Viernes, 3 de diciembre de 2021

Fuera de Foco

Guerracruz: con miras al 2024
Silvia Núñez Hernández

Buenos Días Veracruz

La gota que derramo el vaso
David Varona Fuentes

Informe Rojo

La vedette rindió su informe
Mussio Cárdenas Arellano

@suntos de poder

México en manos de delincuencia organizada
Manuel Carvallo Carvallo

Columna Invitada

"Servir o servirse"
Columna Invitada

Mussio Cárdenas Arellano

Mussio Cárdenas Arellano

Atrapado en el mundo de las letras y la denuncia social, Mussio Cárdenas Arellano cuenta ya con un extenso kilometraje recorrido en el periodismo. Lejano parece ya aquel 1978 cuando en Coatzacoalcos, su tierra natal, escribió sus primeras notas. Transitó por la entrevista, el reportaje, la crónica, el artículo y la columna política. Fue corresponsal de la revista Proceso, Imevisión, IMER, Contralínea; fundador de las revistas Contacto e Informe Rojo; analista político en radio y televisión, y ganador del Premio México por columna política, en 2009, otorgado por la Federación de Asociaciones de Periodistas de México (FAPERMEX). Su contacto con el periodismo viene de familia. Su padre, Mussio Cárdenas Cruz, y sus tíos Emilio, Francisco y Paulino, constituyen una dinastía de periodistas veracruzanos de reconocido prestigio. Actualmente escribe la columna Informe Rojo, que se publica en portales en internet y medios escritos con amplia aceptación entre la opinión pública.

mussioc2@gmail.com

 

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De todas las mentiras a su alcance, Indira escogió la peor. Julen Rementería —aduce— los convocó y los engañó; les tendió una trampa. Ocultó al panismo en el Senado que habría de sentarlos con Santiago Abascal, líder del ultraderechista partido Vox, de España, y los haría firmar un panfleto anticomunista… hasta que el escándalo los destrozó. «»

Los corderos, según Indira Rosales San Román, fueron llevados al matadero. Los corderos sin mancha —y sin mente— fueron conducidos al altar de los sacrificios. Y Julen los inmoló.

Acudieron ciegos. Acudieron sordos. Acudieron tontos. No les dijo el coordinador de la fracción parlamentaria del PAN en el Senado que sería anfitrión de Abascal y el torrente los arrastró.

Su voz llega tarde y con el tono del engaño. Lanza combustible intentando apagar una hoguera que prendió cuando Santiago Abascal pisó la sede del Senado, lo acuerpó la bancada del Partido Acción Nacional y un par de priistas, se hizo acompañar de un sacerdote católico, ataviado hasta con alzacuello, denotando que les importa una pura y celestial madre la esencia laica del poder, y le firmaron la famosilla Carta de Madrid.

“No fui; Julen me llevó”, debiera ser la expresión con que se retrata a sí misma la senadora veracruzana para expiar culpas. Algo así como “firmé pero no supe lo que firmé”.

Su argumento es una farsa. Habla y se exculpa a destiempo, cuando el nombre de Indira ha sido destrozado en columnas y análisis periodísticos, en redes sociales; cuando se habla, para mal, en los patíbulos políticos de la alumna más aventajada —o ventajosa— de los Yunes, tras el encuentro con el líder de la ultraderecha española, cabeza de Vox, el partido donde algunos de sus notables enaltecen al franquismo represor y criminal, o legislan para despojar a las mujeres de los derechos por los que pugnaron por décadas, o son clasistas, o fustigan la homosexualidad, o atribuyen los delitos sexuales en España a la migración, principalmente la que proviene de África.

Indira, la estrella femenina del yunismo azul, estuvo ahí y no se quejó. No siempre se le había visto tan cómoda, tan sonriente, tan plácida y relajada como cuando suscribió la Carta de Madrid, el pacto contra el comunismo —se le paró el reloj en los tiempos de la Guerra Fría—, siguiéndole el juego a Julen y a Abascal. Y fue siete días después que medio reaccionó usando una mentira.

Su coartada versa sobre que el senador jarocho los convocó y los llevó a ciegas. Y los corderos se dejaron conducir. Y luego los trepó al altar. Y los sacrificó. Y el escándalo los reventó.

Con algo de materia gris, un gramo de dignidad, dos gotas de suspicacia, Indira Rosales se pudo haber evadido, mandarlos al diablo. Pero no. Se quedó a protagonizar el show.

Se pudo levantar de la mesa, irse sin mayor explicación, o irse exhibiendo a Julen, denunciando que los metió en un laberinto del que no pueden salir. Pero no. Se quedó. Escuchó hablar a Santiago Abascal, el de Vox. Coincidió en los postulados de la Carta de Madrid y la firmó.

La pose de Indira Rosales en la foto oficial con el facho español lo dice todo. Primera fila y rostro alegre, nada que evidenciara incomodidad. La Indira Rosales que muestra la imagen difundida por el área de comunicación del grupo parlamentario panista, no es la de quien acude a la fuerza o es víctima del engaño, de la trampa.

Y luego, ya con el escandalazo encima, la perorata, el mea culpa, algo así como “yo no quería pero no supe decir no”. Los principios del Partido Acción Nacional, enfatiza Indira, nada tienen que ver con los de Vox. “Yo tengo muy claro — apunta— que siempre lucharé a favor de la democracia, a favor de las libertades y de los derechos humanos, lo he venido haciendo, mi trabajo y agenda legislativa lo respaldan”.

Y cierra:

“Repito, desafortunadamente no fuimos informados de con quiénes estaría teniéndose una reunión y creo que lo más importante es que seguiremos trabajando por la democracia de nuestro país”.

Ingenua, lo que se dice ingenua, Indira Rosales San Román no es. Cuentera, sí. Pero hay historias —y pretextos— que sirven de poco en la vorágine del poder.

Su firma aparece en un lugar destacado de la Carta de Madrid. Es la primera rúbrica en el margen superior derecho. Es la evidencia de que le firma una carta a los fachos y a los franquistas y a los racistas y a los sexistas si se la disfrazan de manifiesto por la democracia.

La miopía de Indira Rosales San Román es insultante. No coincide con el líder de Vox ni con Vox, pero se presta al juego de Abascal.

La Carta de Madrid es irrelevante en su contenido. Lo crucial es quién la ideó, quién la mueve y qué tendencia política tiene. Santiago Abascal es líder de Disenso, el organismo que la impulsa y Santiago Abascal es también cabeza del partido Vox, que representa el sentir de la ultraderecha y todo lo retrógada que implica.

Eso es lo que no calculó la senadora del clan Yunes al sentarse con un radical de derecha a suscribir una apología de la democracia.

Indira vio el lodo, caminó en el lodo, vio llegar el lodo al cuello y no supo salir. Y ahora cuenta que no fue por decisión propia sino que Julen la engañó.

Indira no es la figura femenina del PAN en el Senado. No es una Kenia López Rabadán, ni una Xóchitl Gálvez, ni una Lily Téllez, ni Josefina Vázquez Mota. Su voz no pesa; no se oye; no se siente. Hay quienes ni siquiera saben que Indira Rosales San Román existe.

Pero es la luminaria del yunismo azul, conduciéndola al Senado donde sólo ha pululado Fernando Yunes Márquez, alcalde saliente de Veracruz, al que la Fiscalía estatal, el Órgano de Fiscalización Superior y la Auditoría Superior de la Federación le guardan una persecución que ni con Javier Duarte se dio.

