
Cobro de piso y silencio oficial: ¿estrategia de control del Estado?
Por Redacción
México enfrenta una expansión alarmante del cobro de piso, un delito que dejó de ser un fenómeno aislado para convertirse en una realidad cotidiana en ciudades, colonias y corredores comerciales del país. Mientras negocios cierran, empleos se pierden y el miedo se normaliza, la respuesta oficial se limita a una consigna repetida: “denuncien”.
Desde una reflexión pública, Chillons Reyes advierte que México avanza, paso a paso, hacia un escenario similar al de Cuba, donde el miedo, la dependencia del Estado y la desaparición de la iniciativa privada marcaron el rumbo del país.
El problema, señala, no es solo la existencia del cobro de piso, sino la inacción del gobierno y la desconfianza absoluta en las instituciones. Denunciar, afirma, implica exponerse ante fiscalías que no reciben denuncias, las filtran o convierten a la víctima en objetivo.
Uno de los casos más emblemáticos fue el del restaurante “El Compa Moy” en Ensenada, Baja California, que cerró tras sufrir extorsión. Su dueño denunció públicamente en redes sociales porque no confió en las autoridades. “Hoy mis sueños han sido arrebatados”, dijo. La respuesta presidencial fue: “Que denuncie al 911”, una frase que para muchos evidenció desconexión con la realidad.
El fenómeno no se detuvo ahí. OXXO anunció el cierre de todas sus tiendas en Río Bravo, Tamaulipas, por presunto cobro de piso. En Mexicali, comerciantes prefieren callar por miedo, conscientes de que los grupos criminales operan con total impunidad.
¿Por qué el gobierno no actúa?
La pregunta central es inevitable: ¿por qué el Estado no frena el cobro de piso? Reyes sostiene que, sin afirmar tener la verdad absoluta, existen hilos conductores claros. Según testimonios recogidos por él, desde el inicio del actual gobierno se ordenó recaudar dinero “como fuera”, incluso fuera de la legalidad, una instrucción que —afirma— provino desde las entrañas del sistema.
En ese contexto, plantea una tesis ideológica: el avance hacia un modelo socialista extremo que derive en comunismo, donde el Estado controla la economía, la propiedad y las decisiones, y el ciudadano deja de ser dueño de lo que construye.
“No quieren empresas libres, quieren dependencia”, advierte.
Desde esa lógica, el cobro de piso no sería solo un delito tolerado, sino un mensaje de disciplinamiento económico, una forma de debilitar a pequeños y medianos negocios, obligándolos a cerrar o a depender del gobierno para sobrevivir.
Aunque también se extorsiona a grandes empresarios, señala que ese cobro llega directamente desde el poder político, mediante “invitaciones” a financiar proyectos oficiales bajo presión. El objetivo no sería el dinero, sino el control.
Advertencia histórica
Reyes recuerda que Cuba nunca imaginó convertirse en lo que es hoy. El proceso comenzó con señales pequeñas, miedo creciente y negocios cerrando uno tras otro, hasta que la iniciativa privada desapareció.
Finalmente, lanza un mensaje clave:
La verdadera barrera contra cualquier proyecto basado en control y miedo es el mexicano trabajador, el que no se rinde, el que no espera que el gobierno le resuelva la vida.
Ahí —concluye— está la verdadera esperanza de México.
