25 de febrero de 2026

Alejandro Cossío Hernández / AGN Veracruz

Por Silvia Núñez Hernández

En los momentos más complejos es cuando se revela la verdadera estatura de una persona.

Alejandro Cossío Hernández no solo enfrenta un proceso médico que exige fortaleza, disciplina y serenidad; además, ha decidido permitir que su caso sea analizado con el mayor rigor científico en uno de los centros oncológicos más reconocidos del mundo. Ese acto, que podría parecer estrictamente clínico, tiene una dimensión humana y ética mucho más profunda.

Cuando un paciente autoriza estudios avanzados, pruebas moleculares especializadas y evaluaciones que incluso pueden formar parte de protocolos en desarrollo, está haciendo algo más que buscar alternativas terapéuticas: está contribuyendo al conocimiento médico. Está ayudando a que la ciencia avance. Está permitiendo que especialistas comprendan mejor enfermedades complejas y desarrollen estrategias que, mañana, podrán beneficiar a otros.

La medicina moderna se sostiene sobre personas valientes que, con plena conciencia, permiten que su experiencia sirva también para abrir caminos. No se trata de heroísmo estridente ni de gestos grandilocuentes. Se trata de generosidad silenciosa.

Alejandro ha demostrado esa generosidad.

En un contexto donde muchos podrían replegarse al miedo o a la incertidumbre, él ha optado por colaborar, por confiar en la investigación y por aportar, desde su propia circunstancia, al progreso científico. Esa decisión habla de carácter. Habla de responsabilidad social. Habla de una comprensión profunda de que la vida trasciende incluso en los momentos difíciles.

La historia de la ciencia está construida sobre datos, estudios y descubrimientos. Pero también —y sobre todo— está construida sobre personas.

Alejandro forma parte de esa historia.

Independientemente de los resultados médicos, su disposición ya constituye una contribución real. Porque cada muestra analizada, cada biomarcador estudiado, cada informe emitido, amplía el conocimiento colectivo. Y ese conocimiento salva vidas.

  • Hay dignidad en enfrentar.
  • Hay grandeza en colaborar.
  • Hay orgullo legítimo en saber que, aun en circunstancias adversas, se puede seguir aportando.

Alejandro Cossío Hernández puede —y debe— sentirse orgulloso de sí mismo.

No solo por su fortaleza personal, sino por su generosidad con la ciencia y con la vida.