En tiempo récord, Indira Rosales alcanzó el estrellato político. Los Yunes la llevan, la conducen, le abren espacios, la extraen de un cargo de menor nivel en la alcaldía de Boca del Río y es proyectada hacia el gobierno de Veracruz.

Indira Rosales carga también sus pecados. Enfrenta denuncias penales armadas por el gobierno morenista de Cuitláhuac García por peculado en la Secretaría de Desarrollo Social, de la que fue titular, dineros que no cuadran, software pagado a precio millonario que no tuvo mayor utilidad y programas sociales usados con fines electorales.

Indira pasó por encima de otros fieles a los Migueles y a Fernando, aquellos que caminaron con el clan del Estero desde los tiempos de Fidel Herrera, desde aquel 2004 cuando se trenzaron con el priismo y acusaban que la campaña del PRI traía los dineros del crimen organizado. Sacudieron la maquinaria del PRI, la descarrilaron, le destrozaron alianzas en el norte de la entidad y sólo perdieron por el fraude priista, descomunal, en el sur.

Indira llegó 10 años después que todos y a todos los rebasó. Y ahora sus amos políticos la insertan en la contienda por la dirigencia estatal del PAN, buscando ser secretaria general, haciendo mancuerna con Tito Delfín, de otra corriente panista a la que los Yunes acusaban hará apenas un año de estar coludida con Morena y aliada a Cuitláhuac García Jiménez.

Ya sólo falta que en 2024 la proyecten a ser candidata del PAN al gobierno de Veracruz.

De ahí el deslinde de la senadora, el uso de una patraña para alejarse de Abascal y de Vox. ¿Qué tal un PAN en Veracruz que lleva como secretaria general o aspirante a gobernador Veracruz quele firma una carta ideológica al líder de la ultraderecha española, al facho mayor? 

La mancha es indeleble. No se diluye. Queda ahí. Nada la extinguirá.

La firma de Indira en la carta del facho español con nada se podrá borrar.

 

Archivo muerto 

Obras-basura, cuarteadas, de ínfima calidad y rasgos de corrupción, y el gobernador en plan encubridor. Hará seis meses, muy ufano, presumía Cuitláhuac García Jiménez la construcción de la carretera Alto Lucero–Cerritos de Díaz–Jacales–El Madroño, en el municipio de Alto Lucero, y a la primera lluvia torrencial se fractura, se quiebra y exhibe el nivel de mediocridad. Se jactaba el salsero gobernador que se usaba lo mejor, materiales de calidad y apego a la normatividad. Era, supuestamente, concreto hidráulico.

Pero llegó el huracán Grace y las lluvias dejaron que la realidad hablara, y la realidad exhibió al gobernador. En ese “concreto hidráulico” brillan por su ausencia las varillas que forman el sostén de las placas de concreto. En ella se invirtieron 23 millones 587 mil pesos, IVA incluido, y se financió con recursos federales del Fondo para las Entidades Federativas y Municipios Productores de Hidrocarburos, gestionados por la diputada federal de Morena, Claudia Tello.

La obra fue asignada, en mala hora, a la empresa Construcciones Pale Ríos, S.A. de C.V., la protagonista del bodrio. Y tras difundirse las imágenes de la carretera destrozada, Cuitláhuac sólo atina a decir que no se aplicará la fianza al constructor pues para ello hay recursos estatales. Cuitláhuac García debía aplicar la fianza de garantía por vicios ocultos y adicionalmente ordenar una investigación que determine quién supervisó la obra, quién validó los trabajos, quién verificó la calidad de los materiales. Pero hay un detalle: el contrato suscrito con Construcciones Pale Ríos no contempla fianza de vicios ocultos; sólo fianza de cumplimiento. Insólito pero real.

¿Hasta dónde es válido suscribir un contrato de obra sin obligar a la constructora a garantizar la calidad mediante una fianza? ¿Cuál es el compromiso con la empresa constructora? ¿Quién la recomendó?… Claro, como es, Pepe Yunes exige transparentar el destino de los 2 mil millones de pesos de la nueva deuda contraída por el gobierno de Veracruz. “Hay que estar muy atentos —alerta el diputado federal por Coatepec—. Si estos 2 mil millones se van a utilizar para cerrar el año administrativamente del 2021 y sean simple y llanamente para cubrir las presiones de gastos y la caída de ingresos, estaremos reproduciendo el escenario que se vivió en los últimos años de la administración del PRI en Veracruz y eso no lo puede tolerar el estado”. Advierte sobre posibles desvíos, usando la obra pública y los proyectos para obtener los recursos y luego aplicarlos en otros rubros. Y refiere que el gobierno continúa con una política de endeudamiento que ya coloca a Veracruz con compromisos por 49 mil millones de pesos, de los cuales los últimos 2 mil se contrataron con plazo de 21 años a pagar.

Lo que Pepe Yunes describe es el riesgo de una reedición de la debacle financiera al estilo Javier Duarte. De ahí el llamado a transparentar los créditos y vigilar su aplicación… Mal y de malas Carlos Vasconcelos y la corte que lo acompaña. Confirma el Tribunal Electoral de Veracruz el resultado de la elección municipal, anula 18 casillas, recompone la votación y confirma que el alcalde será el morenista Amado Cruz Malpica. Morena pierde 2 mil 800 votos; la coalición PRI-PAN-PRD disminuye mil 500.

Nada de ello afecta el resultado de la votación. Es información difundida por el periodista Gerardo Enríquez Aburto en su columna Miscelánea Política. Con esa resolución no se logra anular la elección. Vasconcelos sabía que lo único seguro era su derrota. Lo supo desde antes del 6 de junio cuando los sondeos advertían una debacle electoral. De ahí siguió el show que montó a las puertas del Consejo Municipal del Órgano Público Local Electoral (OPLE), que súbitamente retiró, minutos antes que le fuera entregada la constancia de mayoría a Amado Cruz Malpica, de Morena, que le asestó una felpa a razón de dos a uno. Y a partir de ahí, Vasconcelos se esfumó. Su equipo jurídico continúa con el alegato y seguro acudirá al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, salas regional y superior.

A Vasconcelos se le sabe tranquilo y feliz, cultivando su añeja amistad con la secretaria de Energía Rocío Nahle García, cabeza de Morena en el sur de Veracruz. Hay quien perdiendo, gana… Sergio “Gutierritos” Luna anda norteado, reclutando cascajo viejo, escoria priista para lustrar la Cuarta Transformación.

Se llevó, por ejemplo, a Miguel Ángel Luna Modesto y lo incrustó en la Coordinación de Comunicación Social de la Cámara de Diputados, haciendo arder Troya, atizando escaramuzas, agitando las aguas de la prensa nacional donde lo menos que se preguntan es “a ese pato qué pata lo parió”. Han de saber los que hurgan en la vida del protegido del presidente de la Cámara de Diputados, de sus nexos con la gran mafia sindical petrolera, operador de la familia Wade en Minatitlán, del cacique priista Jorge Wade González, mandamás de la Sección 10; de su esposa Reyna León Cheluja, y del hijo, Saul Wade León, artífice de mil trapacerías en el ayuntamiento presidido por Morena. Luna Modesto es asesor de un clan jefaturado aún por Carlos Romero Deschamps, el impune sátrapa del sindicato petrolero, la nueva Quina, que no se termina de ir. A ellos ha servido.

