
El maharajá que desafió al Imperio Británico para salvar a 740 niños polacos
Por Rebeca Solano
En 1942, en plena Segunda Guerra Mundial, un barco oxidado cruzaba el océano Índico sin rumbo claro. No transportaba soldados ni armas, sino 740 niños polacos, huérfanos que habían sobrevivido a los campos de trabajo soviéticos, al hambre, al frío y a la muerte de sus padres.
Tras escapar hacia Irán, los menores buscaron refugio en distintos puertos a lo largo de la costa de la India. Sin embargo, uno tras otro, recibieron la misma respuesta: negativa para desembarcar. Bajo dominio del Imperio Británico, las autoridades argumentaron que no era su responsabilidad.
Con el paso de los días, la comida comenzó a escasear, el agua fue racionada y las medicinas se agotaron. La esperanza de los niños —que ya habían sobrevivido a lo inimaginable— volvió a ponerse en riesgo.
La situación cambió cuando la noticia llegó al palacio de Nawanagar, en la actual región de Gujarat. El gobernante local, Jam Sahib Digvijay Singhji, recibió el informe: setecientos cuarenta niños polacos permanecían varados en el mar porque los británicos no permitían su desembarco.
A pesar de estar bajo control colonial y carecer de poder real sobre los puertos, el maharajá tomó una decisión que desafiaría al imperio más grande del mundo.
“Los británicos pueden controlar nuestros puertos, pero no pueden controlar mi conciencia”, habría señalado ante sus consejeros, consciente de las posibles consecuencias políticas.
En agosto de 1942, el barco finalmente recibió autorización para atracar en territorio bajo su protección. Los niños descendieron debilitados y desconfiados, pero fueron recibidos con hospitalidad. El maharajá no solo les ofreció refugio, sino que dispuso la creación de un campamento especial en Balachadi, donde se les proporcionó alimento, educación y atención médica.
Testimonios históricos relatan que, al recibirlos, el gobernante se dirigió a ellos con palabras que marcaron el momento: “Desde hoy, ustedes son mis hijos”.
La acción de Jam Sahib Digvijay Singhji quedó registrada como uno de los gestos humanitarios más significativos de la guerra. Décadas después, sobrevivientes y el gobierno de
