10 de septiembre de 2026

Huachicol fisca

Huachicol fiscal

Por Rebeca Solano

Durante décadas, el Fobaproa quedó instalado en la memoria colectiva como uno de los mayores agravios económicos de la historia reciente de México: una crisis financiera que terminó convirtiendo pérdidas privadas en una deuda pública que todavía pesa sobre las finanzas nacionales. Pero hay un fenómeno que amenaza con superar esa dimensión y que resulta mucho más difícil de dimensionar: el huachicol fiscal.

La diferencia es de fondo. El Fobaproa fue un rescate financiero extraordinario, ocurrido tras la crisis de 1994-1995 y posteriormente convertido en deuda pública. El huachicol fiscal, en cambio, opera como un sistema clandestino capaz de generar pérdidas todos los días, mediante contrabando, evasión tributaria y falsificación documental, con una presunta red de complicidades que atraviesa aduanas, empresas y estructuras de poder.

Una deuda registrada frente a un saqueo permanente

El costo inicial de las operaciones del Fobaproa se calculó en cientos de miles de millones de pesos, cifra que creció con los años por intereses y obligaciones acumuladas. Fue una decisión institucional: el Estado intervino para evitar el colapso del sistema financiero. Pero esa deuda quedó registrada, presupuestada y contabilizada.

El huachicol fiscal no tiene una deuda única que pueda seguirse año con año, sino un flujo permanente de dinero que debería llegar al Estado y que, mediante esquemas de contrabando y evasión, termina fuera de las arcas públicas.

No es solo gasolina: es capacidad fiscal robada

El esquema consiste, entre otras modalidades, en introducir combustibles al país mediante documentación que los presenta como aceites, lubricantes o aditivos, para evadir impuestos. La mercancía entra, se comercializa, y el Estado deja de recibir lo que legalmente le corresponde. Cada peso que no entra al erario es un peso menos para carreteras, hospitales, escuelas, seguridad e infraestructura.

El tamaño real, todavía una incógnita

México no tiene una cifra definitiva sobre el daño. Las estimaciones disponibles lo colocan entre decenas y cientos de miles de millones de pesos anuales: hay cálculos de 177 mil millones de pesos anuales y de 600 mil millones acumulados hasta 2024, mientras otras proyecciones elevan considerablemente la cifra.

Actores distintos, riesgo institucional mayor

En el rescate bancario de los noventa participaron instituciones financieras y autoridades dentro de un proceso institucional. El huachicol fiscal, en cambio, apunta a posibles redes donde confluirían contrabandistas, empresarios, intermediarios, operadores aduanales y funcionarios, cuya participación deberán determinar las investigaciones y procesos judiciales.

Menos deuda visible, más recaudación perdida

A diferencia del Fobaproa, que se tradujo en una obligación financiera pagable, el huachicol fiscal reduce la capacidad del gobierno para recaudar hoy: menos recaudación implica menos margen fiscal, mayor presión sobre otras fuentes de ingreso y, eventualmente, más deuda o menores recursos para inversión pública.

Un problema que ya no es solo económico

Mover cantidades extraordinarias de combustible requiere rutas, logística, documentación, almacenamiento y acceso a mercados, es decir, infraestructura. Cuando esa infraestructura consigue penetrar los mecanismos de control del Estado, el problema deja de ser solo económico y se convierte en un asunto de seguridad nacional, corrupción y gobernanza.

El texto concluye que, si las investigaciones confirman las estimaciones más altas, el huachicol fiscal podría pasar a la historia no solo como un caso más de corrupción, sino como uno de los mayores mecanismos de extracción ilegal de recursos públicos en la historia reciente del pfiscal