Y a Marcelo Montiel, ex alcalde de Coatzacoalcos, a veces alemanista, fidelista, consumado duartista. Miguel Luna fue jefe de la Unidad de Desarrollo Social y Humano y luego director de programas sociales en la delegación de la Secretaría de Desarrollo Social federal, a las órdenes de Marcelo Montiel, cuando se perpetraba el robo de recursos de adultos mayores, cuando se falseaba el pago de viáticos, cuando la estafa maestra de Rosario Robles estaba a todo nivel. Y Miguel Ángel Luna colmaba de elogios a Rosario Robles Berlanga, hoy en prisión. ¿Sabrá Andrés Manuel López Obrador con qué mafia pactó Sergio “Gutierritos” Luna, el diputado postizo de Minatitlán… 

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Julen, Indira y Vox: la manzana envenenada

Viernes, 10 Septiembre 2021 15:06

* PAN, arrastrado al escándalo por la Carta de Madrid  * Y Julen Rementería también  * Adiós a la gubernatura de Veracruz  * Indira, en el club de los fachos  * Miguel Ángel Luna a San Lázaro  * Historial infame del nuevo vocero  * Azucena Rodríguez, otra presa política  * Atentado en 35 segundos  * El policía tabasqueño y el general

 

Los fachos están desnudos. Y se lo deben a Julen. Colgados de Vox, el partido de ultraderecha español, exhiben a una facción del PAN que alucina con el comunismo, sueña con el criollismo y se deja seducir por radicales, racistas, xenófobos, misóginos, homofóbicos y enemigos de la migración, así sea en el nombre de Dios.

Por ignorantes o incautos, senadoras y senadores del Partido Acción Nacional suscriben la Carta de Madrid, un texto insulso que menea de continente a continente el líder de Vox, Santiago Abascal, una delirante proclama “en contra del avance del comunismo en la Iberosfera”.

Su contenido es retórica barata y huele a cuento viejo, plagado de rollo, de proclamas en defensa de la libertad, la democracia y la propiedad privada.

Agudo, entonces, el coordinador del PAN en el Senado, Julen Rementería, lo resumió: es un mensaje al presidente Andrés Manuel López Obrador “y sus radicales”, sentenciando que “México nunca va a ser comunista”.

Hasta ahí había jolgorio. Vox y el PAN salvando a México. Vox y el PAN enfrentando el radicalismo de López Obrador con el radicalismo de los ultras de la derecha española y sus ultras mexicanos. Ni el Yunke, ni MURO, ni Fuerza Joven, incurrieron en una torpeza así.

Al interior del Senado, en el feudo del veracruzano Julen Rementería, seguía la fiesta. Y su aliado Abascal vendiendo espejitos en la tierra de conquista.

Julen, Lilly Téllez —de furibunda morenista pasó a panista radical—, Indira Rosales San Román —que vive a la sombra de los Yunes—, Víctor Fuentes, Marco Antonio Gama, Minerva Hernández, entre otros, se mimetizaron con lo más radical y deplorable del pensamiento político español.

Y de pronto el cielo se encapotó, se llenó de nubes, nubarrones oscuros. Hubo relámpagos y los rayos cimbraron al panismo trasnochado que aún cree en la bondad de Cortés, en la santidad de la Inquisición y en que Lenin, Stalin y Marx aún viven y hay que cazarlos.

Horas después, Julen y los fachos eran quemados en leña verde. Y el PAN, destrozado.

Porque aunque fueran 15 legisladores, la carga política se la llevó el PAN. Así vinieran los deslindes, así miles de panistas deploraran el vínculo con Santiago Abascal, la factura la paga el PAN.

La Carta de Madrid no es lo relevante. Lo corrosivo radica en el aliado, con el que se suscribió el pacto, la ultraderecha española, el líder de Vox, Abascal.

Lo de menos es la Carta de Madrid y su repudio al comunismo, que sólo ellos ven. Lo ácido son sus tesis. Es el discurso y la acción, la discriminación a otros pueblos, la xenofobia, la homofobia, el racismo brutal, el atribuir los delitos sexuales en España a la migración, militarizar el combate a migrantes, rechazar el islamismo y hasta legislar para derogar leyes que benefician a la mujer.

Pero Julen resistía y se justificaba. Aún sintiendo el vendaval, azotado por la crítica, Julen Rementería tardó en ceder. Amachado, usó la falacia para justificar el cónclave con Abascal. No fue a nombre del PAN. No fue un acuerdo entre el PAN y Vox. No lo hizo en calidad de coordinador del grupo parlamentario panista. Todos, los 15 legisladores, firmaron a título personal. Nadie le creyó.

Los incendios no se apagan con gasolina. Julen mentía sin engañar. Usó la sede del Senado, las oficinas del PAN. Divulgó las imágenes del encuentro con Abascal. Se mostró feliz. Resaltó el contenido de la Carta de Madrid. Se ligó, le guste o no, a Vox. Y el incendio lo devoró.

Andrés Manuel los llamó fascistas. Las hordas obradoristas los tildaron de “fachos”.

De Vox, el presidente expresó: “Esto que está retoñando es lo peor. Son los más autoritarios, clasistas, racistas, corruptos, toda una inmundicia, pero está tomando mucha fuerza. Es como un retoño del franquismo”.

Y del panismo dijo:

“Simulaban los del PAN que eran demócratas, pero no, son ultraconservadores y casi fascista”.

Y Julen, le guste o no, le dio la razón.

Unos minutos bastaron para destrozar al PAN. O para destrozarse desde su interior. Calderón, que ya no es militante, Creel, gobernadores, diputados, alcaldes, todos fustigando la firma de la Carta de Madrid, el arrumaco de Julen Rementería con Vox y Abascal.

El extravío es fenomenal. La dirigencia del PAN, que debió ser contundente, si acaso reprueba el acuerdo. Otros senadores —Kenia López Rabadán— lo atribuyen a un error pero Julen, dice, debe permanecer en la coordinación del grupo parlamentario. El pastor sin brújula ahí seguirá.

Y Marko Cortés, que busca la reelección como líder nacional, se evade, calla, elude. Es decir, con el pacto Julen-Abascal se exploró la ruta de la radicalización del PAN. Pero el experimento falló.

Y es entonces cuando Rementería atribuye la metida de pata a un error. ¿Error? A sus años, con su experiencia política —alcalde de Veracruz, dos veces diputado local, ex secretario de Infraestructura en el gobierno yunista, hoy senador—, no reparó en que tragar lumbre duele.

La cátedra de Julen Rementería es equiparable a la imagen del burro rejego, que da un paso adelante y otro para atrás. Julen invita. Julen es el anfitrión. Julen se goza en la firma de la Carta de Madrid. Julen rubrica el encuentro con Abascal con una fotografía que pasará a la historia. Y cuando se desata el ciclón, se echa para atrás.

La agenda de Vox es de antaño pero hay algo innegable. Electoralmente, Vox gana adeptos en España. Fundado en 2013 es desde 2019 tercera fuerza política. Lo radical, quiérase o no, tiene público.

Indira Rosales San Román tampoco tiene perdón. Comparsa, una y otra vez, de las más azotadas ocurrencias del PAN, la senadora veracruzana fue, posó la foto y firmó. Y entró a la historia.

Trepó al cadalso sin advertir el impacto del encuentro con el líder de los ultras de derecha en España que convirtió al PAN en el hazmerreír nacional. Lo suyo no es discernir.

