
Marcha exhibe fracturas internas
Por Rebeca Solano
Lo que fue anunciada como una movilización nacional de fuerza política terminó convirtiéndose en un evento deslucido y con baja convocatoria en Chihuahua, generando —según versiones en círculos políticos— molestia dentro de la dirigencia de Morena.
De acuerdo con estas versiones, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo habría expresado inconformidad por los resultados de la convocatoria, que pretendía mostrar músculo territorial, pero terminó evidenciando problemas de organización y operación política.
El señalamiento interno, refieren fuentes, habría alcanzado a la secretaria de Bienestar, Ariadna Montiel Reyes, responsable de la estructura territorial del partido. A su vez, la presión habría descendido hacia liderazgos locales en Chihuahua, entre ellos Cruz Pérez Cuéllar y Andrea Chávez Treviño, además de legisladores y operadores políticos vinculados a la estructura de Bienestar.
El diagnóstico interno sería contundente: fallas en la movilización, retrasos de más de tres horas y una plaza que no logró llenarse, pese a tratarse de una convocatoria con respaldo partidista y recursos logísticos.
Asistentes reportaron desorganización, largas esperas bajo el sol y confusión sobre el objetivo del evento, lo que derivó en críticas incluso entre simpatizantes.
Analistas consideran que el episodio deja una señal política relevante: cuando la estructura funciona se nota, y cuando no, también. Más allá de cifras oficiales o narrativas posteriores, la imagen de una plaza semivacía impacta en la percepción interna y externa del movimiento.
En paralelo, sectores críticos han señalado que la movilización buscaba desviar la conversación pública de cuestionamientos hacia el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, tema que continúa generando debate en redes sociales y espacios políticos.
El episodio, coinciden observadores, abre una etapa de reproches internos y ajustes en la estrategia territorial del partido en el norte del país.
