
Una lista incómoda: la advertencia que sacude a Morena y al poder en México
Por Rebeca Solano
Una lista de políticos mexicanos presuntamente vinculados al crimen organizado, que habría sido elaborada en Estados Unidos y que —según versiones extraoficiales— estaría siendo utilizada por Donald Trump como mecanismo de presión contra el gobierno de Claudia Sheinbaum, comenzó a circular en redes y espacios políticos. La reacción no se hizo esperar: negación, burla, censura y descalificación inmediata.
Pero el impacto no radica solo en la existencia de gobernadores, senadores o exsecretarios señalados. Lo verdaderamente explosivo es que en esa lista aparece el número uno, el personaje intocable, el líder moral del proyecto, el hombre que durante 18 años buscó el poder prometiendo limpiar al país “de arriba hacia abajo”.
Si esa promesa era cierta, surge la pregunta incómoda:
¿Por qué los de arriba aparecen ahora como “los intocables”?
¿Dónde quedaron los “honestos”?
El problema no es la sorpresa, sino la coherencia. ¿Alguien cree seriamente que figuras como El Chapo, Ovidio Guzmán o Ismael “El Mayo” Zambada nunca hablaron? ¿Que guardaron silencio absoluto frente a procesos judiciales en Estados Unidos? ¿De verdad alguien cree que un proyecto político de casi dos décadas se financió solo con libros, conferencias y aportaciones voluntarias?
Una cosa es el dinero fiscalizado del IFE/INE, y otra muy distinta es el dinero real: el que no deja rastros, el que no se fiscaliza, el que compra silencios, lealtades y protección.
La ecuación es conocida: cuando un gobierno no enfrenta al crimen, lo protege; cuando lo protege, lo fortalece; y cuando lo fortalece, se convierte en parte del problema.
Por eso esta lista incomoda. Por eso duele. Por eso la atacan. Por eso dicen que no existe.
No es un chisme ni una ocurrencia de redes: es una advertencia.
Estados Unidos no está preguntando, está señalando.
Y México comienza a enfrentar una verdad incómoda: confió en un proyecto que hablaba de pueblo, pero operaba desde las alturas, con dinero sucio, pactos inconfesables y alianzas que nunca se transparentaron.
Si esta lista avanza, no caerá solo un político.
Se cae el discurso. Se cae la narrativa. Se cae el mito.
Por eso la pregunta final no es menor:
¿Todo es mentira… o ya entendimos por qué el fin de Morena no será electoral, sino judicial?
