30 de noviembre de 2025

Por Silvia Núñez Hernández

En redes sociales circula información que, de confirmarse, exhibiría uno de los movimientos internos más agresivos del actual gobierno. No son simples ajustes. No son relevos administrativos. Se trata de un reacomodo que revela la presión política que ya no puede ocultarse.

La versión señala que Omar García Harfuch dejaría la Secretaría de Seguridad para ser trasladado a Gobernación. Ese cambio, por sí solo, desmantela cualquier narrativa de estabilidad. Gobernación no es un premio: es el cuarto de control donde se contienen crisis, se negocian silencios y se gestionan daños. Quien va ahí no llega a lucirse; llega a operar. Si Sheinbaum decide colocar a Harfuch al frente de esa maquinaria, el mensaje es inequívoco: la administración requiere control político urgente, no discursos tranqulizadores.

En paralelo, se dice que el actual responsable de inteligencia financiera asumiría Seguridad. No es un ascenso; es una maniobra de contención. Llevar al músculo operativo a un perfil que domina el flujo de información financiera significa blindaje. Blindaje del dinero, blindaje de la narrativa, blindaje de los expedientes que nunca deben ver la luz. El binomio Harfuch–operador financiero no es accidental: es una arquitectura de defensa interna.

El rumor también incluye movimientos en tres áreas neurálgicas: Infonavit, Pemex y Agricultura. No hay lectura inocente para ese triple reemplazo. Cuando un gobierno cambia, casi de golpe, la dirección de sus finanzas sociales, su empresa energética más grande y el sector primario, no está “reordenando”. Está evitando que la estructura se le desplome. Tres sectores estratégicos removidos al mismo tiempo apuntan a un nivel de desgaste que solo se atiende cuando ya es imposible simular estabilidad.

La parte más áspera de lo que circula es la salida de Alejandro Gertz Manero. La versión señala que habría sido removido por filtrar temas que comprometen al círculo presidencial y exponen la red de intereses detrás del huachicol. El episodio del “Miss Universo huachicolero”, que escaló mediáticamente más de lo que el gobierno esperaba, habría provocado una crisis interna. Lo significativo no es la caída en sí, sino el castigo: enviarlo al extranjero. Un exilio disfrazado de retiro diplomático. Solo se expulsa al que sabe demasiado y resulta incontrolable.

En ese vacío, las filtraciones mencionan la llegada de Ernestina Godoy a la FGR, mientras que la asesoría jurídica sería ocupada por Arturo Zaldívar. Ambos son perfiles políticamente alineados, disciplinados y funcionales al proyecto presidencial. Con ellos al frente de la procuración penal y la arquitectura jurídica, el Estado envía una señal clara: la justicia queda subordinada a la lealtad política.

Si estos movimientos se materializan, el mensaje es simple y contundente: el gobierno no está calibrando su estructura, está intentando contener una fractura interna que ya no se puede negar. Ningún proyecto que se sabe fuerte reorganiza medio gabinete en silencio y en cascada. Eso solamente ocurre cuando el poder siente que el equilibrio se resquebraja.

Esta no es una historia de renovación. Es una historia de defensa. Y cuando un gobierno opera a la defensiva, la pregunta ya no es qué mueve las piezas, sino qué está a punto de colapsar detrás del telón.