Indira Rosales no tiene luz propia. Nace, crece y se proyecta en el yunismo azul. Transita del ayuntamiento de Boca del Río al gobierno de Veracruz, potenciada por Miguel Ángel Yunes Linares y su hijo Miguel Ángel Yunes Márquez. Y de ahí al Senado con más estridencia que resultados.

Más estridente, sin embargo, es el escándalo en redes. Que si el padrinazgo de los Yunes. Que si los nulos resultados como senadora. Que si es usada para amarrar la dirigencia del PAN estatal, como secretaria general, apuntalando a Tito Delfín para presidente, un enemigo a modo.

Liquidado por el escándalo, Julen Rementería ya no tiene con qué aspirar a ser gobernador de Veracruz en 2024. Los fachos están desnudos y no deben accesar al poder.

Julen, Indira, el PAN comieron una manzana envenenada, la de Vox.

Y el veneno —por Dios— tarda en matar.

Archivo muerto 

Carga un fardo pesado Miguel Ángel Luna en San Lázaro. Es el del escándalo por los dineros, los convenios publicitarios y los enjuagues en Olmeca TV. Asume la Coordinación de Comunicación Social de la Cámara de Diputados de la mano de Gutierritos, alias el diputado Sergio Gutiérrez Luna, presidente de la Mesa Directiva, cuya historia política —ja— se liga a un impresentable panista, Guillermo Padrés, convicto tras el saqueo al gobierno de Sonora, y la cobramoches de Texcoco, Delfina Gómez, hoy secretaria de Educación —jaja—, ungida con el Santo Crisma de Andrés Manuel, que no le extingue los pecados pero pero le garantiza impunidad. Gutierritos tenía que llevarse con él a Miguel Ángel Luna Modesto por los servicios prestados a Morena en campaña. Llevó el manejo de imagen de candidatos morenistas y hasta de otros partidos, siempre y cuando sirvieran para enfrentar a la alianza PRI-PAN-PRD en Veracruz.

Uno de ellos, Roberto Montiel Montiel, hermano de Marcelo, impuesto a la coalición Morena-PT-Verde, en Puente Nacional.  Metió la mano, también, en Coatzacoalcos. Uno de sus allegados, Pablo Estrada, elaboró el trabajo visual del entonces candidato de Morena a la alcaldía, Amado Cruz Malpica, pero en Tuxtepec fue estridente hasta que la fauna de prensa se hartó.

Cuatro historias de tono escandaloso: Gutierritos, ligado a los políticos de pasado carcelario y de impunidad; Luna Modesto, exhibido por Olmeca TV con el trafique de convenios publicitarios; Marcelo Montiel, mentor de Miguel Ángel Luna, arrastrando la deuda de Coatzacoalcos, el expediente negro que le elaboró su sucesor en la alcaldía, Iván Hillman Chapoy, la maniobra para que Pancho Colorado, el lavador de dinero de Los Zetas y amigo de Fidel Herrera, regresara un predio de la reserva territorial de Coatzacoalcos (estando en prisión en Estados Unidos cómo pudo firmar la devolución) y las denuncias aún vigentes en la Fiscalía General de la República por el robo, simulación, desfalco de recursos de la Sedesol federal en Veracruz, llevando a Víctor Rodríguez Gallegos como su operador financiero, y Pablo Estrada Tenorio, aquel que lo mismo insulta a una ciudadana —“Vas y chingas a tu madre”, siendo asesor del alcalde de Tuxtepec—, que protagoniza y libra un escándalo por espionaje a periodistas, guerra de lodo, hostigamiento cibernético y atentado a la libertad de expresión. Y Miguel Ángel Luna como vértice del cuarteto infernal. Hoy es el nuevo vocero de la Cámara de Diputados por obra y gracia de Gutierritos, el que gusta de vestir con tonalidades tan chillantes que cualquier payasín se ve sobrio y recatado…

Azucena alzaba la voz en el Congreso, en las calles, en los medios, en las redes, y hoy está en prisión. Siendo diputada federal, Azucena Rodríguez Zamora tomó la bandera del asedio a alcaldes perredistas, de los presos políticos, del encarcelamiento de Rogelio Franco Castán, dirigente del Partido de la Revolución Democrática en Veracruz, ex secretario de Gobierno en el yunismo azul, al que el régimen de Morena retiene en prisión violando amparos, desacatando a jueces federales, inventando delitos y más delitos, al que no suelta para que no sea diputado federal plurinominal. También encabezó marchas reclamando la libertad de Gregorio Gómez, quien fuera candidato a la presidencia municipal de Tihuatlán por la alianza PRI-PAN-PRD. En medios de comunicación y redes señalan una relación sentimental entre Azucena y Goyo Gómez. Horas después que Azucena Rodríguez dejó su encargo como diputada federal perredista, fue aprehendida. Se le imputa un homicidio, el de su ex esposo, Nicanor Martínez Olguín, ex candidato a alcalde suplente por Morena en Tihuatlán y uno más en grado de tentativa. Sigue creciendo la lista de presos políticos del gobernador Cuitláhuac García, con la venia de López Obrador…

Atentado en 35 segundos. Tres individuos, a pie, se sitúan en el camellón, frente al edificio de paredes oscuras, amplias ventanas, de tres plantas y portón de aluminio, el feudo de Olguín. Desenfundan las armas. Lanzan disparos, dejando verse los fogonazos en la oscuridad cuando el reloj marca las 23:06 horas de aquella noche del día 5, primer domingo de septiembre. Uno de los sicarios dispara una sola vez; el otro vacía las seis balas de su arma. Sólo cinco segundos de ráfaga —de las 23:06:32 a las 23:06:37— contra la fachada del inmueble. Luego uno de los sujetos le entrega un objeto, presuntamente una bomba de fabricación casera —o una granada—, a su compañero.

Éste cruza la calle, se dirige al edificio y ahí la deja tras activarla, mientras los otros se alejan. Pega la carrera y se une a sus secuaces, corriendo todos, saltando el camellón y tomando la acera norte de la avenida Cuauhtémoc hasta llegar a la esquina y perderse sobre la avenida Independencia. Eran las 23:06 con 52 y el artefacto no estalló. Les llevó 35 segundos perpetrar el ataque. El objetivo fue el edificio del contador Marco Olguín. ¿Por qué? Al amanecer el área fue cercada. Varias patrullas y elementos policíacos de a pie resguardaban el sitio del atentado. Y luego el show. Se tardaron nueve horas en desactivar la bomba que nunca cumplió su misión…

¿Quién impone a Laved Israel Venegas Durán en la Academia Regional de Seguridad Pública del Sureste? ¿Acaso la orden viene del general Audomaro Martínez Zapata, titular del Centro Nacional de Inteligencia, antes Centro de Inteligencia y Seguridad Nacional (Cisen), el militar, ya en retiro, más cercano a Andrés Manuel López Obrador? Oriundo de Tabasco, Venegas Durán debió pasar por el aval del Congreso de Veracruz para ocupar ese cargo con una dispensa por no ser veracruzano. Se hicieron de la vista gorda por las críticas a su rol como guarura de políticos en campaña, en Tabasco. Su función es la formación policíaca, pero su misión real es vigilar a la Secretaría de Seguridad Pública estatal, cómo opera, cómo se comporta la tropa de Hugo Gutiérrez Maldonado, alias Hugo Pistolas. Por algo Laved Israel Venegas Durán está ahí…

 

 

Segada su vida, acribillado a mansalva, con Jacinto Romero se activan las alarmas que presagian un escenario violento, de sangre, para la prensa, como si Javier Duarte anduviera libre, como si habitara en palacio, como si hubiera encarnado en Cuitláhuac, el morenista, el que desgobierna Veracruz.

