10 de mayo de 2026

AGN Veracruz

Por Carlos Anaya Moreno

Que todos los políticos son iguales. Que participar no sirve de nada. Que lo mejor era “dedicarse a lo suyo” y dejar que otros decidieran. Y así, poco a poco, millones de personas dejaron de creer en la política.

El problema es que cuando la gente buena abandona la política, alguien más ocupa el espacio. Y normalmente no lo hacen quienes buscan el bien común, sino quienes entienden el poder como negocio, espectáculo o herramienta de control.

Por eso resulta tan provocadora la idea del “Cuaderno Encantar la Política” fruto de las reflexiones de la Red Eclesial Justicia y Paz en la Patria Grande, porque plantea algo que, en medio del cinismo actual, parece casi revolucionario: recuperar la política como una forma de amor social.

Sí, amor. Una palabra que casi nunca aparece en debates públicos, campañas electorales o mesas de análisis político. Hoy hablamos de encuestas, algoritmos, polarización, likes y guerras digitales. Pero casi nadie habla de solidaridaddignidad humana o bien común. Y quizá ahí está el verdadero problema.

Nos acostumbramos a una política sin alma
La política dejó de tocar el corazón de la gente porque se volvió una competencia permanente de egos. Todo es confrontación. Todo es destruir al adversario. Todo es ganar la narrativa del día.

Mientras tanto, afuera de las redes sociales y los estudios de televisión, millones de personas siguen viviendo con miedo, pobreza, violencia o desesperanza. La tragedia es que nos acostumbramos a eso.

Nos acostumbramos a la corrupción, a salarios que no alcanzan, a jóvenes sin futuro y a la violencia cotidiana. Y cuando una sociedad se acostumbra al sufrimiento ajeno, algo muy profundo empieza a romperse.

Por eso tiene tanta fuerza la advertencia de León XIV sobre la “dictadura de una economía que mata”, al señalar que “mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz” (León XIV, 2025, n. 93).

Y añade: “Se instaura una nueva tiranía invisible, a veces virtual, que impone, de forma unilateral e implacable, sus leyes y sus reglas” (León XIV, 2025, n. 93).

Cuando el dinero vale más que las personas, la política deja de servir al pueblo y comienza a servir al mercado.

El verdadero problema no es económico: es moral
Muchas veces creemos que la crisis actual es solamente económica o política. Pero en realidad es una crisis humana. El problema no es únicamente cuánto produce un país, sino para quién produce.

No basta presumir crecimiento económico cuando millones siguen excluidos. No basta hablar de inversiones si la riqueza termina concentrándose en unos cuantos. La política perdió credibilidad porque demasiadas veces dejó de mirar a las personas.

La Constitución pastoral Gaudium et Spes recuerda que el bien común consiste en “la suma de aquellas condiciones de la vida social que permiten a los hombres, las familias y las asociaciones alcanzar su propia perfección de la manera más plena y fácil” (Concilio Vaticano II, 1965, n. 74).

Es decir: una sociedad justa no se mide solamente por su riqueza, sino por su capacidad de permitir una vida digna para todos.

La política sí puede ser una forma de amor
Suena raro decirlo en estos tiempos, pero quizá necesitamos volver a entender la política como servicio.

Francisco lo explicó de forma brillante en Fratelli Tutti: “Si alguien ayuda a un anciano a cruzar un río, y eso es exquisita caridad, el político le construye un puente, y eso también es caridad” (Francisco, 2020, n. 186).

Ahí está la diferencia entre la ayuda individual y la justicia social. Una persona puede ayudar a otra con comida un día. Pero una buena política pública puede generar empleo, educación, salud o vivienda para millones. Por eso la política importa tanto, porque tiene la capacidad de transformar estructuras completas.

Francisco insiste además en que “el gran objetivo debería ser siempre permitirles una vida digna a través del trabajo” (Francisco, 2020, n. 162).

El problema es que durante mucho tiempo dejamos que la política fuera secuestrada por intereses económicos o grupos de poder que la usan para enriquecerse. Y entonces la gente terminó alejándose todavía más.

Escuchar a quienes nadie escucha
Hay otra idea muy poderosa en esta reflexión: la realidad se entiende mejor desde los márgenes. No desde las oficinas más lujosas ni desde las élites financieras. Los pobres y excluidos muchas veces entienden mejor lo que está roto en una sociedad porque lo viven todos los días.

León XIV lo expresa así: “La realidad se ve mejor desde los márgenes y los pobres son sujetos de una inteligencia específica” (León XIV, 2025, n. 82).

