
El partido imposible zapatista
Por Rebeca Solano
El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) convirtió el fútbol en una forma de protesta y expresión política. El 15 de marzo de 1999, un equipo integrado por indígenas zapatistas de Chiapas se enfrentó en la Ciudad de México a exseleccionados mexicanos del Mundial de 1986, en un encuentro que se transformó en un símbolo de resistencia y visibilidad.
Los jugadores del EZLN llegaron sin preparación profesional, algunos incluso estuvieron a punto de jugar con botas militares hasta que aficionados les prestaron tenis. Bajo la idea del Subcomandante Marcos de que lo importante no era vencer, sino participar y existir dentro de un sistema que históricamente los había excluido, los zapatistas perdieron el partido 5-3, aunque el resultado quedó en segundo plano.
El encuentro formó parte de una estrategia del movimiento para responder a las acusaciones y demostrar su presencia mediante actos culturales, consultas populares, educación comunitaria y proyectos autónomos en sus territorios.
Años más tarde, el EZLN soñó con disputar un encuentro contra el Inter de Milán, con un partido imaginado por Marcos donde Diego Armando Maradona sería árbitro y Eduardo Galeano junto con Mario Benedetti serían los narradores. Aunque el encuentro nunca se realizó, se convirtió en una representación de la imaginación política y cultural del zapatismo.
El EZLN surgió públicamente el 1 de enero de 1994 con un levantamiento armado en Chiapas, coincidiendo con la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), con demandas de autonomía, defensa del territorio y reconocimiento de los derechos de los pueblos originarios.
Para el movimiento zapatista, los partidos que nunca se jugaron también forman parte de su historia, porque, como su propia visión política sostiene, las utopías no siempre se alcanzan, pero mantienen vivo el camino de la lucha y la resistencia.
