27 de febrero de 2026

AGN Veracruz

Por Silvia Núñez Hernández

A ver, Rosa María Hernández Eapejo. Vamos a hablar claro, porque la ciudad no está para espectáculos administrativos ni para ceremonias de tránsito maquilladas como “política pública” transformadora. Si el programa “1×1” en cruceros es lo más relevante que hoy tiene el Ayuntamiento de Veracruz para presumir en materia de movilidad, entonces el problema no es el esquema de alternancia vehicular: el problema es la ausencia de proyecto de ciudad verdadero.

Porque aquí nadie está discutiendo si el “1×1” puede ordenar un cruce conflictivo. Eso lo sabe cualquier delegado de Tránsito. Lo que se cuestiona es que se pretenda vender como gran estrategia estructural de movilidad urbana lo que, en términos técnicos, es una medida operativa básica. Eso no es visión de gobierno. Eso es administración menor.

Y entonces viene la pregunta que hasta ahora no tiene respuesta pública verificable: ¿dónde está el Plan Municipal de Desarrollo 2024–2027? La Ley de Planeación para el Desarrollo del Estado y los Municipios de Veracruz no es sugerencia, es obligación. El Ayuntamiento debe formularlo, aprobarlo en Cabildo y publicarlo íntegro. No en resumen. No en boletín. No en láminas de presentación. Íntegro. Con diagnóstico, ejes rectores, metas cuantificables, indicadores de desempeño, cronogramas, responsables y vinculación presupuestal.

Hasta donde puede verificarse en los portales oficiales, en transparencia municipal y en los instrumentos públicos accesibles, no aparece un Plan Municipal de Desarrollo completo, estructurado y técnicamente desarrollado como lo exige la normatividad. Lo que circula son versiones abreviadas, documentos genéricos sin metas medibles o ejercicios anteriores. Eso no es planeación estratégica. Eso es simulación administrativa.

Y lo mismo ocurre en Boca del Río. Tampoco es evidente la publicación íntegra y técnica del instrumento rector de gobierno como lo mandata la ley. Dos municipios metropolitanos, dos administraciones con discurso constante, y ningún documento robusto públicamente disponible que marque con claridad hacia dónde va la ciudad en los próximos tres años.

La movilidad urbana no se resuelve con fotografía y botargas. Se resuelve con estudios de aforo, rediseño geométrico de intersecciones, pavimentación con especificaciones técnicas, sincronización semafórica inteligente, ordenamiento del transporte público y presupuesto multianual ejecutado con transparencia. Eso cuesta planeación. Y la planeación se plasma en el Plan Municipal de Desarrollo.

Si el Plan existe, publíquenlo completo y sometanlo al escrutinio ciudadano. Que lo revisen los colegios de ingenieros, los urbanistas, los economistas, los expertos en desarrollo regional. Que la ciudadanía conozca metas concretas: cuántos kilómetros de pavimentación, con qué presupuesto, en qué colonias, bajo qué cronograma y con qué indicadores de evaluación. Porque gobernar no es anunciar; gobernar es planificar, ejecutar y rendir cuentas.

Y si no hay nada sólido todavía que presentar, entonces sería más prudente dejar las medidas operativas en manos del delegado de Tránsito y reservar la exposición pública para cuando haya algo estructural que decir. La ciudad no necesita actos para que se aplauda lo ordinario. Necesita resultados que transformen lo cotidiano.

Veracruz merece infraestructura durable, inversión con certeza jurídica, turismo proyectado con estrategia y combate real a la corrupción administrativa. No necesita que se eleve a rango de política de Estado lo que es simple regulación vehicular.

El “1×1” puede funcionar en un cruce. Pero no puede sustituir un plan de gobierno.

Y mientras ese plan no sea público, completo y técnicamente verificable, lo demás seguirá pareciendo lo que es: improvisación con micrófono.