24 de marzo de 2026

Refinería Dos Bocas convierte el “progreso” en crisis ambiental y social

Por Rebeca Solano

Lo que fue vendido como un motor de desarrollo hoy se ha convertido en un foco de contaminación, inundaciones y desplazamiento forzado. A casi dos años del inicio de operaciones de la refinería, habitantes denuncian que el municipio se está volviendo inhabitable.

En colonias como Lázaro Cárdenas del Río, ubicadas a espaldas del complejo, más de 50 viviendas están en venta o renta. Vecinos aseguran que las inundaciones, antes inexistentes, comenzaron tras la elevación del terreno para construir la refinería, lo que impide el flujo natural del agua hacia el mar y destruyó los pantanos.

El deterioro ambiental es evidente: olores insoportables, fauna muerta y aguas contaminadas forman parte del paisaje cotidiano. La situación ha provocado que familias enteras abandonen sus hogares, mientras pescadores reportan una drástica caída en su actividad debido a la contaminación.

En el sector educativo, padres de familia han solicitado la reubicación de escuelas cercanas a la refinería. Denuncian que niños presentan mareos, vómito y sangrado nasal, sin que existan estudios ambientales claros que garanticen su seguridad.

La preocupación aumentó tras la explosión del pasado 17 de marzo, señalada por familiares de víctimas como una posible negligencia dentro de las instalaciones. Acusan falta de protocolos y transparencia en la información oficial.

Autoridades municipales reconocen dificultades: pese a la magnitud del proyecto, no se han generado los empleos prometidos, mientras crece el descontento social.

Hoy, en Paraíso, el llamado progreso deja una pregunta en el aire: ¿desarrollo para quién y a costa de quién?