21 de julio de 2026

Por Antulio Ficachi

 

Si algo le faltaba al discurso de la “austeridad republicana” era ver un avión de la Sedena posando para la foto en los hangares de Nueva York.

Cuentan que en Palacio Nacional prefirieron el confort del cobijo verde olivo antes que arriesgarse a las mundanas turbulencias meteorológicas y las demoras de la aviación comercial.

Vaya paradoja del segundo piso de la transformación: el purismo franciscano siempre encuentra un viento a favor y una aeronave militar disponible cuando la invitación lleva la firma de Donald Trump y el boleto es para la final de la Copa del Mundo.

Por más que el guion oficial insista en que el vuelo exprés de este fin de semana fue una muestra de “buena coordinación” trilateral, los analistas de colmillo retorcido ven otra cosa. Sostienen que a la revisión del T-MEC no se llega pidiendo disculpas por el clima ni perdiendo el boleto.

El verdadero partido de Claudia Sheinbaum no se jugó en las gradas del MetLife Stadium -donde España levantó la copa en tiempos extra ante una Argentina huérfana de ataque-, sino en el calentamiento para la durísima encerrona de esta semana en la CDMX con el representante comercial de EU, Jamieson Greer.

Con el acero, los autos y el agro en la cancha, a ver de a cómo nos toca el tiro penal.

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Desde las cálidas tierras de Baja California, a la gobernadora Marina del Pilar Ávila le tocó salir a marchas forzadas y con la espada desenvainada en redes sociales. Todo para jurar y perjurar que sus espinosas llamadas telefónicas con “gestores” para recuperar su visa estadounidense jamás vulneraron la soberanía nacional.

¡Ah, que alivio! Dice la mandataria morenista que fue víctima de un vil “engaño” por parte de vivales que le prometían el milagro migratorio y niega en redondo haber pisado Panamá para reuniones clandestinas. Sin embargo, en el círculo rojo fronterizo la duda que flota es otra: si a la gobernadora la marean y la chamaquean tan fácil unos presuntos orientadores telefónicos, ¿qué garantías hay con los contratos y proveedores que firman en su administración estatal?

Es pregunta sin pasaporte.

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Quien de plano cambió el aire de la frontera por el frío y los muros del penal del Altiplano fue el exgobernador Ernesto Ruffo Appel. Quién lo diría: el histórico pionero de la alternancia y el primer gran rostro del éxito panista terminó convertido en el huésped más sonado de Almoloya bajo cargos de delincuencia organizada y “huachicol” fiscal.

La FGR le asestó un golpe demoledor con casi un centenar de datos de prueba por presunto contrabando e importación irregular de hidrocarburos. Aunque la defensa ya pidió la duplicidad del término para ganar oxígeno, el mensaje político quedó clarísimo.

El hombre que abrió la puerta democrática en el norte hoy comparte código postal penal con capos de alto calibre. Para que vean que en los tiempos que corren, el pasado no perdona; se cobra con intereses, sobretodo cuando se trata de cubrir a las chicas y los chicos malos de su bando.

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Y mientras la alta burocracia vuela en jets de las Fuerzas Armadas y los gobernadores aclaran sus agendas migratorias, en la realidad de a pie no hay nada que festejar. En Xalapa, los beneficiarios de Jóvenes Construyendo el Futuro ya perdieron la paciencia tras acumular hasta tres meses de retraso en sus apoyos.

Los muchachos amagan con cierres carreteros porque el “futuro” prometido no paga la renta ni el camión. Lo kafkiano del asunto es que en las oficinas de Torre Olmo la brillante respuesta oficial fue pedirles que aguanten vara y sigan trabajando “de a gratis” con la promesa de regularizarlos en agosto.

Con justa razón la Arquidiócesis de Xalapa lanzó un enérgico llamado a sacudirse la apatía ciudadana. Y es que cuando el gobierno te exige lealtad ciega a cambio de abonos diferidos, lo único que queda por construir es la pura y llana resignación.