Jacinto sintió el cerrón. Del otro auto que le bloqueó el paso descendieron los sicarios. Y en instante el ataque. Sobrevino la descarga perforando el parabrisas, las balas impactando su cuerpo, la muerte que es oscuridad infinita.

Aquella mañana del 19 de agosto, Ixtaczoquitlán, municipio conurbado a Orizaba, se cimbró, más que con las fosas clandestinas, las casas de seguridad donde confinan a los secuestrados. Se cimbró su círculo más íntimo, su familia y sus amigos. Y el gremio de prensa. Y Veracruz entero. 

Van 15 días y de los matones, nada. Ni de la mente que urdió el crimen. Van 15 días y para Jacinto Romero Flores no hay justicia.

Van 15 días y del policía Cristian Anastasio Quechulpa, al que Jacinto Romero mencionó en su columna El Enano del Tapanco que había disparado contra un ciudadano, Efrén Cano Tepole, nada. Ni de su tía, la síndica de Texhuacan, Salustia Romero, a quien le impactó el señalamiento.

Jacinto Romero alternaba sus columnas con la conducción de un programa de radio, Dígalo Sin Miedo, en Oristereo, en horario estelar. Solía subir a la zona serrana, a Zongolica y otros poblados recogiendo voces y quejas, demandas y denuncias, el retrato de la desigualdad y el atropello, la lucha diaria de los olvidados contra los hombres de dinero y poder, los caciques y sus víctimas.

Van 15 días del crimen y de las dos líneas de investigación que sigue la Fiscalía del Estado, nada.

Las primeras 24 horas, pregonaba el secretario de Seguridad Pública de Veracruz, Hugo Gutiérrez Maldonado, son clave. Habían rastreado. Habían husmeado. Tenían —decía— información que llevaría al esclarecimiento del asesinato del periodista Jacinto Romero Flores.

Son ya 360 horas —15 días— y de los autores materiales y de la mente que urdió el crimen, nada. La inacción, el silencio, la pasividad, la simulación de la Fiscalía General de Veracruz y la coadyuvancia de la Secretaría de Seguridad, es vil complicidad. La fiscal espuria, Verónica Hernández Giadáns no mueve un dedo y Hugo Pistolas le ayuda a no moverlo.

“Que no te metas con mi gente hijo de tu puta madre, deja de escribir mamada. Por eso se los carga la v…ga. Ya debes muchas Jacinto Romero. Y esta fue tu última”, decía una de las amenazas que recibió en un chat Jacinto Romero, seis meses antes del ataque.

Otras denuncias periodísticas le valían reclamos y nuevos amagos. Un día citó las tropelías de una mujer, Miriam “N”, con recursos del Jardín de Niños Canek, unos 60 mil pesos. Un tipo que se identificó como Luis del Monte amenazó a Jacinto y a su familia. Decía tenerlo ubicado.

Pero la Fiscalía anda en el limbo. O en Babilonia. Su titular, Verónica Hernández Giadáns, sólo sirve para el atropello legaloide, el encarcelamiento de los adversarios del desgobernador Cuitláhuac García Jiménez, siguiendo la línea infame, la fabricación de culpables, la inquina y la mala leche que va nutriendo las cárceles veracruzanas de presos políticos.

Tras el crimen de Jacinto Romero se alzó la voz de la prensa, revolviéndose los recuerdos, los reclamos, la exigencia de hacerle justicia a los periodistas caídos.

Hablan los amigos, los periodistas, los analistas y el gobierno aberrante de Veracruz no acciona. Aportan pistas, datos, nombres, y el tapiado mental de palacio ni se inmuta. La muerte de Jacinto Romero es tratada con desprecio, como si la mente de Duarte habitara en Cuitláhuac.

A Javier Duarte le mataron 17 periodistas; a Fidel Herrera Beltrán, seis; a Miguel Ángel Yunes, cinco, y Cuitláhuac lleva cuatro. Y aún no llega a la mitad de su sexenio.

Duarte fue cruel, soberbio, torpe, de mente torcida, inaugurándose con una desaparición, la de Noel Olguín, el 8 de marzo de 2011, en Jáltipan, siendo hallado su cuerpo en una fosa clandestina el 11 de junio de ese año, y luego una sucesión de agravios, ejecuciones, cuerpos mutilados, acribillados. Siguieron Milo Vela, columnista de Notiver, su hijo Misael y su esposa Agustina, asesinados en su hogar, en el puerto de Veracruz.

Semanas después, el hallazgo del cuerpo mutilado de la jefa de la sección policíaca de Notiver, Yolanda Ordaz. Meses más tarde, el 28 de abril de 2012, el asesinato de Regina Martínez, corresponsal de la revista Proceso, maestra universitaria y una de la periodistas más respetadas por su calidad profesional y agudos reportajes, a la que el gobierno duartista intentó enlodar.

Y luego una cadena mortal: Gabriel Huge, Guillermo Luna Varela, Esteban Rodríguez, Víctor Manuel Báez Chino, Gregorio Jiménez de la Cruz, Moisés Sanchez Cerezo, Armando Saldaña, Juan Mendoza, Anabel Flores, Manuel Torres, Rubén Espinoza Becerril y Pedro Tamayo.

Y Duarte soberbio, inventándose reconocimientos tan absurdos como impúdicos: un premio por ser defensor de los periodistas y la creación de la Comisión Estatal de Atención y Protección a Periodistas, que sirvió para lavarle las huellas de sangre de los caídos que salpicaban su inmensa humanidad; vidas arrebatadas por el crimen organizado que así le calentaban la plaza, lo iban doblegando, exigiendo cuotas, amagando con más asesinatos si no les concedía espacio de poder.

Un día, sin más, Javier Duarte soltó tres frases suicidas: “Se va a sacudir el árbol y caerán las manzanas podridas”; “pórtense bien”, y “entre ustedes hay algunos que sirven a la delincuencia organizada”. Y que le caen el cascada los asesinatos.

Ahora es Eric Cisneros Burgos, secretario de Gobierno, quien vomita lodo. A la prensa crítica, la que no secundó la embestida para destituir al fiscal yunista, Jorge Winckler, la increpaba. “Aquí vamos a ver quién está del lado de los veracruzanos y quién quiere ser cómplice de un pequeño grupo de personas que ni siquiera son veracruzanas”.

Otro día fue levantado el periodista Marcos Miranda Cogco y su esposa reveló que Eric Cisneros lo había amenazado. Uno más, amagó con proceder penalmente contra el periódico Notiver. En otro episodio se lanzó contra El Dictamen iniciándose una auditoría contra el rotativo.

Cuitláhuac es una vedette. Se engalla en las conferencias. Increpa a la prensa. Se irrita, manotea, se contonea, se quiebra. Asume ese hablar cantinflesco que detona burlas y risa, descalificando a la prensa crítica. Y Veracruz entero se ríe de él.

