17 de enero de 2026

AGN Veracruz

Por Silvia Núñez Hernández

Hago pública la siguiente carta vecinal enviada a AGN Veracruz con el objetivo de alertar a la autoridad municipal y sobre todo a la alcaldesa del municipio de Veracruz, Rosa María Hernández Espejo, sobre una problemática que afecta de manera directa a una colonia residencial del municipio de Veracruz y que, durante años, fue tolerada pese a su ilegalidad.

Lo que aquí se expone no es una denuncia aislada, sino la descripción puntual de hechos verificables que implican violaciones a la normatividad de transporte, uso de suelo y orden urbano, con daños materiales y riesgos constantes para la población. La autoridad municipal no puede alegar desconocimiento.

Este llamado es público porque la omisión también genera responsabilidad.

CARTA VECINAL PÚBLICA

Colonia Campestre, zona Las Bajadas

Municipio de Veracruz, Ver.

Canalizada a: AGN Veracruz

Dirigida a la C.

Rosa María Hernández Espejo

Presidenta Municipal de Veracruz

Alcaldesa:

Por este conducto, vecinas y vecinos de la colonia Campestre, en la zona de Las Bajadas, hacemos público —a través de AGN Veracruz— el estado de abandono, deterioro y permisividad institucional que enfrenta nuestra colonia debido a la operación irregular de empresas de tráileres en una zona estrictamente residencial.

En nuestra colonia operan, de manera constante, tráilers de grandes dimensiones, principalmente madrinas que transportan automóviles chocados, cuyos dueños utilizan calles habitacionales como patios de maniobra, estacionamiento y zonas de carga, sin autorización y en abierta violación a la normatividad vigente.

Resulta particularmente grave que estas empresas sí cuentan con un espacio destinado para actividades industriales, como la Ciudad Industrial Bruno Pagliai, y aun así decidieron trasladar su operación a una colonia residencial, evadiendo controles, inspecciones y responsabilidades.

Las vialidades de la colonia Campestre no cuentan con carpeta asfáltica. Son calles de terracería que las y los vecinos emparejan periódicamente con recursos propios, cooperando para mandar a colocar escoria ante la falta de atención institucional. Sobre estas calles frágiles circulan y maniobran diariamente los tráilers, provocando:

Zanjas profundas y hoyos de gran dimensión

 • Desniveles severos que vuelven intransitables las calles

 • Destrucción constante del trabajo comunitario

 • Caída de cables de luz y telefonía

 • Daños a postes, bloqueos de accesos y riesgos permanentes para peatones

Cuando se solicita a los dueños de estas empresas que reparen los daños que generan, se deslindan, continúan operando y abandonan la colonia con los desperfectos. El beneficio económico es privado; el daño es colectivo.

Esta situación no fue accidental ni desconocida. Durante años, estas operaciones se realizaron con el aval político de la administración municipal encabezada por Patricia Lobeira, permitiendo que una actividad propia de una zona industrial se normalizara dentro de un entorno residencial. Hoy, esa permisividad tiene consecuencias visibles.

Es importante subrayar lo esencial:

La colonia Campestre no es zona industrial.

Es una colonia residencial, con población, familias y vida comunitaria que merece respeto.

Por ello, desde este espacio público, se exhorta a la autoridad municipal a:

1. Inspeccionar de manera inmediata la zona por parte de Tránsito, Desarrollo Urbano y áreas competentes.

2. Aplicar la normatividad de transporte y uso de suelo, prohibiendo el tránsito y operación de tráileres en zona residencial.

3. Retirar a las empresas y unidades que operan de manera irregular.

4. Imponer sanciones administrativas conforme a la ley.

5. Restituir las vialidades dañadas, con cargo a quienes provocaron el deterioro o mediante acciones municipales correctivas.

Gobernar también implica corregir lo que se permitió mal, restablecer el orden urbano y poner límites claros a quienes violan la ley.

La colonia Campestre no puede seguir siendo territorio de nadie.

Este llamado queda documentado y público.