
Por Mussio Cárdenas Arellano
Allá, en la burbuja, aferrado al discurso falaz, Pedro Miguel Rosaldo quisiera no ver la realidad de Coatzacoalcos, ni a los que exigen agua bloqueando calles, a los que viven entre drenajes desbordados, a los que sufren la violencia de los cárteles.
Simula que la vida política se finca en las cifras, en los números, en la frialdad de la estadística, al tiempo que, granuja como es, echa a la calle a empleados del DIF y corretea con la policía a trabajadoras de la Comisión Municipal de Agua y Saneamiento de Coatzacoalcos.
Así practica el humanismo mexicano.
Pedro Miguel Rosaldo, alias el alcalde de Coatzacoalcos, tiene mucho de hipócrita y poco de político, surgido de una ocurrencia genial, la que tuvo un día Norma Rocío Nahle García, su pilmama política, al inventarlo como empleado, luego candidato de Morena y al final, presidente municipal. Todo en tiempo récord.
Adicto a la parafernalia, a la métrica y las variables, sus dos muletillas más recurridas, el tecnócrata rinde un informe de los Cien Días sólo para medir si su ego sigue igual o ya creció.
Se pavonea en lo que ha hecho –lo mínimo que todo alcalde debe hacer–, tomando como referencia a su antecesor, el también morenista, Amado Cruz Malpica, el mayor ícono del desastre, de la indiferencia, del valemadrismo y la corrupción.
Cuenta que halló una recolección de basura infame con el 20 por ciento del parque vehicular caminando –algo que aquí se publicó hace casi un año– y que ya lo tiene al 85 por ciento de capacidad. No revela a quién le renta y a qué costo los camiones “nuevos modelo 2025”, que pasan la mitad de la semana en el taller de mantenimiento por su estado deplorable.
Se ufana de un incremento del 62 por ciento en los ingresos municipales comparándolo con el ejercicio 2022 justo cuando el alcalde era Cruz Malpica y el titular de esa área era el ex subprocurador, Jorge Yunis Manzanares, el mago de los giros negros y las cifras turbias, señalado en una investigación de la hoy Fiscalía General de la República por ligas con Braulio Arellano, alias “El Gonzo”, entonces líder zeta en el sur de Veracruz, según la averiguación previa PGR/SIEDO/UEIDCS/528/2009.
Pedro Miguel presume una reducción en el gasto del ayuntamiento de 60 millones de pesos, dinero que dice haber aplicado a inversión pública.
Habla del bacheo, de los 9 mil metros cuadrados de rezago, de los cuales ya abatió 4 mil.
La treta es usar el caos que heredó de Amado Cruz Malpica para montar un aparato de propaganda que lo exaltara por andar en las colonias, en las calles, en la playa, la fotografía y el video evidenciando que sí camina, que sí recoge basura, que se mancha las manos, que sí ordena atender las quejas por drenajes desbordados o fugas de agua. O sea, show.
El circo tuvo auge en el primer mes; luego llegó la realidad. El aparato de propaganda le sirvió para impresionar; luego enfrentó el reclamo social.
Le aplaudía la prensa adicta al billete, la fauna servil, los que se arreglan por una cuota mensual. Lo exaltaba la recua morenista en las redes y los ilusos que se deslumbran con el oropel. Así hasta que la carroza se convirtió en calabaza, los pajes en ratones y Ceniciento perdió la magia.
Afloró entonces el rostro descarnado y siniestro de Pedro Miguel Rosaldo. Echó a la calle a empleados del DIF municipal con 10, 20 y 30 años de servicio y exhibió soberbia señalando que habría que ver la naturaleza jurídica del sindicato que los aglutina. Está jodido el alcalde. La personalidad jurídica del sindicato del DIF se la concedió el Tribunal de Conciliación de Estado cuando le otorgó la toma de nota y validó su directiva por cinco años.
Embistió a empleadas de la Comisión Municipal de Agua y Saneamiento de Coatzacoalcos, enviando a la Policía Municipal para desalojarlas cuando su esbirro, Iván Méndez Tadeo, jefe de Recursos Humanos de CMAS, determinó el cese de la relación laboral. Las echó sin notificación formal.
Eso sí que es humanismo mexicano.
Fuera de la burbuja, Pedro Miguel Rosaldo no tiene empaque político. Lo rebasan los que padecen la falta de agua, colonias del poniente sin líquido por semanas, habitantes que protestan y alzan la voz, que toman avenida Universidad y lo obligan a dialogar.
Fuera de la burbuja, Rosaldo es el tiro al blanco del crimen organizado. Los cárteles se disputan la plaza, se amenazan, se matan, se descuartizan. Y todavía difunden el video de su sadismo, retratando cómo anda la violencia en Coatzacoalcos. Las hieleras con restos humanos son el rostro de la barbarie. Van 17 asesinatos en 100 días. Son los muertos de Pedro Miguel.
La masacre de la financiera colombiana con saldo de cuatro muertos, describe a un Coatzacoalcos sin ley. El incendio del restaurant El Calamar usando bombas molotov, retrata el terrorismo en el municipio que mal gobierna Pedro Miguel.
Fuera de la burbuja, Rosaldo encabeza un gobierno que repite los vicios de Amado y de Víctor Carranza, la danza de los moches.
Pedro Miguel es el títere consentido de Rocío Nahle. Es el administrador de los caprichos de la pandilla oficial. Apenas las colocó en la silla presidencial, ya estaba otorgando obra a los amigos de la zacatecana, construyendo el entramado de lo que será el saqueo de Coatzacoalcos de aquí a 2029.