La policía de Hugo Gutiérrez tiene otra misión: apalear periodistas. En las coberturas de prensa, embiste con sus escudos, golpea con los toletes, insulta sin distingo a varones y mujeres. Un operativo para retirar a ciudadanos que bloqueaban la autopista Coatzacoalcos-Villahermosa terminó una abierta agresión, amenazas y robo de teléfonos a periodistas.

Vulnerada la prensa, atacada por el gobierno morenista, el baño de sangre se ve venir. El ambiente es hostil, como en los tiempos de Duarte. La agresión es constante, como en los tiempos de Duarte. El linchamiento a los críticos es feroz, como en los tiempos de Duarte.

Cuando los cárteles ataquen periodistas, sólo para calentarle la plaza, Cuitláhuac será otro Duarte. Y terminará como Javier Duarte.

El otro tema es la justicia a los caídos. Veracruz sigue en la mira de gobiernos extranjeros por su condición de entidad en que la prensa es hostigada, vulnerable, perseguida, amenazada y a la fecha ningún periodista asesinado ha recibido justicia.  

Alertan, pues, tres entes de peso moral: la Unión Europea y los gobiernos de Noruega y Suecia. Exigen una investigación a fondo, transparente y apegada a la legalidad en el crimen de Jacinto.

Otros organismos internacionales —Reporteros Sin Fronteras, Artículo 19, Comité para Protección de los Periodistas— urgen que la investigación sea independiente, ajena a intereses, sabiendo que una de las líneas de investigación del crimen de Jacinto Romero son las amenazas policíacas.

Pero Cuitláhuac no capta nada. No ve, no huele, no siente. Es un adorno inservible en los pasillos de palacio. No entiende que cada periodista agredido, asesinado, va definiendo el tamaño del régimen criminal que detenta el poder.

No advierte que la sangre de la prensa lo va a salpicar.

 Archivo muerto

Olga era el cero a la izquierda ideal. Y cuando se tuvo que ir, se fue. Como autómata, arrinconada, la ministra no se acercaba al fuego político, a los actores del conflicto electoral, a candidatos y lideres, a los hombres de poder. Olga Sánchez Cordero servía para el show. A Baja California la envió su patrón, Pejetustra López Obrador, a soltar que la extensión de mandato del gobernador era legal.

Y la Corte a la que ella perteneció, sentenció que no. Fue testigo mudo, actor pasivo, convidada de piedra en el proyecto de militarización de México, callada y cómplice en la violación de derechos humanos de los migrantes, la paliza de la Guardia Nacional a los indocumentados que trasponen la frontera sur.

Y así un arsenal de omisiones y silencios hasta que renunció —o la echó Andrés Manuel— de la Secretaría de Gobernación. Sólo fue digna, de palabra, con el movimiento feminista, al que el presidente desdeña. Julio Scherer Ibarra no fue mejor. Consejero jurídico de la Presidencia, tomó la ruta alterna intentando ser el operador político que le diera viabilidad a la Cuarta Transformación. Otro fiasco. Al consejero jurídico le rebotaron en el Poder Judicial de la Federación todas las leyes aprobadas por mayoriteo en el Congreso, frenadas con amparos, con suspensiones provisionales o definitivas.

Su operación política estaba condenada al fracaso. Si López Obrador es un fanático de la confrontación política, cero conciliación, Julio Scherer nada iba a lograr. Y nada logró. Se fue cuando Olga Sánchez Cordero renunció a Gobernación, llegó Adán Augusto López Hernández y el Peje le retiró facultades y lo dejó sin brazos. ¿O acaso Scherer pretendía ser el nuevo secretario de Gobernación? Así anda el desastre en el feudo de Andrés Manuel. Más de 20 renuncias de secretarios y funcionarios de alto nivel en tres años de gobierno.

El gabinete hace agua, se hunde y el capitán del cayuco no lo termina de ver… Sus expedientes son, por decir lo menos, deplorables. No hacen justicia; lucran con ella. No se ciñen al marco legal; lo tuercen. Así, dos jueces de Coatzacoalcos serán removidos en breve. Uno de ellos, juez civil, carga un historial de trampas y chicanas legales, juicios inventados, resoluciones con las que exhibe su bastarda misoginia, fallos al mejor postor. El otro es una ficha. Cobijados por magistrados sin ética, la mafia del Poder Judicial de Veracruz, llegaron a Coatzacoalcos y se dedicaron a medrar. La carga de sus desmanes la soportan los magistrados que les dieron cuerda, los cómplices que los enviaron a robar…

Y al tercer mes, el PRI sigue en shock. Vapuleado por Morena, el priismo de Coatzacoalcos no sabe si mantener la cabeza bajo tierra, aplicarse la ley fuga o renunciar a hacer política. No asumen que el efecto Duarte, por cómplices, por nunca haber alzado la voz, los hundió. Imaginaron que por ser PRI, el electorado les daría el voto a ciegas, como si las raterías de las hordas priistas en ayuntamientos y gobierno de Veracruz, el saqueo a las arcas, las bandas ligadas o adheridas al duartismo actuando como viles ladrones, ufanándose de lo robado, presumiendo las mansiones, los yates, el derroche, se podría perdonar. Morena, con todo y sus mil defectos —su alcalde Víctor Manuel Carranza convertido en una nulidad, atropellando la ley; un ayuntamiento mediocre, infestado de corrupción, atestado de delincuentes, un narcomenudista, hijo de futura regidora, un secuestrador, un robacarros—, tuvo mejor preferencia electoral.

El PRI se armó sobre arena suelta, sin cimientos, con un candidato repudiado, Carlos Vasconcelos, de ínfimo perfil, asociado a la extorsión que aplican los operadores cetemistas con todo aquel prestador de servicios o constructor que emprende un proyecto. Mal candidato, nula estructura electoral, el efecto Duarte vigente, la derrota se dibujaba. Morena le pegó dos a uno el día de la elección.

Y si no hay relevo generacional en el PRI, y si no se aplica una purga, y si los ilusos y los fanfarrones, los Octavio Sen, los Cedano, los Concepción, siguen simulando que saben operar, en tres años más Morena los terminará de pulverizar… Genio y figura, malandrín hasta la sepultura. Camina Sergio Guzmán Ricárdez rumbo al Congreso de Veracruz dejando trampas, transas, tretas, simulación, cuentas que no cuadran, cuentas que huelen a desfalco y a fraude fiscal en el ayuntamiento de Agua Dulce. El Órgano de Fiscalización Superior de Veracruz (Orfis) le detectó más de 7 millones de pesos en la Cuenta Pública 2020. Son siete observaciones de carácter administrativo que importan 4 millones 457 mil 942.05 pesos, y dos de carácter técnico en relación a la obra público con un monto de 2 millones 780 mil 122.96 pesos.

En total, 7 millones 235 mil 065.01 pesos. Para Orfis, se presume daño patrimonial a las finanzas públicas y plantea fincar y determinar daños y perjuicios. Y así cada año. Sergio Guzmán ha sido el peor alcalde de Agua Dulce, con una obra mediocre, de ínfima calidad, asignando obra de forma directa a sus amigos, sin licitación pública; violando protocolos para la compra de equipo para la Policía Municipal y dejando de pagar impuestos federales. El desastre, sin embargo, es mayor. Agua Dulce se convirtió en zona de impunidad para el crimen organizado, proliferando la extorsión y el homicidio, la zozobra ciudadana.