Por eso una democracia sana necesita escuchar más y gritar menos. Hoy parece que todos hablan, pero casi nadie escucha. Escuchar implica reconocer que detrás de cada cifra hay personas reales. Y quizá eso sea lo más urgente que necesita la política contemporánea: volver a mirar rostros humanos en lugar de solamente números.

La desigualdad no es normal
Uno de los mayores problemas de nuestro tiempo es que la desigualdad comenzó a verse como algo inevitable.

Pero no lo es.

El Catecismo de la Iglesia Católica advierte que “las excesivas desigualdades económicas y sociales […] resultan escandalosas y se oponen a la justicia social, a la equidad, a la dignidad de la persona humana y también a la paz social e internacional” (Iglesia Católica, 1997, n. 1938).

Es una afirmación durísima, porque significa que una economía donde unos pocos acumulan enormes riquezas mientras millones sobreviven en precariedad no sólo es ineficiente: es moralmente inaceptable.

Por eso Francisco denunciaba en Evangelii Gaudium que “esa economía mata” (Francisco, 2013, n. 53).

Volver a creer
Tal vez el problema más grave no es la corrupción, ni la polarización, ni siquiera la desigualdad. Tal vez el problema más peligroso es que mucha gente dejó de creer que las cosas puedan cambiar. Y cuando una sociedad pierde la esperanza, se vuelve presa fácil del autoritarismo, del populismo, del odio o de la indiferencia.

Por eso “Encantar la Política” no significa romantizar el poder. Significa devolverle sentido. Recordar que la política debería servir para organizar la convivencia humana, proteger la dignidad y construir futuro compartido. No para dividir permanentemente a la sociedad. No para convertir al adversario en enemigo.

El Documento Final del Sínodo sobre la Sinodalidad recuerda que “la primera tarea de los laicos […] es impregnar y transformar las realidades temporales con el espíritu del Evangelio” (Sínodo de los Obispos, 2024, n. 66).

Porque al final, una democracia no se destruye solamente cuando desaparecen las elecciones. También se destruye cuando desaparece la confianza entre las personas. Y quizá por eso hoy necesitamos menos propaganda y más humanidad. Menos gritos y más escucha. Menos cinismo y más responsabilidad.

Porque la política no está muerta. Simplemente dejamos de exigirle grandeza.

Les invito a ver el video de “Laicos en la Vida Pública” sobre este tema:

Referencias
CELAM. (2007). Documento conclusivo de Aparecida: V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe. Consejo Episcopal Latinoamericano. documento-de-aparecida.pdf
Concilio Vaticano II. (1965). Gaudium et Spes: Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual. Libreria Editrice Vaticana. Gaudium et spes
Francisco. (2013). Evangelii Gaudium: Exhortación apostólica sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual. Libreria Editrice Vaticana.
Evangelii Gaudium: Exhortación Apostólica sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual (24 de noviembre de 2013)
Francisco. (2015). Laudato Si’: Carta encíclica sobre el cuidado de la casa común. Libreria Editrice Vaticana. Laudato si’ (24 de mayo de 2015)
Francisco. (2020). Fratelli Tutti: Carta encíclica sobre la fraternidad y la amistad social. Libreria Editrice Vaticana. Fratelli tutti (3 de octubre de 2020)
Francisco. (2024). Dilexit Nos: Carta encíclica sobre el amor humano y divino del Corazón de Jesucristo. Libreria Editrice Vaticana. Dilexit nos (24 de octubre de 2024)
Iglesia Católica. (1997). Catecismo de la Iglesia Católica. Libreria Editrice Vaticana. Catecismo de la Iglesia Católica, Índice general
León XIV. (2025). Dilexi Te: Exhortación apostólica. Libreria Editrice Vaticana.
Exhortación Apostólica Dilexi te del Santo Padre León XIV sobre el amor hacia los pobres (4 de octubre de 2025)
León XIV. (2025, 18 de mayo). Homilía en la Santa Misa de inicio del ministerio petrino. Libreria Editrice Vaticana.
V Domingo de Pascua – Celebración Eucarística por el inicio del ministerio petrino del obispo de Roma León XIV (18 de mayo de 2025)
León XIV. (2025, 21 de junio). Mensaje en el Jubileo de los Gobernantes. Libreria Editrice Vaticana.
A los participantes en el Jubileo de los Gobernantes (21 de junio de 2025)
Red Eclesial Justicia y Paz en la Patria Grande (2026). Cuaderno Encantar la Política.
260506 Cuaderno Encantar la Política – Red Eclesial Justicia y Paz en la Patria Grande.pdf – Google Drive
Sínodo de los Obispos. (2024). Documento final del Sínodo sobre la sinodalidad. Libreria Editrice Vaticana. ESP—Documento-finale.pdf