
Por Raymundo Riva Palacio
El quite del visado de EU a López Beltrán generó una respuesta delirante y otro escenario de fricción con la Casa Blanca.
La cancelación de su visa a Estados Unidos, afirmó Andrés Manuel López Beltrán, es un ataque contra su padre, el expresidente Andrés Manuel López Obrador. Tiene razón. Andy López Beltrán no significa nada por sí mismo para Estados Unidos, pero por sangre, es la señal más clara que le ha enviado Washington al expresidente que si no llegan a él, para no provocar inestabilidad política en México, le irán cortando todas las partes de su cuerpo que le duelen.
La cancelación de la visa, revelada por el propio López Beltrán en una carta a Trump que publicó en X, que después retiró, no tiene explicación detrás sobre los motivos de la decisión, pero se inscribe en el marco de las declaraciones reiteradas en Washington de la complicidad de políticos de Morena con el crimen organizado.
Esta acción es un golpe directo al movimiento de la 4T que fundó López Obrador, que le había asignado a Andy ser el garante de su proyecto. Ahora esa bandera queda públicamente empapada por las olas de la nacopolítica, y coloca en una situación sumamente incómoda a la presidenta Claudia Sheinbaum, que ha buscado proteger a los cercanos de López Obrador señalados por sus vínculos con el crimen organizado.
Sheinbaum está exasperada de tener que cubrir a otro morenista acusado por Estados Unidos, el gobernador de Sinaloa con licencia, Rubén Rocha Moya, y de estar atenta de las acciones que pudiera tomar Estados Unidos en contra de los hijos de su mentor.
Hace poco más de mes y medio, instruyó al canciller Roberto Velasco que como prioridad estuviera atento a todo aquello que pudiera afectar a los López Beltrán. Los temores que hubiera una acción en contra de Andy, específicamente, habían estado presentes desde hace más de dos meses en Palenque, donde vive el expresidente, en donde se llegó a plantear la posibilidad de que fuera enviado a un país a donde los tentáculos de Estados Unidos no alcanzaran. Solo identificaron a dos: Rusia y China. Si esas consideraciones se reavivan ahora, podrá encontrar un santuario en alguno de esos países, pero el costo de esas naciones de acogerlo en el contexto actual, permite suponer que habrá una reflexión sobre si protégelo vale lo suficiente.
Andy López Beltrán no es una persona que se ayude mucho. De ser muy cercano a Sheinbaum, la relación se fue deteriorando aceleradamente durante estos dos primeros años de su presidencia por su falta de cuidado en esconder recursos económicos que no puede respaldar con ingresos legales. Pero la protección a él era para blindar a López Obrador y, no menos importante, evitar que le cayera su furia por no cuidarlos.
Sheinbaum no tiene todavía el poder dentro de Morena y la 4T para poder actuar con plena autonomía de López Obrador, pero también está convencida que si cede ante las presiones de Estados Unidos, como detener a Rocha Moya con fines de extradición, Washington pedirá más y más. Puede estar en lo correcto, pero ir por una ruta distinta, tampoco lo evitará.
La radicalización de Sheinbaum contra Estados Unidos no ha frenado las presiones no las exigencias que detenga y procese a políticos y empresarios con presuntos vínculos con el crimen organizado. Le ha ayudado, sin embargo, para atenuar a la izquierda radical de la 4T que quisiera un rompimiento con Estados Unidos y un realineamiento con Rusia y China. Si analizaran objetivamente la reacción que tuvieron las dos superpotencias en la intervención y Venezuela y el cerco a Cuba, podrían ver que sus intereses estratégicos no pasan por pelear con Estados Unidos abiertamente en América Latina.
Al anunciar la cancelación de su visa, Andy lo hizo en la forma de una carta dirigida a Trump con fecha del 13 de agosto. El texto es delirante. Dice que la cancelación fue resultado de una «canallada» del secretario de Estado, Marco Rubio, y del secretario de Estado adjunto, Christopher Landau, que terminó muy molesto con López Obrador al terminar su ciclo como embajador en el primer gobierno de Trump, por lo que le pide que los destituya.
No peca Andy de ingenuidad, sino de estupidez, que escala en su carta abierta exigiéndole a Trump que le diga si estaba enterado de esa acción y se pronuncie. Le pide que no vea su carta como un desafío pero que sería moralmente adecuado que le respondiera. Andy no entendió a su padre, que siempre decía que había que llevarse con Trump, y dejar los pleitos con sus subalternos. A López Obrador le funcionó en un mundo y una relación diferente.
Hoy por hoy,, la gran investigación de Estados Unidos en México es sobre la economía criminal alterna que construyó durante su gobierno, vinculado con la inteligencia cubana para el uso de los cárteles de la droga para el trasiego de fentanilo a Estados Unidos.
Coincidentemente, el mismo día que Andy reveló la cancelación de su visa, el secretario de Guerra estadounidense, Pete Hesgeth, dijo en Panamá que atacarían a los cárteles que trafican con fentanilo en tierra, sugiriendo que habría acciones contra los mexicanos, a los que se refirió, en su propio territorio. Las dos noticias son pésimas noticias para Sheinbaum.
Las dos noticias son pésimas noticias para Sheinbaum, quien reaccionó esta mañana con lo esperado: es una acción política de la derecha, y un injerencismo de Estados Unidos. Nada más, porque tampoco tiene mucho espacio para moverse. No hay respuesta aún de López Obrador desde Palenque o desde donde esté, pero en algún momento vendrá. De esto, no hay duda. De lo que venga de Washington, sus cartas, al menos, se siguen abriendo.
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