
Por Juan Carlos Cuevas Reyes
¡Veracruzanos, hombres y mujeres de conciencia!
El silencio de la montaña ha hablado y su eco es un grito de muerte. Lo que el Gobierno llamó «operativos de búsqueda» solo fueron paseos de uniforme en tanto que la vida de José Óscar y Diego Alberto se extinguía en el fondo de una barranca. Los representantes ejidales de Tenextepec, fueron devueltos por la tierra, ya inertes, víctimas de una barbarie que el Estado se niega a contener. Gobierno del Estado de Veracruz
¿De qué sirven los discursos de «paz social» cuando el campesino es arrojado a un abismo como si su vida no valiera el suelo que siembra?
Al mismo tiempo que el pueblo bloqueaba carreteras buscando una chispa de esperanza, los verdugos ya habían hecho su trabajo bajo el amparo de la sombra y la impunidad.
Esta es la justicia que ofrece la moda Nalhe: una ficha de búsqueda, una barranca y un entierro.
¡Basta ya de normalizar la tragedia!
La ejecución de estos dos hombres es el fracaso absoluto de una autoridad que ha dejado a los pueblos a merced de los lobos.
Al mismo tiempo que José y Diego eran arrancados de la vida por el plomo cobarde, la mercader de la sangre, (Custodiada por el estado mayor de bolsillo) se encontraba posando para la foto, cortando listones con Jesús Uribe, (el mismo que la arpía del discurso demagógico señaló como Narco alcalde).
Qué maravilla de transformación: ahora los veracruzanos pueden ser desaparecidos en vías de comunicación de primer nivel.
¿De qué te sirve un camino de 20 kilómetros si al final de él solo te espera una fosa común o el silencio de un pueblo aterrorizado.?
El que agradece migajas mientras le roban la vida, es un siervo que celebra su propia condena. El tirano te regala migajas de asfalto para que no veas la montaña de cadáveres sobre la que construye su trono.
¡Honor a José Óscar y Diego Alberto!
¡Justicia para Tenextepec!
¡Viva la Tierra y que muera el Mal Gobierno que la desangra!
