, de los más de 30 millones usados en el programa electorero “Tú lavas, yo pinto”, que la regidora segunda, de origen morenista, empleara para fingir que hacía algo digno por las escuelas de Coatzacoalcos. La observación está consignada en el informe del Órgano de Fiscalización Superior de Veracruz sobre la cuenta pública 2020 del ayuntamiento que preside el atarantado alcalde Víctor Manuel Carranza Rosaldo, alias “La Iguana Bailadora”. Hoy diputada local electa, merced al efecto obradorista, no por atributos políticos ni perfil para integrar el Congreso de Veracruz, Eusebia “Cheva” Cortés, encara su primer sainete con tufo a corrupción. Eusebia ganó la elección en el distrito 29 de Veracruz, pese a un historial de agitación política, bloqueos en la vía pública, sabotaje al transporte urbano y hasta haber lucrado con una protesta obteniendo del entonces gobernador, Javier Duarte de Ochoa, una buena cuota de placas de taxi. Se convirtió en lideresa de taxistas sin siquiera saber conducir ni tener licencia de manejo, según testigos de aquella deplorable gesta. Hay otro escándalo. Es el de los presuntos vínculos de Eusebia Cortés con el Z45, el Chuky, Alberto “N”, ex líder de una célula criminal, aprehendido en Coatzacoalcos y remitido a Xalapa. Un supuesto reporte interno de la Secretaría de Seguridad Pública de Veracruz advierte que la diputada electa morenista pidió al Z45 darle una “calentada” a periodistas incómodos, entre ellos este reportero. Lengua floja, Eusebia Cortés suele ser estridente en sesiones de cabildo, altanera en eventos públicos, echadora y arrogante. Si se fue de la boca, va a dar más de qué hablar. El tema hay que exprimirlo hasta donde dé… Un mar de corrupción, acoso laboral, sojuzgamiento del personal femenil, despidos injustificados y acciones contra mujeres, justamente en el Instituto Municipal de la Mujer en Coatzacoalcos.

Y en el vértice del conflicto, la ex directora, hoy alcaldesa electa de Nanchital, Esmeralda Mora Zamudio. Corren historias de atropello, nombres, detalles, captando la atención de los usuarios de las redes sociales. A Esmeralda Mora le imputan haber usado recursos públicos para su campaña, bajo las siglas de Morena, y a su sucesora, Nanci Paola Quirino Flores, “solapadas administrativamente” por Gabriel Ángel Sumano Vázquez, quienes “realizan —dice el texto que circula en internet— hasta la fecha enriquecimiento ilícito mediante convenios con Fortaseg (fondo federal sobre seguridad pública) no signados por sindicatura, y desvío de recursos para beneficio personal y de la campaña de Esmeralda Mora en Nanchital, facturando en desmedida gasolina, comidas y viáticos, artículos varios inexistentes en favor de los tres coludidos, y despidiendo a su paso a todo el personal profesional que no compartió su ilícito proceder”. Amplísimo, el señalamiento describe el asedio laboral, la ola de despidos, acciones injustas contra el personal femenino, hostigamiento a la psicóloga Sobeida Evia, Eva Fabián, Karla Olán, Alejandra Ruiz y Sonia Santos hasta echarlas de la institución. La denuncia retrata un caos administrativo, el extravío de Esmeralda Mora en un cargo para el que nunca tuvo capacidad y al que llegó sólo por ser la comadre política de Rocío Nahle, secretaria de Energía del gobierno de López Obrador…

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