Y el alcalde en jauja, trepado en el ladrillo del poder. Va al Congreso de Veracruz a levantar el dedo y a “gestionar cosas”, como refiere en una reciente entrevista. Y cuando se le insiste en sus prioridades, las comisiones en que desearía participar, le aflora la pobreza intelectual: “gestionaré cosas”, dice Sergio Guzmán. Vaya ejemplar. Mientras, Orfis lo evidencia. Por tercera ocasión le halló inconsistencias en el manejo de las finanzas… 

Forjado en los congales, en los antros, en el baile y el cañabar, Cuitláhuac se mueve por igual en el bajo mundo que en las cloacas del poder, con los Duartes y los Bermúdez, usando la ley para cobrar afrentas ajenas y retener en las cárceles a Rogelio Franco, Bernardo Segura, Goyo Gómez y Nicolás Ruiz, los presos políticos del gobernador.

A Franco no lo quiso soltar, violando el amparo emitido por un juez federal que tiró la vinculación a proceso y prisión preventiva de ocho meses, arrimándole más delitos para mantenerlo en prisión.

A Bernardo Segura, ex subsecretario de Finanzas en el yunismo, le inventa tantos delitos como días tiene el calendario.

A Goyo Gómez, ex candidato a alcalde de Tihuatlán por la coalición PRI-PAN-PRD, lo levantan policías ministeriales al estilo narco, el arma en la mano, tirando madrazos, arrastrando a su víctima, para luego, una vez evidenciados en videos, entregarlo a un juez.

A Nico Ruiz, e candidato a presidente municipal de Minatitlán, le imputan una privación ilegal de la libertad y lo envían a un penal de Oaxaca donde permanece aún.

Es la represión política grado 4T.

Abusivo del poder, Cuitláhuac García Jiménez ha hecho del Caso Franco un vodevil infame, bailando sobre la sentencia de amparo que ordenaba la libertad del ex secretario de gobierno yunista, sin calcular que le detonaría una mina explosiva que lo exhibe como tapete y trapeador del duartismo, cómplice de la liberación de ladrones y criminales que sirvieron —y sirven— al convicto saqueador Javier Duarte.

Un juez federal, Ricardo Mercado Oaxaca, concedió a regañadientes el amparo a Rogelio Franco Castán. Dilató la sentencia cuanto pudo —135 días— y ya con la presión encima, las marchas y los mítines, la voz de las hijas del perredista acusando que un montaje policíaco servía para retenerlo en prisión intentando evitar, primero, que fuera candidato a diputado federal y luego que llegara a San Lázaro, tuvo que ceder.

 

La sentencia valió poco. Cuitláhuac lo retuvo en prisión. Pasaron las horas, los días, extinguiéndose la esperanza, viendo la libertad desvanecerse hasta sentir la nueva trastada del gobernador. Vía la Fiscalía de Veracruz, le imputa tres nuevos cargos: abuso de autoridad, extorsión y delitos cometidos por servidores públicos. La línea es retenerlo y no dejarlo ir.

La duda se disipa. A Cuitláhuac le gustan los presos. Y los presos políticos más. Colecciona presos políticos como los dictadores infames de gorilatos militares y los sátrapas con poder, como los farsantes mesiánicos y los tarados funcionales, violentando leyes, usando a jueces de utilería que sin chistar emiten nuevas órdenes de aprehensión, vinculaciones a proceso, prisión preventiva oficiosa que serán revertidas en otras instancias de la trama judicial.

Bailarín de cantina, gobernador por accidente, Cuitláhuac García no podría haber invocado peor argumento para retener a Rogelio Franco en prisión que traer al teatro del asco a Arturo Bermúdez Zurita, ex secretario de Seguridad de Javier Duarte, y vestirlo de víctima, disfrazarlo de ángel, venderle a los veracruzanos que Bermúdez no es el tirano que sí es.

Alias Capitán Tormenta, Bermúdez encarna el lado más siniestro del régimen duartista. Lo más suave ha sido el enriquecimiento bárbaro. Lo más ilustrativo, la tortura y el crimen, la desaparición forzada, los cuerpos de élite en Seguridad Pública —Fuerza de Reacción de la División y Fuerzas Especiales “Los Fieles”— cuya misión fue capturar, exprimir, silenciar, asesinar y borrar todo rastro de la gente —civiles, policías, presuntos halcones, presuntos zetas— que caía en sus manos.

Esa es la “víctima” por la que se inmola el gobernador morenista.

Bermúdez Zurita carga con el crimen de Tierra Blanca. Ahí, su policía levantó a cinco jóvenes que se trasladaban del puerto de Veracruz a su natal Playa Vicente. Los entregó a una célula del Cártel Jalisco Nueva Generación en un rancho de un operador duartista, ligado al ex tesorero del estado, Antonio Tarek Abdala Saad, el consentido de Karime Macías Tubilla, aunque ahora el ex gobernador Javier Duarte de Ochoa lo llama traidor.

De los jóvenes nada quedó, si acaso una camisa con una mancha de sangre y un fragmento de hueso. De los testimonios de los detenidos surgió la hipótesis de que fueron confundidos con zetas, torturados, asesinados y disueltos en ácido.

Aquella policía operaba bajo el mando de Marcos Conde Hernández, el superpolicía de historial siniestro al que Bermúdez le permitía todo, absolutamente todo.

Y qué decir de los ocho policías municipales en Úrsulo Galván, levantados por las fuerzas de élite de Seguridad Pública de los que nadie volvió a saber. Sus esposas, sus madres, sus hijos claman por ellos, lloran por ellos, se duelen por ellos y exigen saber quién se los llevó y por qué.

Unos y otros desaparecieron, o fueron torturados, o se les arrancó la vida de tajo. Y de ahí el delito lesa humanidad que alcanza a Bermúdez, que no prescribe y que irremediablemente enfrentará en cortes internacionales.

Esa es la “víctima” con la Cuitláhuac retiene a Rogelio Franco en prisión.

Duartista de cepa, el gobernador se aplica en imputarle al yunismo un pacto con Javier Duarte y su banda criminal. Difunde fotografías en que se observa a Miguel Ángel Yunes Márquez junto al ex gobernador Duarte; una más de Chiquiyunes con la ex presidenta del Congreso de Veracruz, la fidelista Carolina Gudiño Corro.

La patraña es de risa. No es lo mismo un pacto político —un aberrante pacto entre PRI y PAN, entre yunistas y fidelistas— que un pacto criminal como los que suscribe el gobernador.

La fotografía de Duarte y Chiquiyunes corresponde a cuando uno era gobernador y el otro delegado de Oportunidades en Veracruz; es una foto institucional. Años después vendría la embestida yunista que quebró el proyecto Fidel-Duarte para perpetuarse 30 años en el poder, la derrota del PRI en 2016 y la cacería de Javier Duarte hasta refundirlo en prisión.

La imagen de Chiquiyunes y Carolina Gudiño es un evento de campaña de la coalición PRI-PAN-PRD este 2021. Yunes Márquez, propuesto por el PAN, contendía por la alcaldía de Veracruz hasta que los tribunales electorales lo declararon inelegible por falta de residencia efectiva; Carolina, postulada por el PRI, era candidata a diputada local por el distrito XV, que finalmente perdió.

Fue un pacto político que mereció una avalancha de críticas. El pragmatismo de unos y otros, los Yunes y los hijos políticos de Fidel Herrera, exhibió el cinismo y la apuesta a la desmemoria ciudadana como si los veracruzanos olvidaran que Miguel Ángel Yunes Linares, el jefe clan panista, acusó y acreditó que la campaña de Herrera Beltrán, en 2004, recibió recursos del Cártel del Golfo.

