2 de junio de 2026

Por Antulio Ficacchi

En Morena pensaron que el discurso dominical de Claudia Sheinbaum sobre la soberanía nacional serviría como extintor político, pero terminó funcionando como gasolina.

La presidenta salió a responder a Donald Trump y a defender la posición mexicana frente a las acusaciones de narcopolítica. El problema es que mientras en Palacio Nacional piden pruebas, en Nueva York están hablando de expedientes.

Ayer, la jueza Katherine Polk Failla informó que existe “abundante evidencia” en el caso contra Gerardo Mérida Sánchez, exsecretario de Seguridad de Sinaloa en el gobierno de Rubén Rocha Moya. Tan abundante, dijo, que la Fiscalía necesitará dos meses para ordenar el material antes de entregarlo a la defensa.

No pidan más pruebas, apenas están abriendo las cajas.

Por eso no pocos morenistas han bajado el volumen. Algunos dejaron de ofrecer conferencias, otros prefieren pasar desapercibidos y unos más descubrieron que “no hay que perder la oportunidad de quedarse callado“, como aconsejaba el filosofo político veracruzano Jesús Reyes Heroles.

Y es que la entrega voluntaria de Mérida en Arizona no parece un acto de turismo judicial. En los tribunales estadounidenses las reducciones de pena suelen tener un precio: información.

Si el exfuncionario decide colaborar, la pregunta no es si hablará, sino de qué y quién hablará.

Por lo pronto, en la frontera norte encendieron un ventilador industrial y, según cuentan, las aspas vienen cargadas… de estiércol. Más de uno en la política nacional comenzó a buscar paraguas, aunque el problema no sea la lluvia.

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Hablando de injerencias y traiciones, la presidenta Claudia Sheinbaum parece empeñada en hundirse sola en sus propias arenas movedizas. Entre más explica, más se complica.

En su arenga dominical denunció supuestas injerencias de Estados Unidos; un día después aclaró que sus críticas no estaban dirigidas contra Donald Trump, pero al mismo tiempo cuestionó el proceso electoral en Colombia. Sería útil que desde Palacio explicaran dónde termina la solidaridad internacional y dónde comienza la injerencia que tanto denuncian.

La respuesta llegó por la vía diplomática. Sin entrar en la confrontación, el embajador Ronald Johnson recordó que la lucha contra los cárteles debe unir a México y Estados Unidos, no convertirse en una disputa política. Dicho con claridad, menos discursos, menos victimización y más resultados.

Washington parece enviar un mensaje que debería retumbar en los muros de Palacio Nacional y encontrar eco hasta el rancho La Chingada: la cooperación no se construye con mítines ni consignas.

El problema es que en Morena sólo están ocupados por controlar la narrativa y no atienden las señales de poder que envía EU.

En México el debate público se consume con festivales y distractores y los grupos criminales siguen siendo los únicos que no necesitan tomar el micrófono para imponer su agenda.

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Soplan malos vientos. Las remesas mandaron otra mala señal.

Bajaron de 5 mil 500 a 4 mil 978 millones de dólares entre marzo y abril. Banxico aclara que en términos anuales todavía hay crecimiento. El problema es que la economía parece depender más de los mexicanos que trabajan fuera que de las inversiones que deberían llegar dentro.

Los migrantes siguen sosteniendo una parte importante del consumo nacional. Son algo así como el programa económico más constante de los últimos gobiernos.

Vaya paradoja. Millones cruzan la frontera para buscar oportunidades y aquí se presume que todo marcha bien.

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En Coparmex hicieron cuentas y los números no coinciden con los rollos discursivos.

Hay menos empleos registrados, menor expectativa de crecimiento, inflación persistente y combustibles caros. El organismo empresarial sostiene que esos ingredientes no suelen atraer inversiones.

Pero quizá los empresarios no entienden la fórmula política: hay que maquillar el discurso y multiplicar las genuflexiones en los pasillos del poder.

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En el Veracruz que la propaganda gubernamental vende como destino de moda, surgió un dato que no figuró en los anuncios de Rocío Nahle.

El estado acumula 50 casos de miasis por gusano barrenador y ocupa el segundo lugar nacional.

La mosca deposita huevos, las larvas consumen tejido vivo y los médicos recomiendan atender heridas a tiempo.

En términos políticos, la metáfora no llegó sola, cayó madura. Observando a Rodrigo Calderón e Igor Rojí al frente de Agropecuario y Turismo, hay quienes piensan que el gusano barrenador no es la única plaga que anda haciendo de las suyas en Veracruz.

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Por si faltaba algo, Veracruz sigue entre los primeros lugares nacionales de dengue, casi al mismo ritmo de permanencia política que cierto diputado local ha sobrevivido a los cambios de clima.

Es cierto que los contagios bajaron respecto al año pasado. También lo es que la entidad permanece en el cuarto lugar nacional, demostrando que algunas presencias disminuyen, pero no desaparecen.

El mosquito, como el bautismal legislador, no distingue colores partidistas. Pica parejo. Aunque conviene recordar que durante años encontró refugio entre el verde esmeralda y las válvulas cerradas, antes de aparecer con credencial renovada, discurso actualizado y expediente recién fumigado.

Al menos el dengue deja síntomas visibles. En política, hay metamorfosis tan completas que parecen borrar archivos, fotografías y hasta antiguos negocios.

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Donde sí hubo unanimidad fue en el PAN estatal.

Sólo una planilla se registró para renovar la dirigencia y todo apunta a que Ana Cristina Ledezma se convertirá en la primera mujer en encabezar el partido en Veracruz.

Los inconformes acudieron a tribunales alegando exclusión.

La dirigencia responde que todo está dentro de los estatutos.

En el PAN, la democracia interna funciona perfectamente, siempre que todos estén de acuerdo. No por nada Napoleón decía que “toda unanimidad es sospechosa”. Y en el PAN veracruzano la sospecha obtuvo carro completo.

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En Xalapa hubo una noticia menos complicada.

La Parroquia, la consolidada por Abel Torres, no la de Ballesteros & Co., llegó a los 70 años recordando que la tradición no se hereda en actas constitutivas.

En sus mesas han sobrevivido gobernadores, alcaldes, dirigentes, campañas electorales, crisis económicas y promesas de amor y cambio.

Quizá por eso sigue siendo uno de los pocos lugares donde el café llega puntualmente.

Lo demás, no siempre.