
Por Cecilio García Cruz / Jesús Te Ampare
La soberanía de México no está en riesgo por lo que viene de fuera. Está acosado por lo que crece dentro.
Es decir, no es el poderoso Donald Trump quien hostiga al poder nacional.
La diputada y doctora en historia y política española, Cayetana Álvarez de Toledo, evidencia que son tres los flagelos internos y corrosivos que amenazan la soberanía.
1.- El crimen organizado.
No es solo violencia. Es un Estado paralelo. Cobra impuestos que llama “derecho de piso”. Impone toques de queda que califica como “plazas”. Decide quién siembra, quién vende, quién vive. Cada vez que un alcalde se arrodilla, cada vez que un fiscal voltea a otro lado, perdemos un pedazo de territorio.
No hay soberanía donde el monopolio de la fuerza lo tiene una camioneta con hombres armados. El crimen no quiere gobernar el país. Le basta con ser el dueño del país.
2.- El populismo autoritario.
Llega hablando de pueblo y termina hablando solo él. Reparten culpas, no soluciones. Cambian leyes para no cambiar resultados. Desmantelan contrapesos porque les estorba la crítica. Usan la pobreza como clientela electoral y la esperanza como moneda de cambio.
El populista no fortalece la nación: la debilita para hacerla dependiente de su figura. Cuando un hombre es más grande que las instituciones, la República se hace pequeña. Y una República pequeña no es soberana: es súbdita.
3.- La mentalidad de dependencia.
Es el más peligroso porque no usa armas ni decretos. Vive en la cabeza. Es la idea de que el gobierno debe resolverlo todo, de que el mérito no importa, de que basta con estirar la mano.
Una nación que renuncia a producir, a competir, a exigir, termina renunciando a decidir. La dádiva compra el día y vende el futuro.
Ningún país es libre si su gente cree que su destino depende de lo que otro le quiera dar.
¿Dónde se unen los tres?
El crimen ocupa el vacío que deja el Estado. El populismo usa al crimen como pretexto para concentrar poder. Y la dependencia crea ciudadanos que prefieren callar con tal de no perder la “limosna”. Es un círculo que nos encierra.
¿Cómo se rompe?
Con Estado de Derecho real: que la ley se aplique al narco, al político, a todos.
Con instituciones fuertes: que resistan un mal gobierno sin desmoronarse.
Con ciudadanía adulta: que exija trabajo, nodonativos. Que vote por planes, no por mesías. Que entienda que la soberanía no se grita en el zócalo. Se ejerce en la casilla, en la escuela, en la empresa, en la calle.
México no necesita salvadores. Necesita mexicanos libres.
Porque un pueblo que se gobierna solo no tiene dueño. Y un pueblo sin dueño es un pueblo soberano.