Pacto político, también, el de Morena con priistas, panistas, perredistas; con fidelistas y duartistas. Pacto con la bendición de Andrés Manuel López Obrador cuando en Xalapa Morena montó pasarela e hizo desfilar a Domingo Bahena (PAN) y Alberto Mijangos (PRI).

Entregó parte de la operación electoral a los fidelistas Erick Lagos y Jorge Carvallo; al ex alcalde de Coatzacoalcos, el priista Marcelo Montiel, a Mónica Robles, ex diputada local que llegara al Congreso en tiempo de Javier Duarte bajo las siglas del PRI-PVEM; a los líderes petroleros de Minatitlán, Agua Dulce, Poza Rica, donde Morena ganó las presidencias municipales.

Cuitlahuac se dio un tiro en el pie. El duartista es él. El que libera duartistas es él. El que facilita que los Bermúdez, los Fisculines (Luis Ángel Bravo Contreras), los Audirac, los Flavinos, los Valencias y las Ginas dejen la prisión de Pacho Viejo, es él.

A los policías imputados de desaparición forzada, implicados en tortura, asesinato de compañeros de corporación y de civiles, presuntos halcones, y de ciudadanos sin delito que acreditarles, Cuitláhuac García les abrió las puertas de la cárcel, el 24 de diciembre de 2019, como le señaló la diputada Maryjose Gamboa Torales.

Y el 15 de enero de 2020 la Fiscalía General de Veracruz, controlada por Cuitláhuac García, retiró cargos por tráfico de influencias y enriquecimiento ilícito al Capitán Tormenta, alias Arturo Bermúdez.

Un caso, el de Rogelio Franco, lo obsesiona. Es su preso político de cabecera. Y en su delirio detona escaramuzas políticas y la reacción de sus adversarios, aflorando la evidencia, los nombres, las fechas, los datos, la complicidad y el uso del poder que acreditan que el duartista es el gobernador.

Abierta la Caja de Pandora, Cuitláhuac no avizora, aún, lo que está por venir.

Archivo muerto

De tú a tú, las magistradas se dan con todo. Yolanda Cecilia Castañeda Palmeros le dice a Isabel Romero Cruz, presidenta del Poder Judicial, desmemoriada y súbdita del gobernador y de su mafia del poder, ignorante en lo más elemental. Y en reciprocidad, Isabel la echa del Tribunal. Pasa a retiro por edad —70 años— la prestigiada magistrada, de carrera brillante y exabruptos geniales, algunos procaces —“ahora cualquier pendejo puede ser magistrado”— que retratan de qué lodos está construido el Poder Judicial de Veracruz.

La pasan a retiro cuando la magistrada Castañeda ya había externado su fastidio por el rejuego político del Tribunal Superior de Justicia, las corruptelas, el desfalco de las arcas, la desaparición de reservas, la complicidad con los ladrones, la simulación de disminuir salarios cuando el boquete financiero tiene otra solución —pagarían los magistrados lo que otros se robaron—. Puntillosa con Isabel Romero Cruz, Cecilia Castañeda expresó que a la presidenta del Tribunal se le olvidan los rostros y se apoya en un auxiliar que es su guía y su luz. Harta de todo, advirtió que se iría y su contraparte le dijo que para luego es tarde. Y ordenó vaciar su oficina, revisar cada rincón, apretando con la contraloría interna como si a Yolanda Cecilia Castañeda alguien le pudiera cuestionar su honestidad.

Caótico, el máximo tribunal es un circo de tres pistas, payasos y maromeros, fiel reflejo de un gobernador inútil, Cuitláhuac García, de una pandilla que lo ayuda a atropellar la ley —una magistrada presidenta títere— y a manejar con torpeza brutal al Poder Judicial de Veracruz… Seis meses antes del ataque, la amenaza llegó puntual. “Que no te metas con mi gente hijo de tu puta madre, deja de escribir mamada. Por eso se los carga la v…ga. Ya debes muchas Jacinto Romero. Y esta fue tu última”. Jacinto Romero Flores circulaba en su automóvil compacto sobre el bulevar Potrerillo, en Córdoba, cuando a eso de las 10:45 de la mañana, este jueves 19, fue alcanzado por las balas que lo ultimaron.

Era autor de la columna El Enano del Tapanco y conductor del programa de radio Dígalo sin Miedo para la estación Oriesterio. Solía cubrir la región de Zongolica donde ventilaba los problemas sociales de aquellas comunidades. Una de sus publicaciones causó un revuelo inusitado cuando señaló al policía Cristian Anastasio Quechulpa, sobrino de la síndica de Texhuacan, Salustia Romero Anastasio, de haber disparado contra un joven de nombre Efrén Cano Tepole. El asesinato de Jacinto Romero, quien contaba con 61 años de edad, suscitó una reacción airada, condenas en el medio periodístico y pronunciamientos de organismos internacionales como Reporteros Sin Fronteras que exige una investigación a fondo. Veracruz es la entidad más peligrosa para el ejercicio del periodismo, contando con el mayor número de comunicadores asesinados en México…

Como en los tiempos de Fidel Herrera y Tony Macías, el robo tierras va in crescendo. Corifeos del gobierno morenista de Veracruz, orquestan la compra ficticia de un predio al poniente de Coatzacoalcos, valiéndose de un contrato privado que adolece de datos falsos, firmas chuecas, notificaciones judiciales que nunca se realizaron de acuerdo al protocolo. Ubicado sobre avenida Universidad, frente a Chedraui 3, el terreno es codiciado por su dimensión —11 mil 400 metros cuadrados— y por su valor comercial. Es parte de la Sucesión Bringas, pero se lo quieren tirar hacia el patrimonio personal de los sedicentes transformadores de Veracruz. El contrato privado lleva como fecha falsa el 17 de julio de 1992 y en él se simula que Raúl Bringas Burelo, entonces albacea de la Sucesión Bringas, habría vendido el predio. El documento es tan burdo que cita calles y colindancias que en esas fechas no existían. El voraz “comprador” sería Juan Rivera, alias Juan Tampico, un conocido vendelotes.

De acuerdo con los abogados, la firma de Raúl Bringas es a todas luces falsa. Otro abogado, ligado inicialmente al caso, conoció los esfuerzos realizados para falsificar la firma de Raúl Bringas y a qué notario ya retirado se le encargó la treta, el cual recibió un jugoso pago de 2 millones de pesos. La segunda parte de la trama detona en los juzgados en materia civil de Coatzacoalcos donde fue a parar la falsa operación de compraventa. Por años se pretendió inscribir la “compraventa” en el Registro Público de la Propiedad de Coatzacoalcos, sin lograrlo porque el documento es un auténtico embuste. El notario número uno de San Andrés Tuxtla, Jaime Cerdán Hierro, fue requerido por la Fiscalía de Veracruz y en su informe consta que en 1995 se registró una “donación” entre Raúl Bringas y Juan Rivera, alias Juan Tampico, pero nada que ver con una “compraventa”. O sea, dos documentos: uno sobre una donación y otro por una compraventa; y el predio es el mismo. Un galimatías, un enredo, un fraude maquinado que implica a un connotado miembro del clan morenista, cercanísimo al gobernador Cuitláhuac García Jiménez, notarios, fiscales y personal de los juzgados civiles de Coatzacoalcos…

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