26 de febrero de 2026

Sheinbaum pide investigar descarrilamiento, pero deslinda a hijo de AMLO

Por Rebeca Solano

La presidenta Claudia Sheinbaum aseguró que la Fiscalía General de la República (FGR) debe investigar a todas las personas relacionadas con el descarrilamiento del Tren Interoceánico, ocurrido en Oaxaca y que dejó un saldo de 14 personas muertas y casi 100 heridas.

Sin embargo, la mandataria se apresuró a deslindar públicamente a Gonzalo “Bobby” López Beltrán, hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador, al afirmar que no tuvo responsabilidad técnica ni operativa en la obra.

Según Sheinbaum, la participación de López Beltrán fue estrictamente honorífica, y en ningún momento implicó revisiones de ingeniería, supervisión de obra o toma de decisiones técnicas.

“Él no era técnico, no supervisaba la obra. Si hubo una falla técnica, eso corresponde a los ingenieros”, sostuvo la presidenta.

La jefa del Ejecutivo explicó que el papel de Bobby López Beltrán se limitaba a “cuidar que se cumplieran los plazos”, sin atribuciones para autorizar materiales, validar procesos constructivos o intervenir en aspectos de seguridad ferroviaria.

Sheinbaum también señaló que no existe necesidad de acusaciones directas, ya que la carpeta de investigación se abre de manera automática por tratarse de un accidente con víctimas mortales.

No obstante, la versión presidencial no ha logrado disipar la polémica. De acuerdo con encuestas recientes, más de la mitad de la población sigue considerando a Bobby López Beltrán como responsable, al menos políticamente, del desastre ferroviario.

El Partido Acción Nacional (PAN) presentó ya una denuncia formal ante la FGR en su contra por homicidio culposo, corrupción y omisión, mientras que figuras de la oposición, como Xóchitl Gálvez, han exigido que la investigación se realice “caiga quien caiga”, incluyendo a familiares del poder.

Aunque Sheinbaum insiste en que “no hizo nada técnico”, críticos y ciudadanos responden que la presencia en un proyecto de esta magnitud implica algún grado de responsabilidad, especialmente cuando el resultado fue una tragedia humana.

Lo único en lo que existe consenso es que hay víctimas mortales, familias afectadas y una exigencia social de verdad y justicia.

El Tren Interoceánico, concebido como símbolo de conectividad y desarrollo, quedó marcado por el descarrilamiento, y ahora enfrenta cuestionamientos sobre encubrimiento, responsabilidades políticas y quién asumirá el costo jurídico y político de una de las tragedias ferroviarias más graves del sexenio.