La pantomima del superalcalde funcionó hasta que la realidad lo enfrentó. Comenzó a sentir la paliza que le arriman los que en las redes ya palparon que el tigre es de papel. Entonces perdió la sonrisa. Varió el tono. Frunció el ceño. Y las variables se fueron al diablo.
El bloqueo de calles, las marchas de colonos que demandan regularización, los vendedores ambulantes que Morena apostó en el centro y ahora los deja sin espacio de trabajo, el derrame de petróleo al que Pedro Miguel calificó como “un tema superficial” y el uso de la policía para amedrentar, pesan más que el burlesque de los cien cías en el Centro de Convenciones para conmemorar que, como dice la ley, se puso a trabajar.
Dentro de la burbuja, Pedro Miguel quisiera no ver la realidad. Pero la realidad ahí está.
METADATO
Elvis Ventura brinca a Morena. Es tan dado a los bandazos, que no extraña que el ex candidato de Movimiento Ciudadano a la alcaldía de Nanchital siga en la danza del chaqueteo.
Su proyecto con Morena está amarrado, imaginando que aquellos que lo siguieron y apostaron por él en 2025 lo harán de nuevo cuando intente ir por la presidencia municipal que ya tenía en la bolsa y a la que renunció por la amenaza pública de la desgobernadora de Veracruz, Norma Rocío Nahle García, de que la Fiscalía estatal iría por él por una noticia criminal, la mención que una célula de un supuesto cártel hizo implicándolo en actividades delictivas.
Elvis Ventura dejó la candidatura y traicionó a MC, pero no pudo impedir la victoria en las urnas, el voto de los nanchitecos que llevaron a José Luis Pérez Salinas, el candidato suplente, a la presidencia municipal. Y ahora, meses después, Elvis ya tiene listas las maletas para ingresar a Morena. Es otro Jesús Uribe. Los acusan de ser criminales y gustosos se mudan al partido de López Obrador…
Obras Públicas o la Cueva de Alí Babá. Pura paja, el discurso de honestidad de Pedro Miguel Rosaldo García. La pandilla que se instaló en la Dirección de Obras Públicas Municipales de Coatzacoalcos llegó para robar.
En el feudo del ingeniero Víctor Eduardo Romero Canela, director de Obras, los moches son el idioma oficial. Hay insiders que revelan el proyecto para pavimentar la calle Carolina Anaya, entre Madero y 5 de Mayo, en Villa Allende que “beneficia directamente al tal Canela”. Cuentan que tiene una propiedad ahí. Sacaron el proyecto engañando al alcalde Rosaldo y al director general de Obras Públicas, Orlando Solís y Solís.
Otro nombre: Anel Ivonne López, secretaria en Desarrollo Urbano, quien tiene el control total. Es recomendada del ex director de Obras, Arturo Delgadillo, aquel que salió disparado cuando le llovieron denuncias por múltiples casos de corrupción, que aquí se revelaron, durante el fallido cuatrienio de Amado Cruz Malpica. Ivonne lo mismo prepara los cafés y atiende a sus jefes que “opera para Romay y Sergio, el subdirector de Desarrollo Urbano” y no hay trámite que se agilice si no hay moche de por medio. Ivone López tiene la venia del alcalde. Esta es sólo una perla. Hay mucho más. Así que el discurso de la honestidad republicana del alcalde Pedro Miguel Rosaldo es pura paja y nada más…
Pablo Gustavo Sánchez Sánchez es pieza clave en el cártel inmobiliario de Coatzacoalcos. Es un aliado clave del juez civil Cristóbal Hernández Cruz, el autonombrado coordinador de los jueces de Coatzacoalcos, cargo que no existe, si acaso el parásito mayor del Poder Judicial. Pablo Sánchez, titular del Registro Público de la Propiedad, es que el secuestra escrituras y libros completos, dándole trámite o congelandolos, según sea la necesidad.
El nombre de Pablo Sánchez se halla en un expediente con el que el SAT integra información sobre propiedades por las que se obvió el pago de impuestos federales, amén de los estatales. Un ejemplo: una operación por la que el propietario de un inmueble debía pagar un millón de pesos, se arregló por 400 mil, y nada ingresó al erario.
Hay inscripciones en el Registro Público de la Propiedad que proceden de juicios inexistentes; sólo bastó una resolución tramposa del juez Cristóbal Hernández, el amigo del clan Quintanilla, o sea los esbirros de Rocío Nahle, para que el registrador Pablo Sánchez le dé entrada sin mayor objeción.
El cártel inmobiliario en Coatzacoalcos goza de cabal impunidad, con el visto bueno, o no, del secretario de Gobierno de Veracruz, Ricardo Ahued Bardahuil, el conserje de palacio. Si como dice Rocío Nahle, se investigará a fondo, tendrían que caer el juez Cristóbal Hernández, Pablo Sánchez, varios notarios, el abogado-pastor Emmanuel Alejandro Hernández Muñoz, el Clan Quintanilla y hasta José Luis Peña Peña, el marido de la gobernadora de Veracruz.
Si no, es sólo simulación… La historia de Sheyla Jara da para más. Sheyla, la víctima, siempre la víctima. Pero en el fondo, una historia de perversidad, ambición y deslealtad que Morena en Coatzacoalcos va a enfrentar. Pedro Miguel no se imagina lo que reclutó…
