3 de febrero de 2026

Por Silvia Núñez Hernández

Hay momentos en que un gobierno deja de disimular y enseña el verdadero rostro del poder: ese que no administra, sino que se defiende. 

Michoacán llegó a ese punto. Y Alfredo Ramírez Bedolla, arrinconado por un movimiento ciudadano que crece como incendio en noviembre, decidió activar la vieja maquinaria del sistema: crear sospecha, fabricar narrativa y preparar el terreno para criminalizar lo que no puede controlar.

LO QUE DICE BEDOLLA:

“Carlos Manzo dejó en quiebra técnica al Ayuntamiento de Uruapan.”

CONTRADISCURSO / ANÁLISIS:

La “quiebra técnica” es el condón político favorito de los gobernadores: lo usan para cubrir cualquier incompetencia propia mientras insinúan que el culpable es otro. Pero ese término no implica delito, no prueba corrupción, no acredita desvío. Es solo una condición contable que describe un desbalance, no una conducta criminal.

Bedolla lo sabe. Y aun así lo pronuncia con la intención de sembrar duda, de ensuciar un nombre que hoy se convirtió en símbolo para miles. Esto no es información: es un primer disparo discursivo.

Porque si realmente hubiera un daño patrimonial imputable, habría denunciado hace un año, no ahora que el movimiento del sombrero se le volvió un dolor de cabeza nacional. La sincronía no es coincidencia. Es cálculo.

LO QUE DICE BEDOLLA:

“La Auditoría Superior de Michoacán revisará las finanzas de la administración pasada.”

CONTRADISCURSO / ANÁLISIS:

Traducido al español ciudadano: “Vamos a buscar algo, lo que sea, para armarles un expediente.”

Cuando un gobierno quiere encubrir, las auditorías nunca encuentran nada. Cuando quiere perseguir, encuentran hasta el tic tac del reloj.

Aquí no buscan verdad: buscan pretextos.

Y ese es el paso uno del manual clásico para fabricar responsabilidades: lanzar auditorías hostiles con conclusiones ambiguas que luego puedan inflar como señalamientos penales. No están auditando a Manzo, están ensayando el garrote.

LO QUE DICE BEDOLLA:

“Es un tema que preocupa, pero ya está siendo atendido.”

CONTRADISCURSO / ANÁLISIS:

La palabra “atendido” es la máscara favorita del poder cuando lo que realmente quiere decir es “estamos operando políticamente”. Preocupa, sí… pero no por las finanzas municipales, sino porque el movimiento del sombrero creció sin pedir permiso, sin subordinación, sin lealtades a palacio.

En la lógica del gobierno, ningún liderazgo ciudadano debe ser más popular que la estructura partidista. Mucho menos cuando se vuelve referente moral para jóvenes, comunidades y sectores que la 4T ya no controla. Por eso Bedolla corre a “atender”: es su forma de **apagar incendios que él mismo alimenta**.

LO QUE DICE BEDOLLA:

“Se investigará si hubo irregularidades.”

CONTRADISCURSO / ANÁLISIS:

La frase esconde una intención: no hay pruebas, pero ya buscan quien les firme una acusación.

La “investigación” es el punto de partida para inflar errores administrativos como delitos dolosos, para reinterpretar trámites como actos ilícitos, para convertir una escasez presupuestal en “peculado”.

La peor parte: lo harán con prisa. Porque necesitan frenar el avance político de un movimiento que les está arrebatando el discurso, la calle y la narrativa.

Y LO QUE NO DICE BEDOLLA (PERO SE LE ESCUCHA):

Que esto no va de finanzas. Va de miedo. Miedo a un movimiento ciudadano que rompe el cerco, que conecta con la gente, que cruza generaciones y que, para colmo, tiene símbolo, estética y legitimidad propia.

La 4T lleva meses intentando cerrar filas, pero el país está fracturado y su narrativa envejeció. Entre la presidenta asustada detrás de muros, la zacatecana hundida en su propio lodo político y gobernadores que no pueden con la inseguridad… lo último que necesitan es un movimiento social que marque agenda.

Por eso Bedolla ahora apunta a Manzo. No por auditorías, no por cuentas, no por quiebra técnica.

Sino porque necesitan quitar del camino a quien hoy representa algo que a ellos ya no les pertenece: la voz ciudadana.

Y cuando un gobierno teme al pueblo, no gobierna: persigue.